COLOMBIA. Duque sin nobleza: Aún más neoliberal y proimperialista

El presidente de Colombia, Iván Duque, ha estado realizando una cruzada de odio contra el Gobierno de Venezuela, mientras deja en un segundo plano la intensa ola de asesinatos de ex guerrilleros, líderes comunitarios…

Sin que lo hubiese exhibido en la campaña electoral que lo llevó a la Presidencia, el mandatario Iván Duque ha estado realizando una cruzada de odio contra el Gobierno Bolivariano de Venezuela y una tergiversación total en los medios de comunicación para dejar en un segundo plano a la continuada y cada vez más intensa ola de asesinatos de ex guerrilleros y centenares de líderes comunitarios, sindicales e indígenas, que ahora se extiende por toda Colombia y no solo en su parte más abandonada y empobrecida.

Ha arremetido contra el Acuerdo de Paz firmado en La Habana por el anterior gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, después de cuatro años de conversaciones, y puesto a punto de mate a las oficiales con el Ejército de Liberación Nacional, desoyendo consejos y advertencias de organismos internos y externos que recomiendan que se acabe de generalizar el proceso para finalizar con más de 50 años de guerra.

Y es que para él no existe más que fortalecer el capitalismo neoliberal, con la entrega de lo que queda de la propiedad pública a la privada, así como la abierta dependencia de Estados Unidos, que hace y deshace en la política del país.

Recordemos que Iván Duque asumió la Presidencia después de una campaña en la que, por primera vez en décadas, se puso en discusión el modelo neoliberal y emergió un movimiento ciudadano que fortaleció discursos progresistas centrados en la restitución de derechos.

Aunque la historia reciente de su partido Centro Democrático indica que puede haber retrocesos en términos de derechos sociales, el momento político del país es distinto al de hace una década: existe una oposición fuerte —respaldada por más de ocho millones de votos— que se proyecta con diversidad de alternativas para construir un país distinto al existente.

Pero esto, lamentablemente, parece inviable, cuando hay una persona que administra una gobernabilidad con el autoritarismo de su partido y con las tradicionales componendas clientelares, además de irrespetar a la oposición política y tener una agenda al servicio de los vaivenes de Estados Unidos. Para ello, el gobierno mantendrá una continuidad en materia de política exterior, marcada por la agenda de EE.UU., que lo apoyó en su ingreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Asimismo, se ha puesto al servicio de los latifundistas que le apoyaron en la campaña y, a la vez, ha echado a un lado el compromiso de honrar la palabra del Estado en el cumplimiento de la Reforma Rural Integral que, teóricamente, haría viable a largo plazo el maltratado Acuerdo de Paz, al que trata de eliminar totalmente, con el fin de obtener ingresos por otra vía, porque la economía no tendrá los ingresos petroleros que tuvo su padrino Álvaro Uribe entre el 2002 y el 2010, y tiene una agenda explosiva en materia de salud, pensiones y educación.

Estará compelido a negociar su plan de gobierno, mucho más por la situación que atraviesa su principal aliado, Álvaro Uribe, quien, por primera vez, irá a juicio sindicado de manipular testigos para realizar montajes judiciales en contra del senador Iván Cepeda, del Polo Democrático. Una causa en la que Uribe puede salir triunfador por el poder que ostenta, apoyado por los medios de comunicación y una buena parte del establishment —si bien le costará esfuerzos y parte de su capital político.

En lo que se refiere a Estados Unidos, sus primeros pasos han sido de continuidad y profundización de las relaciones con una nación que maneja siete bases militares en el país, bajo el pretexto de un Plan Colombia para combatir el narcotráfico, pero lo real es que se prepara para alimentar a los movimientos que conspiren y atenten contra gobiernos que tengan una política soberana, como se demostró con la complicidad en el recién fracasado magnicidio en Venezuela.

A su vez, Duque proclama la inmensa ayuda norteamericana en el combate al narcotráfico, pero este se ha seguido expandiendo, con producción récord de coca, al tiempo que se asiste a una guerra entre pandillas por su control, aunque siempre se tendrá que pagar el tributo a personeros oficiales.

Así, entre pandillas, paramilitares, narcotraficantes, latifundistas, militares norteamericanos y otras excrecencias y miasmas, se desenvuelve el naciente desempeño de Duque, quien, a pesar de su pomposo apellido, no tiene nada de noble.

 

(Arnaldo Musa, CubaSí)

 

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