BORROKA GARAIA DA! Reventar el sistema o acabar reventados

Antiguamente se entendía que la reclusión, pese a existir desde el principio de los tiempos, no aportaba gran beneficio y que la muerte, mutilación o la esclavitud para trabajos forzosos era lo que daba mayor rendimiento político y económico para cualquier estructura de poder, sean monarcas, señores feudales o colonialismo.

Durante el siglo XVIII se pone en marcha la revolución industrial. Al mismo tiempo aparece “lo sobrante” de la mano de obra “en función” de la aparición de diversa maquinaria y otros factores. Se producen migraciones, del mundo rural al urbano, crecen esos núcleos, se empiezan a configurar pueblos o barrios obreros. Ese es el momento histórico exacto de la aparición de la cárcel tal como la conocemos hoy. Por mucho que sorprenda, la cárcel como pena, apenas tiene unos siglos.

La aparición de la cárcel como pena no fue una respuesta a la “delincuencia” sino una respuesta de las burguesías de cara a disciplinar y estructurar a sus nacientes clases obreras y sus elementos sobrantes. Es decir, de cara a gestionar la pobreza y sus consecuencias. Luego la cárcel no supone más que la respuesta de las burguesías para el mantenimiento de la pobreza, ya que en caso de desaparición de ésta, la burguesía no sería tal. Es por ello que la cárcel no es nada más y nada menos que una institución que permanece para salvaguardar los privilegios de los de arriba. No existe ningún otro motivo pese a las toneladas de basura pseudo-humanista y ética que las liendres con toga y sus amigos lanzan a diario en un intento de humanizar sus regímenes penitenciarios.

Salvaguardar los privilegios de los de arriba en Euskal Herria, es decir, el mantenimiento de la opresión nacional y social, entre otras cosas se traduce con cárcel.

No existe ninguna generación viva en Euskal Herria que haya conocido un contexto sin presos y presas políticas vascas. La existencia de esta figura data de fechas anteriores incluso al alzamiento fascista español de 1936. El encadenamiento década tras década, guerra tras guerra, conflicto tras conflicto, se pierde en la historia de este país, por siglos. Y no hay nada, absolutamente nada que indique que no vaya a dejar de haber represión, prisioneros y prisioneras políticas vascas mientras los estados español y francés tengan cárceles, una soberanía usurpada en Euskal Herria que mantener donde imponer el capitalismo y sectores de la sociedad vasca empobrecidos o que luchen por la libertad. Pues las cárceles solo están llenas de pobres, enfermos, o luchadores y luchadoras por la libertad. En eso es en lo que pensaban los burgueses que diseñaron las cárceles. Y por eso, y por muchas cosas más, pensamos que la amnistía va unida a la libertad de todo un pueblo. Tanto como que sin más demora se debe poner una solución a la situación del preso político vasco Patxi Ruiz, en huelga de hambre y sed, que ha tenido que llegar al extremo de poner en peligro su propia vida ante la criminalidad de unos carceleros y un sistema penitenciario dirigido, gestionado, sustentado y apoyado por el PSOE, Podemos, PNV, y todos sus colaboradores.

En estos momentos, tanto el gobierno español como el francés solo tienen una cosa en mente: Reactivar en el menor tiempo posible las medidas que sean necesarias para gestionar las nuevas cotas de explotación. Ni que decir tiene que los gobiernos lacayos autonómicos no tienen ninguna otra función que hacer lo mismo.

Y digo gestionar, porque las cotas de explotación y los reajustes que tendrá que pagar la clase trabajadora ya vienen dados por defecto, pues en caso contrario, en caso de que la clase trabajadora no cargara a sus espaldas con los destrozos de la nueva fase capitalista y las consecuencias de la crisis sanitaria, el propio sistema no sería viable. Es decir, no se puede mantener al mismo tiempo a una clase trabajadora sana, con derechos y satisfecha de sus necesidades, mientras al mismo tiempo la burguesía haga lo propio. Por mucho que los ideólogos nazis dijeran que sí es posible, cosa que comparten con la socialdemocracia , el caso es que el estado burgués se basa precisamente en que la burguesía existe por la única y simple razón de que es la que creó a la clase trabajadora como hoy la conocemos para servirse de ella. Si no fuera el caso, el estado burgués se evaporaría por falta de compadecencia. De ahí que la única salida a la situación actual y que la clase trabajadora no pague por ello es reventando al sistema y en el caso de que no ocurra, la clase trabajadora será la reventada.

Claro que para los piadosos progres del mundo que después de varios siglos aún siguen charlataneando de la reformabilidad de las instituciones del estado burgués, mientras siguen ocupando cargos, butacas, platós o prebendas ofrecidas por el propio estado burgués (por eso no tienen excesiva prisa para nada sino es para pillar votos), todo esto les supera, de ahí que sean de facto meros satélites subsidiarios del capital y de gobiernos estabilizadores de la normalidad de la rapìña.

Decía que esos gobiernos de la rapiña solo tienen una cosa en mente, en realidad también tienen otra: Lanzarnos todo tipo de manipulación de masas y propaganda mientras nos la meten doblada. Precisamente el enaltecimiento de la policía y los militares, verdaderos parásitos sociales, son uno de esos focos propagandisticos porque son y serán los encargados de hacer uso de la violencia reaccionaria para que la clase trabajadora acabe aceptando su presente y porvenir de sumisión y aplastamiento. Y el PSOE sabe mucho de eso.

Mientras la clase política parece un anuncio de navidad apelando al sentimentalismo intentando sacar tajada de la situación, mientras la clase trabajadora se encuentra en un momento de indefensión… es destacable el papel cobarde que están realizando sus esbirros policiales en Euskal Herrria que no se les ha ocurrido otra cosa que relanzar la campaña de violencia reaccionaria en medio de la crisis sanitaria contra los gaztetxes y casas ocupadas. Siempre pueden ser más despreciables y nunca cabe olvidarlo.

Hoy, mientras el sufrimiento, el vertigo y la ansiedad ante el presente y el futuro se abre paso en cada vez un espectro social más numeroso en Euskal Herria, solo caben dos opciones: reventar el sistema o acabar reventados. La clase trabajadora vasca debe auto-organizarse para lo primero de forma independiente y sin ninguna hipoteca ni lazo de colaboración y estabilización con institución burguesa alguna de los estados y sus correas autonómicas en el camino de la creación de sus propias instituciones y fuentes de legitimidad.

 

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