De desahucios, violencia y lucha de clases

Ayer se vivió una nueva jornada de lucha por la vivienda en Barcelona, y una nueva jornada de infamia por parte de juzgados, policía y de quien hace negocio con este bien básico.

En el barrio de Camp de l’Arpa de Barcelona había convocado un desahucio de un hombre de 92 años, que además tiene un 75% de discapacidad. Le venían a echar de su casa, donde había vivido desde que era joven. Su pecado, el haberse retrasado en el pago de alguna mensualidad del alquiler. Sí, escribimos bien: haberse retrasado en algún pago, y además unos pocos días. Nada más. No había impagos, no había finalización del contrato, nada de eso. La situación era suficiente para que un juzgado decretara el desahucio (con contradicciones entre ellos, porque algún juez no veía claro que hubiera razones para echar a este hombre a la calle), demostrando una vez más a quién sirve la llamada justicia.

Hace escasos días llegaba la noticia del caso al colectivo de vivienda del barrio, el Observatori d’Habitatge de Clot-Camp de l’Arpa. Apoyado por otros colectivos de la ciudad, convocaban de urgencia a un buen número de gente antes de la llegada de la comitiva judicial. Entre 60-80 personas han acudido dispuestas a parar el desahucio, demostrando un día más la creciente fuerza que tiene este movimiento. Y como la policía no tenía fuerzas para ejecutarlo, pues ha tenido que llamar a la BRIMO, que ha presentado unas cuantas furgonas para hacer lo único que saben hacer. Algunas de las personas agredidas que aparecen en las imágenes que se han hecho virales son los nietos de la persona que estaban desahuciando, que lloraban desconsoladamente. La rabia e impotencia que se siente en estas situaciones no se puede describir con palabras.

Viendo la situación de total vulnerabilidad del hombre desahuciado, la comitiva se veía obligada a llamar a un forense, el cual dijo que no pueden echar a una persona a la calle en esta situación. Se consiguieron así unos pocos días más, hasta el 11 de febrero, cuando volverán a intentar echarle de su casa. Desde el movimiento por la vivienda, esta vez con más tiempo para preparar la defensa, también se ha dejado claro que no se les va a dejar pasar.

No es el único desahucio convocado para esta semana en el mismo distrito de la ciudad, y vale la pena echar un ojo sobre alguno de ellos, bastante representativos de lo que está pasando. Este viernes 24 hay dos más. Uno de ellos, una madre y sus dos hijos menores, patrocinados por un fondo buitre vinculado a un banco; La Caixa y el fondo de inversión Coral Homes se niegan a darles ningún tipo de alquiler social.

El otro, una familia a la que la empresa Mon Pa quiere expulsar de una de sus múltiples propiedades (que son miles y miles de metros cuadrados por toda la ciudad, en múltiples propiedades verticales, valoradas todas ellas en millones de euros). También se niegan a negociar ningún tipo de alquiler. Esta empresa, antigua cadena de panaderías con mucha presencia en Barcelona, despidió este verano a 96 trabajadoras, dejándolas sin cobrar los dos últimos meses, en la calle y sin ningún tipo de ingreso. Impunidad patronal y alfombra roja para especuladores de todo tipo. Por cierto, unas cuantas de las trabajadoras despedidas acudían el pasado mes de noviembre a parar el anterior intento de desahucio de esta familia, en un bonito ejemplo de solidaridad.

Y hasta aquí un trocito de la actualidad de la lucha de clases, más allá del circo mediático y parlamentario con que nos bombardean a diario. Esto es lo que está pasando hoy en muchos barrios y ciudades, que no entra en ninguna agenda mediática y política oficial y frente a lo cual la única salida es organizarse para luchar. No creemos que haya otra opción.

Miquel Díaz

PS: Mientras se acababan de escribir estas líneas hemos tenido una buena noticia; un buen puñado de gente de diversos colectivos han ocupado esta mañana las macrooficinas que la Caixa tiene en el barrio del Poblenou, todo un edificio de más de 10 plantas. Allí, entre otras cosas, se amagan los gestores de diversos fondos de inversión vinculados a este banco. En este caso el capital de Coral Homes –quien iba a ejecutar el mencionado desahucio este viernes– viene principalmente de EEUU y la única manera de plantar cara a algo parecido a “la propiedad” es yendo a quien se dedica a gestionarlas. Tras horas de presión, negociaciones, jaleo y alteración del normal funcionamiento del poco agradable lugar, se han visto obligados a suspender el desahucio y posponerlo para dos meses más allá. Con la posibilidad de una mesa de negociación para un alquiler social, si no quieren que la próxima acción sea más contundente. Una muy pequeña victoria, grande si se piensa en que una compañera de lucha y sus dos hijas van a poder dormir un poco más tranquilas estos días.

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