COLOMBIA. Rodrigo Londoño (antes Timochenko) confirma que aunque sigan matando ex-guerrilleros no volverá a la lucha armada

“Desafortunadamente –dice– los partidarios de las soluciones violentas y antidemocráticas han atravesado toda clase de obstáculos a la consolidación de la paz. Con la llegada al gobierno de Iván Duque, las cosas se complicaron. Hay una embestida contra los acuerdos, a veces abierta y a veces disimulada. Es el riesgo que estamos enfrentando los colombianos”.

Pero, con esas “embestidas”, como usted las llama, ¿está en riesgo el acuerdo?

Los acuerdos son muy amplios. Las reformas alcanzadas en materia de participación política y ampliación de la democracia han sido desconocidas y saboteadas en buena parte. Tenemos congresistas y un partido político que recibe financiación estatal en los términos del acuerdo, podemos hacer política abierta. Pero existen sectores que trabajan por sacarnos de allí. Por ejemplo, con el decreto expedido por este gobierno en materia de entrega de bienes, no solo se desconoce lo acordado y cumplido, sino que se persigue meternos a la cárcel.

Le insisto en la pregunta. ¿El Gobierno cumple o no los acuerdos?

En realidad, la impresión es la de que al gobierno actual le interesa sobre todo la parte de la reincorporación individual. Pagan cumplidamente la asignación mensual y los exguerrilleros son asistidos en materias como la educación, hasta donde se pueda garantizar, así como en atención en salud.

Pero la cuestión de seguridad es gravemente preocupante. Van 214 asesinados desde la firma del acuerdo y ustedes saben que las zonas que dejamos las Farc se encuentran hoy en manos de bandas criminales. Además, no todos los exguerrilleros firmantes de la paz han recuperado su libertad.

Hacer política de manera pacífica, y más en un país como Colombia, cargado de violencia y provocaciones, requiere una vocación firme y una voluntad de acero.

A pesar de estas dificultades, ¿las antiguas Farc seguirán cumpliendo con la paz?

No hay la menor duda en eso. Nuestra gente dejó las armas y se reincorporó a la vida civil, procurando organizarse en todos los ámbitos para una vida legal. La mayoría se desencantó de los ETCR ( espacios territoriales de capacitación y reincorporación) porque no vieron allí las oportunidades de progreso prometidas. Unos buscaron la familia o espacios en donde pudieran iniciar una vida productiva.

Hacemos una vida política ajena a cualquier forma de ilegalidad. Pero tenemos el problema de ubicarnos económica y socialmente, la mayoría de nuestra gente pasa necesidades muy grandes. Sin mencionar los riesgos para su seguridad.

¿Qué es lo es que está pasando con la matanza de líderes sociales en el país?

Nuestra interpretación de lo que sucede se liga a los incumplimientos del acuerdo de paz. Una vez las Farc dejábamos las armas y salíamos de las regiones en las que operábamos, el Estado entraba con una enorme inversión en pro de su desarrollo económico y social. Así quedó consignado en el acuerdo. Eso no sucedió ni tiene visos de suceder en el corto o mediano plazo.

El incumplimiento en cuestión de los cultivos de uso ilícito también dejó mucha gente desencantada.

La situación de atraso y abandono de esas regiones comenzó a ser aprovechada por bandas criminales y diversos grupos delincuenciales ligados a mafias transnacionales y al servicio de intereses de empresarios mineros. Colombia es un país muy diferente entre las grandes ciudades y las regiones apartadas. Allá la corrupción oficial en distintos niveles se liga con mafias y contrataciones. Todo eso genera violencia contra líderes de restitución de tierras, defensores de derechos humanos, líderes ambientalistas y defensores de la sustitución de cultivos de uso ilícito. También contra los firmantes del acuerdo.

¿Y por qué las denuncias regionales sobre militares y productores de droga?

Lo aseguran muchos líderes sociales en las regiones: existen evidencias de convivencia entre la Fuerza Pública y esos grupos. Súmele a todo eso la presencia de grupos que se llaman a sí mismos revolucionarios, en franca competencia con los demás por los recursos ilegales. El resultado es lo que estamos viviendo. El Estado colombiano no asume sus responsabilidades para enfrentar con decisión y recursos esa situación.

