Cataluña: De la ingenuidad del «Sí se puede» a la realidad de un estado represivo

El eslogan de la derecha argentina representada por el descerebrado Mauricio Macri es «Sí se puede». El mismito que usó Obama y el 15-M. Si lo interpretamos como una proclama positivista y optimista sobre la necesidad de unir gente buscando mejoras y cambios, y nos quedamos en una capa superficial, todo parece encantador. El problema surge si lo que queremos decir es que dentro del actual marco legal que ellos (la clase dominante) llama «democrático» sí se puede construir una sociedad socialista, y que los poderes facticos (y no) van a quedarse con los brazos cruzados observando, porque entonces podemos pecar de una ingenuidad cercana a la estupidez. Una especie de «Sí se puede» pero con las leyes del enemigo de clase, con sus tribunales y sus fuerzas del orden.

Parte de la organizaciones soberanistas catalanas han hecho de la credulidad (y la ignorancia) su leit motiv, su confianza en que España es un país democrático, con separación de poderes, con igualdad de derechos, y que iba a permitir que se ejercieran, como por ejemplo decidir su futuro como pueblo, es tan iluso como imaginar que el socialismo y la república saldrá del cambio de leyes en el parlamento nacional con una proposición de ley que presente algún diputado/a inspirado en la lucha de clases.

No querer ver la realidad antidemocrática del actual estado español, como no podría ser de otro modo en una sociedad dividida en clases, es vivir en la engañifa y lo que es peor, transmitir a los votantes la falsa ilusión que poco a poco avanzaremos a una sociedad sin clases, saca la sonrisa de los poderosos.

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