¿Diálogo? El Gobierno franquista y sus lacayos solo conocen la represión para “disuadir” al contrario

El Gobierno de Mariano Rajoy y la “oposición” más chusquera siempre ha procurado imponer sus criterios a base de reprimir y extorsionar al contrario, no es nada nuevo. La palabra diálogo no cabe en su vocabulario, al menos sin condiciones previas . Eso están haciendo ahora mismo en relación a Catalunya: intentar generar miedo en la población catalana y chantajear a sus gobernantes con restar su sustento económico facilitando la huida de bancos y empresas hacia otros lugares del Estado español. Esa es su propuesta de diálogo.

Los estatutos de las compañías no permiten el cambio de domicilio social solo con un acuerdo del consejo de administración, sino que precisa del visto bueno de los accionistas. Es por eso que el Gobierno estudia aprobar hoy mismo un decreto de ley que facilite a las empresas trasladar su domicilio social sin necesidad de la aprobación de la junta general de accionistas. El cambio se introduciría en la Ley de Sociedades de Capital, en el capítulo VIII.

Al parecer, el PSOE, siempre ejerciendo de lacayo, apoyará el cambio que se necesita. Gente de este partido han explicado que creen en la necesidad de permitir acelerar este cambio, dado el sufrimiento de los depositantes de los bancos catalanes que estos días viven con preocupación la situación de la banca.

Cargado de hipocresía y cinismo, el secretario de Economía del PSOE, Manuel Escudero, ha expresado que «apoyaremos y defenderemos los intereses de los trabajadores y consumidores catalanes en caso de deslocalizaciones por la huida insensata hacia adelante que supone una DUI».

En el caso del Banco de Sabadell, ese que ha sido publicitado por artistillas “progres” como Ana Belen, Victor Manuel o Loquillo, no necesita contar con la aprobación de sus accionistas para cambiar la sede de lugar. Otros —la Caixa, por ejemplo— sí.

Mientras tanto, por ahí andan pidiendo diálogo algunos individuos e individuas que, a no pocos de ellos, en realidad lo único que les importa es que Catalunya no sea independiente.

 

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6 comentarios

  1. MARÍA PINEDA

    Ahora lo que es previsible es que Madrid , utilice todos los métodos a su alcance
    para ASUSTAR a la burguesia catalana . Es decir apretar con medidas económicas
    sea boicot a empresas , huidas de capitales , deportar a las empresas ,dar
    facilidades para que las empresas se marchen , en una palabra

    CREAR UNA SITUACIÓN DE PÁNICO ECONÓMICO.

    Es dificil que todo el pueblo catalán siga unido. por la sencilla razón de que los

    intereses de clase son diferentes y diferentes las respuestas.-

  2. La unidad del valiente pueblo catalan , es ejemplar, ella nos anima a derrivar al fascismo posfranquista y restaurar la ansiada REPUBLICA tanto catalana, como española, donde tendremos mas oportunidad de Justicia Social y porvenir para nuestra juventud, derrotando a los CORRUPTOS represores, recobraremos la DEMOCRACIA y la Libertad. Suerte a este magnifico pueblo . Viva La Republica tanto catalana, como la del resto de España. Salud y Suerte.

  3. aagapito perez chico

    El diàlogo en la historia del estado español està en los cementerios, càrceles y exilios.

  4. Pero eso era previsible. Y había que haberlo previsto con todas las consecuencias.

    Las revoluciones no son algaradas, ni fiestas de colegio.

    Las revoluciones se tienen que organizar. Y si no, lo único que se hace es preparar una nueva derrota, un nuevo matadero.

    Ahora, quizás, el bloque de la antigua CiU (o el actual PdeCat) se venga abajo, se empiece a desmoronar, le comience a entrar el canguelo.

    El siglo XIX el gran siglo desconocido por la inmensa mayoría del pueblo español. Decir «decimonónico» se ha convertido en casi un insulto. Muchos socios listos (de diversa raigambre ideológica) lo usan para indicar que ese es un camino equivocado, antiguo,… Lo que quieren realmente es taponar el acceso a su conocimiento público.

    En el siglo XIX hubo diferentes procesos revolucionarios en España. Según Marx y Engels, en nuestro país había unas grandísimas potencialidades para llevar a cabo una explosiva revolución nacional y popular, pero faltaban las condiciones para que esa revolución fuera realmente comunista. Y ellos, tal vez, se debiera a varios elementos muy peculiares de los grupos políticos de nuestro país: sobraba anarquismo voluntarista y faltaba tanto disciplina como programa.

