El independentismo catalán en su laberinto; si no se esfuerzan en salir de él, la victoria siempre será del Estado

Nada es más deseable que la victoria del movimiento independentista contra la imposición usurpadora y prepotente del Estado español. Y lo es (lo debería de ser incluso para la gente de izquierda que, en principio y por principios, no lo desean) porque sería asestarle a dicho Estado, al régimen del 78, una buena derrota que repercutiría muy positivamente en los anhelos libertarios de la inmensa mayoría de la población de este engendro que llamamos España.

Desde ERC, a Pere Aragonés, vicepresident del Govern, no le disgusta la idea de la convocatoria de nuevas elecciones para responder a la sentencia del TS. En realidad, eso suena más bien a que te pregunten cómo te llamas y respondas: manzanas traigo. Las elecciones nuevas parecen, a todas luces, una respuesta nada eficaz para lo que se propone: responder de manera contundente al TS. ¿Que hay maneras más ineficaces todavía? Por supuesto; convocar una cacerolada, por ejemplo.

En el caso del president del Parlament, Roger Torrent, este expresó la posibilidad de crear un Govern de concentración; es decir, con partidos no independentistas como el PSC y En Comú. La propuesta, igualmente, parece un tanto ineficaz (y hasta trasnochada) para los anhelos independentistas.

Por su parte, el president Quim Torra descarta las elecciones. Por el contrario, para responder a la sentencia del TS no descarta investir a Carles Puigdemont que, en realidad, es el president de la Generalitat elegido por la voluntad popular a través de las urnas.

Pero esto a Oriol Junqueras no parece gustarle ni un poquito siquiera. Convencido de que esta vez el deseo de ERC se puede convertir en realidad (en varias ocasiones las encuestas le han dado ganador, pero no han ganado nunca), lo que realmente quiere es elecciones. También ve con buenos ojos un Govern de concentración.

Quim Torra expresó esto ayer en Madrid: «Si queremos dar una respuesta en profundidad lo último que podemos hacer es dirigirnos a unas elecciones que todos sabemos el grado de confrontación que existe. Nos impediría concentrarnos en lo importante, que es dar respuesta a la sentencia».

Oriol Junqueras ya le ha respondido: «No se había visto nunca que alguien diga que el hecho que la gente vote debilita las instituciones. ¿Desde cuándo el ejercicio democrático del derecho de voto debilita las instituciones de un país?”

A Junqueras se le podría decir que votar por votar (y menos cuando todavía no toca hacerlo) tampoco las fortalece, como parece insinuar.

La otra formación independentista, la CUP, se ha pronunciado a través de la diputada Maria Sirvent, quien ha descartado entrar en un Govern de concentración como respuesta a la sentencia del 1-O, tal como ha propuesto ERC. «¿Con qué objetivo? ¿Con qué intencionalidad? No lo vemos en ningún caso», ha subrayado.

Ante la posibilidad de volver a investir a Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat, Sirvent ha puesto en duda la voluntad de JxCat sobre esta cuestión, y ha añadido que no quieren «generar falsas expectativas». En este sentido, ha recordado que aunque no estaba convocado el pleno de investidura de Puigdemont, los diputados y diputadas de la CUP fueron los únicos que aparecieron en el «supuesto pleno».

Maria Sirvent ha defendido que la respuesta a una sentencia condenatoria tiene que pasar por «ejercer» los derechos y conseguir los objetivos políticos que han llevado a los «represaliados» a la prisión o el exilio.

Eso sí que es hablar claro. Lo demás es cuento.

 

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