EL LÍBANO. No de manera oportuna, sino oportunista, un encorbatado Macron visita Beirut

No ha llegado envuelto en un bombacho, con pala y carretilla para retirar los escombros que generó la fuerte explosión en la ciudad de Beirut. Más bien lo que está haciendo es estorbar a quienes sí realizan tan imprescindibles trabajos.

El presidente Emmanuel Macron ha visitado la capital de El Líbano vestido con buen traje, camisa blanca y corbata. Por supuesto, también con unas cuantas cámaras de televisión, periodistas y fotógrafos para que inmortalizaran e hicieran llegar a todo el mundo su “gran obra humanitaria”. Vamos, que de viaje espontáneo y altruista nada de nada.

El presidente del Estado francés, Emmanuel Macron, el mismo que tiene a una buena cantidad de sus gobernados en condiciones de vida absolutamente precarias, se ha ofrecido hoy jueves a “organizar la ayuda internacional” para El Líbano en la visita a Beirut tres días después de la devastadora explosión en el puerto de la ciudad, que ha causado al menos 137 muertos, más de 5.000 heridos y grandes destrozos en varios barrios.

Macron, que ha sido recibido en el aeropuerto internacional de Beirut por el presidente libanés, Michel Aoun, ha expresado: “Ayudaremos a organizar en los próximos días apoyos adicionales en el ámbito francés, en el ámbito europeo”.

Según se ha informado, Francia, al igual que otros países, ya ha enviado personal de rescate y de primeros auxilios y medicamentos a la capital del país. El Gobierno libanés ha admitido que su capacidad para afrontar las consecuencias de la catástrofe sin ayuda exterior es “muy limitada”, mientras voluntarios y equipos de rescate continúan buscando desaparecidos entre el caos y los escombros de la amplia zona afectada por el estallido del martes, y hospitales saturados por meses de pandemia de covid-19 atienden a miles de heridos.

Está por ver el alcance real de la ayuda del Gobierno francés, en particular, y el de la «ayuda» internacional «humanitaria» en general. A nadie se le escapa que tan «humanistas» individuos suelen tener la perversa costumbre de ofrecer la «ayuda» con una mano para recoger las ganancias que genera su «bondad» justo con la otra.

 

 

 

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