CARLO FRABETTI. Negar la mayor

Si un silogismo parte de una premisa mayor falsa, no es probable que llegue a una conclusión verdadera. Y en el terreno del diálogo (político o de cualquier otro tipo), si no se parte de la misma premisa o conjunto de premisas, no es probable que se llegue a un acuerdo, ni siquiera a un mínimo entendimiento.

Los interminables y reiterativos diálogos de besugos entre independentistas timoratos y unionistas prepotentes son, en realidad, monólogos ensimismados incapaces de encontrarse, aunque solo sea para entablar una batalla de ideas digna de ese nombre, porque los unionistas parten de una premisa mayor falsa y los independentistas, salvo raras excepciones, no la refutan con la debida contundencia: no niegan la mayor, y a veces no solo no la niegan, sino que la acatan de forma expresa.

Y la falsa premisa mayor de los españolistas/unionistas/constitucionalistas, que invalida de raíz todo su discurso, es que “España es una democracia” (y a menudo añaden incluso, sin ningún pudor, adjetivos como “avanzada” o “consolidada”). Y si la supuesta oposición al españolismo no rechaza de plano esa falsa premisa -si no niega la mayor- su discurso pierde claridad y contundencia, cuando no zozobra penosamente.

Y si el discurso de la supuesta oposición no solo no refuta de forma explícita la falsa premisa, sino que la acepta, aunque sea con reservas, entonces deja de ser oposición y se convierte, según los casos, en servilismo cómplice, oportunismo electoralista o inútil pamema.

Hay que decir alto y claro, y repetirlo sin cesar, que España no es una nación democrática, y ni siquiera es una nación: es un Estado opresor, heredero del franquismo, que sojuzga a las naciones verdaderas con el pretexto de salvaguardar una nación ficticia, inventada -e impuesta a sangre y fuego- por los Reyes Católicos y reinventada -e impuesta a sangre y fuego- por Franco y sus herederos.

Cuando el portavoz de ERC, entrevistado por una de esas presentadoras impresentable que en las televisiones españolas ofician de politólogas, dice que “España es una gran democracia, aunque con lagunas”, nos está diciendo, con total desprecio de las siglas que ostenta, que es muy poco de izquierdas, muy poco republicano y muy poco catalanista. Porque decir que “España es una gran democracia con lagunas” es como decir que el Sáhara es un gran vergel con zonas arenosas. En el árido Estado español hay algunos oasis de democracia, es cierto; ya no es una dictadura, es cierto; el fascismo explícito y su abyecta versión autóctona, el nacionalcatolicismo, han cedido buena parte de su poder, es cierto; pero el régimen del 78 está tan lejos de ser una democracia digna de ese nombre como el PSOE de ser socialista y obrero.

Diríase que el portavoz de ERC (y con él su partido en la medida en que no lo desautoriza) quiere darle a España la imagen de un independentismo bueno, o menos malo, para apalancarse en el Congreso; pero, con la que está cayendo, no son tiempos para nadar y guardar la ropa, y los CDR lo tenían claro cuando lo expulsaron de su manifestación, en Barcelona, al grito de botifler. Porque para decir que España es una gran democracia hay que ser un necio o un rufián. Con minúscula.

 

Carta relacionada:

 

Carta abierta para el señor Gabriel Rufián

 

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