El frente cultural de la violencia de Estado

¿Alguien recuerda cuándo fue la última vez que el PNV se echó a la calle para protestar por la violencia de la ertzaintza? ¿En qué momento ocurrió que la base social que defiende la legitimidad de la judicatura española empezó a señalar que ciertos juicios políticos no favorecen la unidad de españa? ¿Alguien ha leído artículos en prensa de la burguesía quejándose de la cerrazón y presiones de la patronal ante cualquier conflicto contra los trabajadores? ¿Alguna vez ha señalado el nacionalismo español que las acciones de la guardia civil perjudican los objetivos que dicen defender? Pese a que en Catalunya solo exista la violencia de estado pero también la del gobierno autonómico contra el independentismo popular y la clase trabajadora, ¿recuerda alguien a algún miembro de ERC o PdeCAT si quiera mencionarlo? Las pantallas del imperialismo, sean mediadores o seres de luz, afirman con rotundidad que la violencia de los pobres nunca consigue nada y que siempre deben desistir de ella ¿Pero alguien recuerda que les digan lo mismo a los que están en el poder y se mantienen con violencia y parece que no les va tan mal?

Evidentemente no, nadie recuerda nada de todo esto porque nunca ha ocurrido. Lo cual es lógico. Para mantenerte en pie, no te puedes disparar en el pie. Al fin y al cabo, todo estado no es más que el monopolio de la violencia por una clase concreta en un territorio determinado. No existe un solo estado que no cumpla esa ley, ya que entonces dejaría de ser estado. Y cuando un estado tiene problemas, significa que una clase social concreta los tiene. Y si la clase burguesa accedió al poder con toneladas de violencia, no van a arreglar lo que funciona.

No ha existido un solo estado ni clase explotadora en toda la historia de la humanidad que se haya auto-condenado y auto-rechazado. Tampoco la habrá en el futuro. La lógica es muy sencilla. Ningún estado ni clase explotadora puede mantener su hegemonía sin la violencia. Rechazar la violencia sería su auto-destrucción y auto-negación. ¿Cómo mantener el dominio de un estado sobre un pueblo oprimido o de la clase burguesa sobre la trabajadora sin armas, sin policías, sin cárceles, sin ejército? Sería una tarea del todo imposible.

Ya decía aquel, que condenar cualquier tipo de presión y fuerza popular es una brutal necedad y una muestra clara de incapacidad (por parte de quien la condena) para salirse de las perspectivas ideológicas de la clase explotadora. Y cuando se dice condena, también se puede decir rechazo o un “nunca” ya que en el fondo significa lo mismo. Por mucho que para algunos sea paradójico e increíble, toda condena de la violencia popular en realidad se trasvasa a un apoyo a la violencia burguesa que tarde o temprano se abre paso aunque sea pasivamente, ya que aunque no suene políticamente muy correcto política es rotundamente sinónimo de violencia, y la violencia es como la energía en el sentido de que no se crea ni se destruye sino que se transforma: O la recibes, o la provocas, o las dos cosas a la vez. No existe cuarta opción en la historia de la humanidad hasta hoy conocida, esa cuarta opción de paz y estabilidad de abrirse llegará en una sociedad sin clases, y sin patriarcado.

En el fondo del asunto, como en casi todo, es simplemente una cuestión de propiedad. De la misma forma que la clase trabajadora está fuera de los medios de producción, también se le prohíbe el acceso a todo medio coercitivo, e incluso hablar sobre ello. No es solo que no los pueda tener, sino que no pueden decir ni media palabra sobre ello.

¿Eso significa que solo a través de la violencia, en todo momento y en todo lugar se pueden producir avances profundos? No, pero casi. En cualquier caso solo cuando una clase se sabe del derecho que tiene en todos los aspectos, aun no haciendo uso de algunos de ellos en determinadas circunstancias, es cuando puede avanzar decididamente, ya que no estará atado por la ideología de la clase explotadora y podrá reaccionar dialécticamente a lo que se pueda encontrar. Por eso es tan importante que jamás se condene las formas de fuerza popular aunque incluso no se compartan ni se pongan en efectivo. Lo contrario es siempre dispararse en el pie.

En estos tiempos de frases vacías, de mercadeo del dolor y de negación de realidades, la mejor aportación auto-critica que puede hacer el pueblo trabajador vasco es volver a estudiar la teoría del derecho a la rebelión de la declaración universal de los derechos humanos, la teoría del estado como dictadura violenta de clase contra clase y pueblos, la historia de este país y comprender la irreconciabilidad de intereses entre opresores y oprimidos. Solo así podrá evitarse entrar de lleno en la perspectiva ideológica de la clase explotadora y los estados, donde el relato del opresor navega en aguas tranquilas, y enfrentarle otra perspectiva. En caso contrario la violencia de estado seguirá apretando cuando lo necesite y el modelo coercitivo estará mas asentado y normalizado, actuando con más eficacia, de entrar en los baremos ideológicos de la denominaba clase explotadora. Cuando la injusticia domina, la convivencia y la conciliación (para estar reconciliado primero habría que haber estado conciliado alguna vez, cosa que no recuerda ni el más viejo del lugar) no sería otra cosa que el frente cultural de la violencia de estado.

 

(Borroka garaia da!)

 

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