EDURNE LH ¿”Borrar a las mujeres” o borrar los derechos de las personas trans?

Escribo este artículo motivada por la preocupación y la tristeza. La preocupación que me da el ver como está degenerando el “debate” de los derechos trans y la propuesta de Ley Trans Estatal (debate entre comillas, porque más que debate lo que se está viendo en estas semanas es bronca gratuita). Y la tristeza que me da ver como algun@s compañer@s están cayendo en la trampa y dejándose arrastrar por un discurso muy peligroso, que muchas veces sobrepasa las líneas rojas que lo convierten en pura discriminación.

La propuesta de Ley Trans Estatal, que unificaría a nivel estatal los criterios para llevar a cabo un proceso de transición y eliminaría la obligatoriedad de alguno de sus requisitos, además de introducir algunas medidas en materia laboral y social, está siendo fuertemente cuestionada desde varios sectores, y la bronca está alcanzando límites insospechados, dejando en el limbo una vez más el reconocimiento de derechos básicos para el colectivo de personas trans.

Por un lado, la ultraderecha, con su habitual verborrea y comentarios denigrantes clama contra esta ley. Nada del otro mundo y algo que no sorprende en absoluto, viendo el nivel de cazurrismo de la derecha española. Ya lo han hecho en el pasado con cualquier cosa que pueda significar un avance social o que cuestione su visión ultracatólica de la sociedad.

Por otro lado, desde sectores que se reclaman feministas se oponen frontalmente a esta ley de la que dicen que va a “borrar a las mujeres” (a las mujeres cis, por supuesto, al resto nos excluyen del término) si es aprobada. En este sector estaría el Partido Feminista de España, sectores del PSOE con una concepción del feminismo meramente burguesa, o el autoproclamado movimiento abolicionista de la prostitución, entre otros. Posiblemente sea desde estos sectores desde donde están saliendo las declaraciones más duras, discriminatorias y hostiles. Así, últimamente hemos podido oír declaraciones como las de Lidia Falcón, presidenta del Partido Feminista, diciendo que “los trans son unos seres extraños”, que “hacen campaña por la pedofilia” o incluso la hemos podido ver escribir en un medio vinculado a la organización ultracatólica Hazte Oír a la vez que justificaba el autobús transfobo puesto en marcha por dicha organización. Declaraciones, por cierto, que fueron aplaudidas por dirigentes de VOX.

No es el único caso, a otras personas de estos sectores las hemos podido escuchar frases como “digo tíos porque son tíos”, “las personas trans son el caballo de Troya del patriarcado” o “ser trans es un capricho neoliberal”. Incluso existen grupos que, ya no es que se opongan a la actual propuesta de ley, es que también piden la derogación de la ley del 2007, lo que en la práctica supondría dejar la transexualidad fuera de cualquier regularización (una ilegalización de facto). Estos sectores no tienen ningún reparo a la hora de aliarse con la ultraderecha con tal de torpedear cualquier avance en los derechos de las personas trans, eso sí, todo disfrazado de feminismo.

Pero en los últimos meses, y esto es lo que más me preocupa y entristece, sectores de la izquierda no institucional se están dejando arrastrar por esta peligrosa vorágine, sumándose a este linchamiento y asumiendo buena parte de sus lemas y consignas. Así, esa idea criminalizadora y discriminatoria de que dándole derechos al colectivo de personas trans se estaría quitando derechos al resto de mujeres, o se las estaría “borrando”, está calando peligrosamente en algun@s compañer@s, por muy increíble que pueda parecer. No faltan ejemplos en la historia de argumentarios parecidos: “si le damos derechos a los negros los blancos vamos a perder los nuestros”, “si damos derechos a los inmigrantes los españoles vamos a ser personas de segunda” o “si dejamos votar a las mujeres los hombres vamos a perder en libertades y derechos”, etcétera… Y es que, querer hacernos creer que garantizando los derechos a un colectivo fuertemente estigmatizado y que además no llega ni al 1% de la población, estaríamos quitándoselo al resto de las mujeres, es querer tomarnos por gilipollas.

¿Cómo se ha conseguido esto? Uno de los aciertos de ese sector abiertamente transfobo para empezar a ampliar el abanico hacia la izquierda ha sido la demonización de la llamada “teoría queer” identificándola y equiparándola a la ideología neoliberal.