    Pienso que Marx y Engels volverían a ver algo de eso en Cataluña. Pues, por desgracia para todos, las CUP son una mísera alianza de grupúsculos anarcoides posmodernos que carecen de ciencia empírica (por contra solo tienen literatura panfletaria que ni entienden ni saben digerir; algunos de sus «maestros» son pobres retóricos que se pasan la vida contemplando lo listos que son y lo bien que escriben «para nadie y para nada»), conciencia revolucionaria (salvo consignas y frases hechas que caben en un twiter), programa factible que sea realizable y organización que ayude a la resistencia y preparar la victoria de los objetivos políticos. Vienen tiempos duros y si no se sabe qué hacer en esos tiempos, habría sido mejor seguir fumando porritos y amaestrando perritos entre cubos de basura y chatarra ireciclable.

  5. Pero eso era previsible.

    Y había que haberlo previsto con todas las consecuencias. Habría que fundar multitud de Ateneos y que se estudiara para prever las consecuencias. Por eso nos gustaría que en su propio frontispicio se colocara: «ATENEOS A LAS CONSECUENCIAS», si decidid entrar a ver lo que realmente hacemos dentro. Al modo y manera de la Academia platónica: «No entre aquí nadie que no sepa ver las matemáticas», pues gracias a aprender a ver las matemáticas en todas las cosas que existen, podremos después tener ciencias que nos ayuden a transformar el mundo y, por supuesto, nuestras vidas.

    Las revoluciones no son algaradas, ni fiestas de colegio.

    Las revoluciones se tienen que organizar. Y si no, lo único que se hace es preparar una nueva derrota, un nuevo matadero. Y eso hay que saberlo antes. Para eso tenemos que ser previsores. Y saber educar en qué nuestras luchas nos hacen correr graves riesgos. Riesgos que, a veces, no hay póliza de seguros que te pueda ayudar a tener un balance óptimo. Pues, las vidas pueden mejorar o no; o hasta perderlas por millares. Como ha sido el caso en nuestra trágica historia.

    Ahora, quizás, el bloque de la antigua CiU (o el actual PdeCat) se venga abajo, se empiece a desmoronar, le comience a entrar el canguelo al ver que las grandes (pequeñas y medianas) empresas se empiezan a volatilizar.

    El siglo XIX es el gran siglo desconocido por la inmensa mayoría del pueblo español. Decir “decimonónico” se ha convertido en casi un insulto. Muchos socios listos (de diversa raigambre ideológica) lo usan para indicar que ese es un camino equivocado, antiguo,… Lo que quieren realmente decir con ellos es hacer otra cosa, a saber: taponar el acceso a su conocimiento público. En el siglo XIX hubo diferentes procesos revolucionarios en España. Según Marx y Engels, en nuestro país había unas grandísimas potencialidades para llevar a cabo una explosiva revolución nacional y popular, pero faltaban las condiciones para que esa revolución fuera realmente comunista. Y ellos las estudiaron con pasión y con bastante entusiasmo. El fracaso de aquellos procesos revolucionarios, tal vez, se debiera a varios elementos muy peculiares de los grupos políticos de nuestro país: sobraba anarquismo voluntarista y faltaba tanto disciplina como programa.

    Pienso que Marx y Engels volverían a ver algo de eso ahora en Cataluña. Pues, por desgracia para todos, las CUP son una mísera alianza de grupúsculos anarcoides posmodernos que carecen de ciencia empírica (por contra: solo tienen literatura panfletaria que ni entienden ni saben digerir; algunos de sus “maestros” son pobres retóricos que se pasan la vida contemplando lo listos que creen ser y lo bien que escriben “para nadie y para nada”), les falta conciencia revolucionaria (salvo consignas y frases hechas que caben en un twiter), no tienen un programa factible que sea realizable y les falta mucho para poseer una organización que ayude a la resistencia y poder así preparar la victoria con unos objetivos políticos que cumplir. Un algarada no es una revolución. Y tendremos que aprender a tenernos a las terribles consecuencias de su fiasco o fracaso.

    Vienen tiempos duros y si no se sabe qué hacer en esos tiempos, habría sido mejor seguir fumando porritos y amaestrando perritos entre cubos de basura y chatarra irreciclable. A lo mejor lo del crucero de los piolines iba con algún sentido de querer ridiculizarnos una vez más. De no tomarnos en serio, de burlarse de nosotros por creernos unos ridículos pseudorevolucionarios que no saben nada más que blasfemar y hacernos perder el tiempo.

