BRASIL. La Reforma Laboral y el sistema de jubilaciones impuestos por Temer tuvieron amplia contestación en las calles

Ayer viernes se desarrolló el Día Nacional, una movilización en todo el país en defensa de los derechos, la soberanía y la democracia. Movimientos sociales y trabajadores salieron a las calles para mostrar su rechazo a las reformas laborales y del sistema de jubilaciones impulsadas por el Gobierno NO ELECTO de Brasil, presidido por Michel Temer.

La movilización se realizó en 24 Estados del país, incluyendo el Distrito Federal de Brasilia. Las contundentes protestas se llevaron a cabo justo un día antes de la entrada en vigor de la llamada Ley de Flexibilidad Laboral, sancionada el 13 de julio por el Gobierno de facto del corrupto presidente Temer. Esta Ley incluye la legalización de prácticas que precarizan el trabajo.

A partir de hoy, sábado, los patrones determinarán las vacaciones, el tiempo del almuerzo y las horas de trabajo de los empleados, sin pasar por el gremio sindical, lo que demuestra un claro beneficio para los dueños de las empresas.

La medida neoliberal ha sido criticada por sindicatos, movimientos sociales y trabajadores en general, la cual forma parte del plan de ajuste económico impulsado por el Gobierno de facto.

A partir de ahora, los sindicatos no podrán contar con la participación de los trabajadores, lo que supondrá un gran golpe para el gremio sindical, debido a que no contarán con recursos y quedarán de manos atadas frente a otras reformas que se vienen implementando por Temer y su nefasto Gobierno.

No cabe duda de que la Reforma Laboral sancionada por Temer beneficia al empresario y no a los trabajadores, pues entre sus puntos más polémicos destaca que legaliza la contratación temporal incluso por pocas horas y permite ampliar la jornada de trabajo de 8 horas a 12 horas diarias.

La nueva Ley también aumenta la edad mínima de jubilación a los 65 años de edad. Igualmente promueve la tercerización, al autorizar a las empresas a contratar servicios de terceros hasta para la actividad final que prestan las propias compañías.

No es que Brasil fuera el paraíso con el Gobierno de Dilma Rousseff, pero con el del presidente ilegítimo Michel Temer se ha experimentado un retroceso mayúsculo en las conquistas sociales y laborales .

 

 

 

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