No voy a hablar de lo Queer porque ni me resulta tan interesante ni he leído más que una pequeñísima parte sobre ello. Me basta con saber que, en primer lugar, no es una teoría homogénea, ni mucho menos la biblia con sus mandamientos, como muchas veces se nos quiere hacer creer. También es falso que la mayoría de las personas trans seamos hooligans de lo Queer, como también se nos pretende hacer creer. Lo Queer no es más que un conjunto de escritos, de diferentes autores, que no está consensuado y donde seguramente podremos encontrar cosas con las que estemos de acuerdo y cosas con las que no. Tampoco tiene nada que ver lo que fue el movimiento Queer en sus principios con en lo que en muchos casos ha degenerado hoy en día, convirtiéndose en algo elitista y alejado de la realidad. Pero como decía, ni la voy a defender ni la voy a criticar, y es que creo que ese no es el quid de la cuestión.

Según los sectores que se oponen a la Ley Trans Estatal, dicha propuesta de ley estaría plenamente influida por la llamada “Teoría Queer”, y hay que oponerse a ella porque es neoliberal y “borra” a las mujeres. Pues bien, tras leer la propuesta de ley completa yo vengo a decir que lo que recoge esta propuesta de ley son básicamente derechos, y que (y aquí es donde a algun@s compañer@s les va a hacer katakrak la cabeza) es falso que esta propuesta de ley solamente pueda ser defendida desde lo Queer. Y es que no es necesaria teoría ni hipótesis ninguna, porque existen miles de realidades trans en este Estado. Puede que a mucha gente el tema le pille de lejos, que no sea algo de lo que haya tenido casos cercanos en su entorno, pero existen miles de personas trans en el Estado español, y hay tantas realidades distintas como personas trans. De manera que está totalmente fuera de lugar el estandarizar o meterlas en el mismo saco a todas. Ni mucho menos juzgarlas a todas en base al caso más rebuscado que podamos encontrar.

Y es que, en estas últimas semanas hemos podido oír auténticas barbaridades que criminalizan y estigmatizan a todo un colectivo, ya de por si fuertemente marginado y estigmatizado. ”Argumentos” tales como que si una mujer trans entra al baño de mujeres va a violar al resto de usuarias (o que los hombres se van a disfrazar de mujeres para entrar a violar a los baños de mujeres), o que los maltratadores se van a hacer en masa pasar por mujeres para evitar ser denunciados por violencia de género. Lo que no dicen es que una mujer trans, obligada a entrar en el baño de hombres, estadísticamente seguramente correría más peligro de sufrir abusos o vejaciones, o que en la propuesta de ley sí que se recoge que “el uso fraudulento de los mecanismos de rectificación contemplados en la Ley puede ser evitado acudiendo a la institución común del fraude de Ley”.

Fundamentan este tipo de acusaciones en que “esto ya está pasando en otros países donde se han aprobado leyes similares”, pero a la hora de la verdad, una mirada seria sobre esta afirmación la desmonta fácilmente. Y es que a nivel internacional no han sido capaces de encontrar más que un puñado de casos que se pueden contar con los dedos de las manos (y te sobra alguno). ¿Una decena de casos a nivel internacional puede ser suficiente para negarle sus derechos a un colectivo en el que hay millones de personas? Es como si pidiéramos la derogación de la Ley de Violencia de Género en base a algunos casos de denuncias falsas (algo que forma parte del argumentario de VOX, por cierto).

Otro de los puntos de la propuesta de ley que más polémica ha creado y en el que estos sectores fundamentan su argumentación de que se va a “borrar a las mujeres” es el que habla de las prestaciones en materia sexual y reproductiva, y el motivo de la bronca es porque se usa la expresión “toda persona con capacidad de gestar”. Esta expresión ha servido para que de manera manipuladora y victimista se diga que “nos están relegando a las mujeres a ser meros seres gestantes o menstruantes” o incluso se haya llegado a decir que lo que esta ley pretende es prohibir la palabra “madre” y sustituirla por “ser gestante”, cuando simplemente trata de agrupar las distintas realidades en un sólo termino (y además, si el problema fuera simplemente esa definición se podría arreglar con un poco de sentido común y buena voluntad, sin tanto drama). Surrealismo es poco.