¿Corren los exmilitantes de las Farc el riesgo del exterminio?

Ese riesgo indudablemente existe en un Estado con posiciones tan abiertamente opuestas a la implementación del Acuerdo de Paz. Otra cosa es que los firmantes del acuerdo estemos dispuestos a permitirlo. Y no lo digo porque exista la idea o la intención de volver a las armas, sino porque tenemos la disposición a defender lo firmado en La Habana, a denunciar en todos los espacios y formas lo que ocurre. Sabemos que no estamos solos en esto. Son muchísimos los colombianos que defienden la paz, los acuerdos, y que como nosotros también están dispuestos a impedir su burla.

También hay una presión internacional muy importante. Para exterminarnos tendrá que imponerse abiertamente un régimen fascista. Y sabemos que mucha gente en el país no va a permitir que eso ocurra.

¿Sienten un buen ambiente dentro del Gobierno para continuar el diálogo?

Jamás rehuiremos la posibilidad del diálogo. Es cierto que las cosas resultan complicadas con el actual gobierno, pero eso no significa que no sean posibles. El consejero Archila tendrá sus posiciones, pero es un hombre con el que se puede hablar. Lo contrario es la confrontación, algo que el país nacional no desea y nosotros tampoco.

¿Qué es lo que pasa en las Farc? ¿Hay división interna?

En las Farc se tomó una decisión: la vía de las armas ya no sería el camino para los cambios en este país. En adelante nuestra única arma sería la palabra y nuestra actividad se habría de ceñir a los cánones legales. Hacer política de manera pacífica, y más en un país como Colombia, cargado de violencia y provocaciones, requiere una vocación firme y una voluntad de acero.

La paz fue y sigue siendo definitivamente nuestra apuesta. Desafortunadamente, y nos despiertan serias dudas la sinceridad de sus argumentos, hubo quienes decidieron apartarse de esa decisión, negándose a dejar las armas. Y los que luego de dejarlas resolvieron también con razones muy discutibles volver al monte. Los primeros no alcanzaron a ser parte del partido, los segundos se apartaron de él y nos vimos obligados a formalizar su expulsión por razones obvias.

¿Pero cuál es el origen de la división?

Hay quienes consideran que deberíamos ser más radicales en todos los sentidos, que es necesario un discurso de confrontación, insultante. No pudieron asimilar que la confrontación terminó y que el anhelo de paz de los colombianos no concuerda con la beligerancia verbal extrema. No aceptan que se hable de reconciliación, que es la lucha por la verdad. Pese al texto de los acuerdos, la asimilan como traición. El partido en su conjunto no se inclina por esa posición. La guerra terminó y el debate político debe llenarse de argumentos y razones para acaparar la atención y la simpatía de las grandes mayorías.

El partido, si bien es consciente de las perniciosas concepciones de nuestros adversarios, entiende que no se trata de inflamar odios contra ellos. Y eso desespera a los radicales, que se descubren cada día más solos. Y los lleva a adoptar un lenguaje y una actitud que lesiona al partido y a sus dirigentes. Personalmente, no creo que se trate de una división. Se producen los desprendimientos naturales de ciertas posiciones que no encajan. Pretender achacar a la dirección del partido los incumplimientos por parte del Gobierno y la dura situación que viven muchísimos excombatientes es apuntar hacia el lado equivocado. Y un argumento bajo. Por eso la mayoría de nuestra gente les da la espalda.

La guerra terminó y el debate político debe llenarse de argumentos y razones para acaparar la atención y la simpatía de las grandes mayorías.

¿Cree usted que la presidencia suya en el partido es el motivo de las divisiones?

No faltará quien lo sostenga. Pero ya le digo, esos ataques tienen otro origen. Algunas minorías desearían tener un partido distinto, a su medida. Al no conseguirlo, caen en el desespero. Como esas mangueras que pierden el control, comienzan a echar agua para todos lados.

