BOLIVIA. La extrema derecha secuestra a una alcaldesa del MAS y quema la alcaldía

Tras cuatro horas de agresiones y vejaciones, la alcaldesa Patricia Arce fue rescatada por la Policía después que un grupo fascista autodenominado «Resistencia Cochala» secuestró y agredió fuertemente a la alcaldesa del municipio de Vinto, Patricia Arce, perteneciente al Movimiento Al Socialismo (MAS), partido del presidente Evo Morales. También quemaron la sede de la alcadía.

La funcionaria fue arrastrada por la calle, obligada a caminar hasta Huayculli, en Quillacollo, donde fue montada sobre una tarima para cortarle el cabello y echarle pintura roja. Los agresores, muchos de ellos jóvenes con palos y piedras, la insultaron y la obligaron a decir que dejaría el cargo.

El hecho ocurrió en la región central de Cochabamba, donde se han registrado varios actos de violencia por parte de opositores que son apoyados por Luis Fernando Camacho, dirigente del Comité Pro Santa Cruz, y principal propulsor de las protestas violentas.


Tras el anuncio del opositor Camacho de viajar a La Paz en busca de la firma a una carta de renuncia por parte de Evo Morales la respuesta popular no se hizo esperar. Lo había anunciado la noche anterior, luego de que finalizasen las 48 horas que le había dado al presidente Evo Morales para dejar el Gobierno.

Su llegada al aeropuerto despertó la reacción esperable: El Alto es uno de los territorios donde hay un mayor apoyo a Evo Morales, y una fuerte organización popular, con movimientos como la Federación de Juntas Vecinales o los Padres de Familias de El Alto.

Fernando Camacho no debía salir del aeropuerto para llegar hasta La Paz y así sucedió. Los habitantes de la ciudad de El Alto fueron hasta la entrada y no dejaron que saliera. Pasaron toda la noche hasta la mañana con el objetivo de que el dirigente opositor de la ciudad de Santa Cruz no pisara el centro político del país.

Camacho tuvo que regresar a Santa Cruz sin la renuncia firmada y sin haber levantado un apoyo popular capaz de pedir por él. En la entrada del aeropuerto había cerca de 2000 personas, muchas mujeres, con sombreros, polleras grandes, tejidos de colores, hombres humildes, convencidos. «Que se vaya a su Santa Cruz, a nosotros nos maltrata, nos pega, nos discrimina, diciendo que somos indios, que se vaya, no lo queremos aquí», afirmó una mujer rodeada del piquete.

La movilización del pasado martes 5 fue la más grande de los últimos tiempos. A la cabeza estuvo la Central Obrera Boliviana (COB), con su dirigencia, los distintivos cascos, así como los estallidos de dinamita que parecen hacer retumbar hasta las montañas. Las columnas bajaron desde El Alto hasta La Paz atravesando la ciudad, con mineros, comunidades indígenas, vecinos, trabajadores.

«Desde Santa Cruz quieren mandar a todo el pueblo boliviano, no vamos a aceptar eso, el pueblo boliviano está constituido por su cultura donde hay mineros, campesinos, indígenas, un sinfín de culturas y etnias y todos somos bolivianos, y estamos con todos los sectores movilizados para exigir ese respeto», afirmó Juan Carlos Huarachi, secretario de la COB.

Morales llamó a «enfrentar, rechazar, y derrotar el golpe de Estado de los racistas que intentan recuperar el poder político (…) otra vez ha vuelto la discriminación, otra vez humillar al pueblo, se envuelven en la bandera boliviana para patear al hermano», afirmó desde la tribuna de la plaza repleta.

Desesperado y peligroso. Camacho avanza en una escalada de la cual no puede dar marcha atrás, y a cada paso redoble la apuesta sin conseguir los resultados que promete. Ha logrado, sí, dentro de su plan, aislar a Santa Cruz, desatar una violencia opositora en sus calles, así como en las de Cochabamba y, en menor medida, en La Paz.

Cuenta para esa violencia con grupos de choque que ha traído hasta La Paz, que actúan camuflados dentro de las protestas opositoras, como la que el martes 5 en la noche organizó en el centro paceño. El fin es generar el mayor río revuelto posible.

La otra figura opositora es Carlos Mesa, quien salió segundo en las elecciones presidenciales del 20 de octubre, y que, si bien no está al frente de las movilizaciones callejeras, llama a redoblarlas y pide la renuncia del presidente, del Tribunal Supremo Electoral y nuevas elecciones generales.

Tanto él, como Camacho, rechazan la auditoría en marcha, en la cual está presente la Organización de Estados Americanos y el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica. «Si uno está seguro que ha habido fraude debería estar feliz de llevar todas las pruebas a los organismos internacionales», afirmó Evo Morales durante el acto.

Fuente: Sputnik News

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