  6. Pero eso era previsible.

    Y había que haberlo previsto con todas las consecuencias.

    Habría que fundar multitud de Ateneos y que se estudiara para prever las consecuencias. Por eso nos gustaría que en su propio frontispicio se colocara: «Ateneos A LAS CONSECUENCIAS», si decidid entrar a ver lo que realmente hacemos dentro. Al modo y manera de la Academia platónica: «No entre aquí nadie que no sepa ver las matemáticas», pues gracias a aprender a ver las matemáticas en todas las cosas que existen, podremos después tener ciencias que nos ayuden a transformar el mundo y, por supuesto, nuestras vidas.

    Las revoluciones no son algaradas, ni fiestas de colegio.

    Las revoluciones se tienen que organizar. Y si no, lo único que se hace es preparar una nueva derrota, un nuevo matadero. Y eso hay que saberlo antes. Para eso tenemos que ser previsores. Y saber educar en qué nuestras luchas nos hacen correr graves riesgos. Riesgos que, a veces, no hay póliza de seguros que te pueda ayudar a tener un balance óptimo. Pues, las vidas pueden mejorar o no; o hasta perderlas por millares. Como ha sido el caso en nuestra trágica historia.

    Ahora, quizás, el bloque de la antigua CiU (o el actual PdeCat) se venga abajo, se empiece a desmoronar, le comience a entrar el canguelo al ver que las grandes (pequeñas y medianas) empresas se empiezan a volatilizar.

    El siglo XIX es el gran siglo desconocido por la inmensa mayoría del pueblo español. Decir “decimonónico” se ha convertido en casi un insulto. Muchos socios listos (de diversa raigambre ideológica) lo usan para indicar que ese es un camino equivocado, antiguo,… Lo que quieren realmente decir con ellos es hacer otra cosa, a saber: taponar el acceso a su conocimiento público. En el siglo XIX hubo diferentes procesos revolucionarios en España. Según Marx y Engels, en nuestro país había unas grandísimas potencialidades para poder llevar a cabo una explosiva revolución nacional y popular, pero faltaban las condiciones para que esa revolución fuera realmente comunista. Y ellos las estudiaron con pasión y con bastante entusiasmo. El fracaso de aquellos procesos revolucionarios, tal vez, se debieran a varios elementos muy peculiares de los grupos políticos de nuestro país: sobraba anarquismo voluntarista y faltaba tanto disciplina como programa. Engels se empleó duro contra las Sociedades Secretas Anarquistas del Bakunin más impresentable, inútil y bobo. Por desgracia, ese anarquismo infantiloide, sensacionalista, superficial y bobalicón está excesivamente presente en nuestras redes sociales actuales.

    Pienso que Marx y Engels volverían a ver algo de eso ahora en Cataluña. Pues, por desgracia para todos, las CUP son una mísera alianza de grupúsculos anarcoides posmodernos que carecen de ciencia empírica (por contra: solo tienen literatura panfletaria que ni entienden ni saben digerir; algunos de sus “maestros” son pobres retóricos que se pasan la vida contemplando lo listos que creen ser y lo bien que escriben “para nadie y para nada”: no se cansan de editar una retórica lírica que no conduce a parte alguna salvo a inflar sus tristes egos de paranoias), les falta conciencia revolucionaria (salvo consignas y frases hechas que caben en un twiter), no tienen un programa factible que sea realizable y les falta mucho para poseer una organización que ayude a la resistencia y poder así preparar alguna victoria popular con unos objetivos políticos que cumplir.

    Un algarada no es una revolución. Y tendremos que aprender a atenernos a las terribles consecuencias de su fiasco o fracaso.

    Vienen tiempos duros y si no se sabe qué hacer en esos tiempos, habría sido mejor seguir fumando porritos y amaestrando perritos entre cubos de basura y chatarra irreciclable. A lo mejor lo del crucero de los piolines iba con algún sentido de querer ridiculizarnos una vez más. De no tomarnos en serio, de burlarse de nosotros por creernos unos ridículos pseudorevolucionarios que no saben nada más que blasfemar y hacernos perder el tiempo. Pero, miedo real no les damos. Y sobre todo porque no estamos hermanados internacionalmente. Y hoy el internacionalismo es más necesario que nunca.

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