¿Qué hay de la entrega de los bienes que atesoraron durante 50 años las Farc?

Su pregunta es capciosa, debería ser formulada de otro modo. Me obliga a empezar por decirle que no es cierto que las Farc se hubieran dedicado a atesorar bienes durante 50 años. Eso podría predicarse de grandes empresarios del país, que son hoy multibillonarios, propietarios de gigantescos consorcios. Nosotros estuvimos en guerra durante medio siglo.

Pregunte cuántos miles de millones de pesos invertía diariamente el Estado colombiano en su guerra contra las Farc. Sabemos que por lo menos 22.000 millones. Calcule cuánto debía reunir una organización clandestina y popular en hacer frente a esa guerra. Ametralladoras, fusiles, explosivos, pistolas, municiones, equipos de guerra, sostenimiento total de miles de combatientes, salud, medicinas y tratamientos médicos. Todo eso conformaba una economía de guerra, un patrimonio al servicio de un proyecto militar y político que además tenía carácter consumible. Se agotaba cada día y exigía ser repuesto. Ni el Estado colombiano ni nosotros podíamos sostener ese ritmo por tiempo indefinido.

Allí radica una de las razones que condujeron a poner fin al conflicto. El dinero se acaba y también se agotan las fuentes para conseguirlo. Firmada la paz cumplimos al pie de la letra lo firmado en el acuerdo en materia de bienes. Entregamos el listado de lo que nos quedaba en materia de inmuebles y pusimos a disposición del Estado bienes muebles, ganado, dinero en efectivo y oro. Las cifras son públicas.

Las víctimas que han recurrido a la JEP los acusan de que ustedes no están diciendo la verdad ante este tribunal, ¿cuál es su respuesta a esta afirmación?

Otra vez una pregunta maliciosa. No es cierto que las víctimas nos acusen de eso, esa es su afirmación. Los antiguos miembros de las Farc que hemos comparecido ante la JEP hemos aportado verdad y seguiremos haciéndolo. Tenemos excelentes relaciones con innumerables organizaciones de víctimas que nos felicitan por haber dejado las armas y trabajar por la paz en el país. Y lo que les oímos con frecuencia repetida es la necesidad de que los responsables del conflicto por parte del Estado, los funcionarios y jefes militares, los terceros, comparezcan también ante la JEP a suministrar verdad, tal como se aprobó en los acuerdos de La Habana.

Mientras las Farc aportamos verdad, los otros se empeñan en evadir sus responsabilidades. Y sobre eso guardan silencio los grandes medios. Ahora, los procedimientos aprobados para la JEP, como en todo proceso judicial de índole democrática y no totalitaria, envuelven la participación de todos los interesados.

Nadie desconoce que existen en el país intereses perversos contra los acuerdos de paz y particularmente contra la JEP. Se explica, pues nacen de los que temen comparecer ante ella. Su propósito es desprestigiarla y destruirla. Y eso implica toda clase de falsas versiones. En Colombia hace carrera la manía de juzgar y condenar en la prensa, antes de atender los procedimientos legales. Eso atenta gravemente no solo contra las instituciones sino contra la paz.

¿Qué opina de las arremetidas en el Senado del Centro democrático contra la Farc y sus intentos por eliminar la JEP?

El Centro Democrático arremete contra nuestro partido con los mismos odios con los que el expresidente Uribe pretendió aniquilarnos durante sus sucesivos mandatos. De hecho, es el partido de Uribe y está en el Gobierno. No creo que en todos sus miembros, pero en ese partido existen intereses decididamente contrarios a la paz. Que anhelan la guerra. La paz les estorba.

¿Usted cree que el Eln debería facilitar el camino para llegar a la paz?

Si se trata de facilitar el camino, creo que el ELN debe hacerlo. Hace falta reconocer que unas conversaciones de paz deben apuntar necesariamente a la dejación de armas. Y considerar asuntos muy delicados, como el secuestro. Pero igualmente, el gobierno actual, que ha dado pruebas fehacientes de no querer ese diálogo, tendrá que modificar sus posturas para allanar el camino a una solución.

 

 

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