¿Cómo es posible que con tantos “demócratas” en sus filas la SGAE sea una sociedad tan sumamente reaccionaria?

Una nota de éste departamento informó que el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, ha solicitado a la Audiencia Nacional autorización para intervenir la SGAE y de manera cautelar la remodelación de los órganos de gobierno de la entidad.

El ministerio considera que la advertencia que envió el 27 de septiembre a la SGAE, es decir, hace «más de tres meses», para que «reparara o corrigiera» varios «incumplimientos graves», no ha sido cumplida «y que» se presentan razones de urgencia para hacer esta solicitud al juez «.

El Ministerio de Cultura, adopta conforme al artículo 192.9 del texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (TRLPI), que regula el procedimiento de revocación de su autorización que comenzó con la advertencia emitida en septiembre pasado. Según parece, la SGAE debería haber presentado ante Cultura y Deporte la solicitud de aprobación de modificación de sus estatutos, previamente aprobada por su asamblea general, según lo establece la ley.

Por otra parte, la entidad también debería haber constituido una junta directiva a través de un procedimiento que garantizara el respeto de todos los derechos reconocidos a sus miembros, incluido el ejercicio del derecho al voto electrónico.

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Además de acarrear otros múltiples problemas, la SGAE siempre ha tenido un funcionamiento ciertamente antidemocrático. La nota que adjuntamos a continuación fue escrita en abril de 2012, tras celebrarse las elecciones para renovar su junta directiva. Su escandaloso déficit democrático, nunca ha sido subsanado. Es por eso que reeditamos el texto, por su plena vigencia.

 

El cinismo de algunos socios de la SGAE (respecto a Cuba)

Se acaban de celebrar elecciones en la Sociedad General de Autores y Editores –SGAE- para renovar su junta directiva, unos comicios que, se mire como se mire, están a años luz de poder ser calificados como democráticos; eso en estos últimos, ni qué decir en los anteriores, que el derecho al voto estaba reservado para un grupo aún mucho más reducido de socios -8.220, de los que sólo votaron 1.723.

La SGAE cuenta con más de 100.000 inscritos, sin embargo en esta ocasión -a pesar del cambió de estatutos provocado por el escándalo que todos conocemos-, únicamente tenían derecho a voto 21.129, haciendo uso del mismo 3.691. Conviene recordar que los votos se reparten en función al tiempo de permanencia en la sociedad –si son eventuales u ordinarios- y, sobre todo, a la cantidad que recaude cada autor.

Si la SGAE fuese un país, podríamos decir sin ningún tipo de dudas que sólo tienen posibilidad de gestionarlo los ricos, o sus obedientes lacayos a la medida y semejanza de aquellos; lo que sucede prácticamente en casi todos los países del mundo –no en Cuba, donde el dinero no cuenta para nada a la hora de acceder a los cargos, por altos que estos sean.

Y ahora llego adonde quería llegar. De un tiempo ya lejano a esta parte, muchos socios de la SGAE han llegado a firmar manifiestos exigiendo democracia al Gobierno cubano, y no han desaprovechado la oportunidad de mentir descaradamente, respecto a la realidad cubana en esa y otras materias, en no pocas de sus comparecencias públicas. Me estoy acordando ahora mismo de Víctor Manuel, Ana Belén –ex militantes comunistas que ahora hacen publicidad para un Banco-, Alejandro Sanz, Joaquín Sabina… y un largo etc. que no voy a nombrar, porque acabo de almorzar y no vaya a ser que me indigeste.

Probablemente porque su nefasta gestión les beneficia, a ninguno de ellos he oído criticar a la SGAE por su funcionamiento tan antidemocrático durante todos estos años. ¿Por qué, sin embargo, sí critican a Cuba sabiendo que mienten? La respuesta no está en el viento, como decía Dylan, sino en sus cuentas corrientes.

 

http://baragua.wordpress.com

 

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Un comentario

  1. Inscritos unos cien mil, «derecho a voto» unos veinte un mil, y unos tres setecientos «votaron».

    Esto es la AUTORÍA «social» ÑOLA. Nada parecido a la «sociedad» ÑOLA. La ÑOLA se abstiene «con derecho» MENOS.

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