Día de reflexión: El comunismo abertzale de Matalaz

 

No se sabe cuando nació, aunque sí se sabe que lo hizo en Mitikile (Zuberoa -territorio de Euskal Herria dominado por el Estado francés-). Tampoco se sabe seguro que lo apodaran “Matalas”. Pues única es la referencia sobre el apodo “Matalas” y solo consta en una crónica francesa de varios siglos después. Ni siquiera las palabras que se le suelen adjudicar son de él (Agian, agian, egun batez jaikiko dira …), sino que proceden de una pastoral de un poeta y escritor hecha en 1955. Se desconoce prácticamente todo dato personal sobre Bernard Goihenetxe, conocido popularmente como Matalas o Matalaz, aunque puede ser probable que en vida nunca nadie le apodara así.

Lo que sí se sabe seguro es que un día como ayer, 8 de noviembre, hace más de tres siglos, en 1661, fue ejecutado por orden del parlamento de Burdeos junto al degan de Ibarresküin llamado Roquehort, mientras ocho personas más eran condenadas a muerte en rebeldía (no les habían echado el guante), y otras tres más -el sobrino de Matalaz Jean, Bernard de Beheity y Jean de Cachau- a galeras de por vida.

Hay un hecho que se repite constantemente y de diferentes formas en la historia de Euskal Herria ya desde la llegada del imperio romano (y hoy en día está vigente). Esto es, el enriquecimiento de las clases pudientes autóctonas a costa de la ocupación. Es decir, el colaboracionismo, el usar y valerse del poder militar extranjero para afianzar su poder de clase.

En Zuberoa, la expropiación colectiva de lo comunal para beneficio de una minoría autóctona colaboracionista, enriquecida y ennoblecida venía acelerándose desde 1640, lo que terminó originando la matxinada y sublevación masiva campesina de plebeyos de 1661 dirigida por el cura Matalaz, organizador de un ejército revolucionario para la época ya que redistribuía tierras expropiadas a la nobleza y al clero entre los campesinos pobres, suprimiendo las deudas de éstos para con la nobleza, liberándoles del pago del diezmo a la iglesia y defendiendo la soberanía plena de Zuberoa.

Como se puede imaginar, a los ricos de Zuberoa esto no les hacía ninguna gracia. Sobre todo cuando se les plantó una masa de desarrapados sublevados frente al castillo de Maule, hostigando a la nobleza y funcionarios al grito de Herria! Herria!, o cuando quemaron iglesias, bienes económicos y edificios. Así que los ricos intentaron calmar el ambiente como suelen hacerlo cuando casi no pueden más, con diálogo y negociaciones. Claro está, que cuando las negociones no les van bien, pues siempre tienen a mano la última baza negociadora. Así que pidieron ayuda al parlamento de Burdeos, y ésta les llegó en forma de caballería real francesa a la que los nobles de Zuberoa y diversos mercenarios se unieron. La rebelión fue aplastada y Matalaz hecho preso para después ser degollado. Su cabeza fue puesta en la barbacana de la muralla de Maule para escarmentar al pueblo. Aunque alguien, en una noche de aquellas, burlando la vigilancia logró hacerse con ella.

Los “nobles”, hoy en dia, es decir, la burguesía autóctona, no deja de hacer lo mismo. Valerse del poder de coerción militar y policial para medrar mediante el autonomismo y la atadura forzada a los estados en detrimento de la clase trabajadora vasca. Y este círculo vicioso histórico es el que hay que romper. Y desde luego difícilmente se avanzará en ello en días como mañana, cuando todos los votos que se den en Euskal Herria sin excepción y sin importar a quién votes de hacerlo, van a acabar al final intentando ser entregados al PSOE o al PP de una u otra forma. Pues para algo es su “parlamento de Burdeos”. Agian, agian, egun batez euskal langileria jaikiko da…

Gora Matalaz!

 

 

(Borroka garaia da!)

 

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