COLOMBIA. De cómo un patrullero ateo ganó el juicio por no cantarle a Dios

El 11 de octubre de 2019, el patrullero Sergio Andrés Ramírez fue amonestado verbalmente por sus superiores y obligado a trascribir el himno y el código ético de la Policía colombiana, en castigo por no cantar y recitar ambos textos durante una ceremonia realizada en el Comando de esa institución en Villavicencio, 72 kilómetros al sur de Bogotá. Según el testimonio de sus superiores, el patrullero asumió una «actitud displicente, irrespetuosa y falta de decoro, antes esos símbolos» y además «no se puso en posición fundamental (firme)» durante la entonación de ambas composiciones.

¿Puede un policía negarse a cantar el himno de su institución? La respuesta a esa pregunta siempre fue no, pero el pasado 12 de febrero, una jueza de Villavicencio dejó un precedente al respecto:  “Sin desconocer la disciplina castrense que inspira las fuerzas de policía, se debe reiterar que las entidades oficiales no podrán imponer a sus funcionarios la asistencia obligatoria a ceremonias religiosas, por nobles que sean sus ideales, lo que de suyo implica la profesión de fe en himnos y juramentos institucionales, pues de hacerlo, el Estado estará vulnerando los derechos a la libertad religiosa y de cultos que contempla la Carta Política”.

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