Otro clásico de la manipulación es identificarnos a todas las personas trans como defensorxs de la gestación subrogada, cuando no es así en absoluto (habrá personas y colectivos que estén de acuerdo, pero están muy lejos de representar a todo el resto). Además, a las personas trans esta acusación nos cae un poco de rebote, ya que el porcentaje de personas trans que optan por ello es realmente bajo y las mayores usuarias de los vientres de alquiler son parejas cis y hetero.

Los sectores abiertamente transfobos aluden ahora a la biología para negar su identidad a las mujeres trans. Y lo hacen de una manera en la que se contradicen estrepitosamente. Primero reivindican la abolición del género, identificándolo como la base de la opresión a las mujeres. Y a reglón seguido niegan su identidad a mujeres trans en base a que” no son mujeres biológicas, entonces no van a sufrir la misma opresión que nosotras”. Vamos a ver… ¿Entonces cuál es la base de la opresión a las mujeres? ¿El género o el sexo? ¿O es que todavía no sabemos distinguir entre las dos?

Además, hay un montón de realidades que desafían esa creencia de que sólo hay blanco o negro, de que sólo se puede ser hombre o ser mujer ¿Qué pasa entonces, por poner un ejemplo, con las personas intersexuales? También podemos encontrar muchos casos en la naturaleza que cuestionan ese binarismo.

Históricamente la ciencia y la biología han sido usadas también para justificar discriminaciones históricas: por poner un ejemplo, no hace mucho se decía que los negros eran inferiores a los blancos y se trataba de justificar con argumentos científicos, o lo mismo con hombres y mujeres. Y más allá de todo esto y desde un punto de vista más humano y social yo suelo poner un ejemplo, y es que, cuando una mujer adopta a un niño, automáticamente pasa a ser su madre. Nadie la cuestiona por no ser su madre biológica, ni se lo va recordando todo el rato o la menosprecia por ser madre adoptiva. Pero en el caso trans hay gente que pone su cerrada e inamovible visión de la biología por delante de todo y lo utiliza para negar su identidad a las personas trans. No hace falta ser expert@ en ciencia ni en biología, bastaría con un poco de empatía.

Dicen también que el ser hombre o mujer no puede ser una “elección”. Ahí podríamos entrar en un debate muy personal, casi filosófico y podríamos preguntarnos si las personas trans “elegimos” nuestro género o si lo que en realidad elegimos es romper con la normatividad impuesta y decirle al mundo quienes somos de verdad y llevarlo a la práctica. Yo creo que es más bien la segunda.

Volviendo al sector que me interesa, al sector de izquierda que se está dejando influir por este argumentario transfobo, me flipa como empiezan sus frases muchas de estas personas cuando van a justificar su oposición a la ley trans, siempre comienzan con un pliego de descargo: “No tengo nada en contra de los transexuales, pero…”, “no me opongo a los derechos para las personas trans, pero…”, “no soy transfob@, pero…”. ¿A nadie le recuerda a nada? ¿O soy la única que veo un paralelismo enorme con el mítico “yo no soy racista, pero…”?

Y es que me ha entristecido mucho ver cosas como las que se han visto últimamente: compañer@s del mundo de la izquierda anticapitalista compartiendo hashtag con la extrema derecha par atacar a la ministra de igualdad por este tema. Y no seré yo quien defienda a Podemos, que siempre me han parecido unos vendehúmos, pero hay cosas que claman al cielo y habría que estar atent@s a ver a quien se le está haciendo el caldo gordo con todo esto. También he visto a compañer@s hacer suyos muchos de esos argumentos, en muchas ocasiones idénticos a los de la extrema derecha, aunque traten de argumentarlos bajo una óptica pretendidamente feminista. Es demencial y muy peligroso lo que está ocurriendo y me da vergüenza ajena leer según qué cosas.

Para terminar, decir que, aunque al final somos las personas trans las que pagamos los platos rotos y vemos en peligro nuestros ya de por sí mermados derechos, que nadie se llame a engaños. En el momento que estamos viviendo, las personas trans y sus derechos no somos más que los daños colaterales de esta bronca. Y es que esta bronca actual está totalmente motivada por dos cosas: 1) las guerras intestinas que entre ellos tienen actualmente los socios del gobierno, PSOE y Podemos, y 2) el intento de dividir al movimiento feminista para romper la tendencia ascendente que ha llevado estos últimos años. Ese, y no otro, es el principal objetivo de toda esta polémica. Y por desgracia no les está yendo mal, visto el nivel que ha alcanzado esta interesada y prefabricada polémica en los últimos meses.

@Edur_LH

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