Cooperación médica cubana: horizontalidad frente al abismo de clase

Es la primera vez, en 60 años de cooperación médica cubana, que esta ha sido solicitada por un país de Europa y miembro del G8: Italia.

 

Es la primera vez, en 60 años de cooperación médica cubana, que esta ha sido solicitada por un país de Europa y miembro del G8: Italia.

Alessandra Monzeglio, administradora del hospital de Turín que recibió una de las brigadas, llamaba a reflexionar sobre el hecho de que “personas y naciones que tienen menos están más dispuestas a ayudar”.

Pocos países pueden, como Cuba, movilizar en horas y ubicar en zonas de desastre o epidemias, sin condiciones ni pagos extraordinarios, a decenas de excelentes profesionales de la salud.

Hay una razón matemática. Cuba tiene 95 mil médicas y médicos, y el mayor per cápita del mundo: nueve por cada mil habitantes.

Y razones no cuantificables: este personal médico ni es ni se siente parte de una clase social superior a la de sus pacientes. Se sienta a las mesas más humildes, toca sin desagrado las manos de sus pacientes, campesinos o indígenas, y está dispuesto a realizar cualquier trabajo ajeno a sus funciones.

Esta médica, este médico, han sido educados en una sociedad compartidora. Que ve a su paciente de igual a igual, sin la distancia ni el abismo de clase tan común a otras sociedades latinoamericanas.

Y acabar con esta horizontalidad solidaria es el objetivo de quienes, desde los medios, disparan tantas mentiras contra la cooperación médica cubana.

 

Cooperazione medica cubana: orizzontalità di fronte all’abisso di classe

Traduzione Francesco Monterisi

È la prima volta, in 60 anni di cooperazione medica cubana, che questo è stata richiesta da un paese d’Europa e membro del G8: l’Italia.

Alessandra Monzeglio, amministratrice dell’ospedale di Torino che ha ricevuto una delle brigate, chiamava ad una riflessione sul fatto che «persone e nazioni che hanno meno sono più disposte ad aiutare».

Pochi paesi possono, come Cuba, mobilitare in ore e posizionare in zone di disastri o epidemie, senza condizioni né pagamenti straordinari, decine di eccellenti professionisti della salute.

C’è una ragione matematica. Cuba ha 95000 medici e la più alta cifra pro capite al mondo: nove per ogni mille abitanti.

E ragioni non quantificabili: questo personale medico né è né si sente parte di una classe sociale superiore rispetto ai suoi pazienti. Si siede ai tavoli più umili, tocca senza disgusto le mani dei suoi pazienti, contadini o indigeni ed è disposta a realizzare qualsiasi lavoro al di fuori delle sue funzioni.

Questi dottori/esse, sono stati educati in una società di condivisione. Che vede il suo paziente come un uguale, senza la distanza o l’abisso di classe così comune ad altre società latinoamericane.

E porre fine a questa orizzontalità solidale è l’obiettivo di coloro che, dai media, sparano così tante menzogne contro la cooperazione medica cubana.

 

(Cubainformación TV /Edición: Ane Lópes. Presentación: Lázaro Oramas. Redacción: José Manzaneda /  Basado en un texto de Enrique Ubieta Gómez – Granma)

 

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