BIANCHI. ¡Es la economía, estúpido!

 

Siempre me ha repateado esta expresión anfibológica pues lo mismo parece dirigirse, si juzgamos por el denuesto, -«estúpido»-, a gentes ignaras en esa materia -la «economía»-, que parecen despreciar, que, digo, se dice, y parece lo más probable, en un tono sarcástico, que es nuestra intención, añadiendo un calificativo: «política»: ¡es la economía política, estúpido!, que es como la llamaba Marx.

Es común decir que la economía es una materia árida, que de lo que entiende el pueblo es de «microeconomía» -quizá por sufrirla en sus carnes- cuando de lo que le hablan -los «expertos»- es de «macroeconomía». Y así es, en efecto.

No haré ahora una vulgata o manual para no entendidos en Economía (política) -entre otras cosas porque yo mismo apenas tengo puta idea de la misma-, pero tampoco diré que se renuncie a entender los intríngulis de la economía burguesa, sobre todo para desentrañar sus falsedades, descubrir sus mentiras y denunciar sus contradicciones ideológicas que son las del capitalismo en general.

La primera y fundamental de las contradicciones del capitalismo es la contradicción que se da entre la propiedad de los medios de producción en manos de la burguesía y el carácter social de la producción realizada por la mayoría, por los trabajadores, que no tienen otra propiedad que su fuerza de trabajo que venden al capital si quiere sobrevivir. El hecho de saber esto no tumba de facto un sistema o modo de producción injusto -el capitalismo: el socialismo todavía no lo hemos probado a ver a qué sabe-, pero ayuda a tomar conciencia (política), contagiarla y transformarla en una situación revolucionaria donde ya no hay cretinismo parlamentario burgués que valga ni sus parásitos.

Ocurre que, en el tránsito del capitalismo al museo de la historia (como la rueca, decía Engels), tránsito violento, hay quienes retardan su fin «explicándonos» la economía (ya no «política») a los «estúpidos». Y ello metiendo de contrabando frases tópicas y típicas a modo de mantras y artículos de fe que jamás explicarán que la crisis, por ejemplo, se debe a la ruina del capitalismo y sus contradicciones resueltas, para ellos, en guerras y pauperizaciones.

Hoy mismo acabo de escuchar en una cadena televisiva, que pasa por ser «rojilla», a un «especialista» (del PsoE, para más cojones, aunque ya tenemos una edad para sorprendernos de nada y hacer aspavientos) decir que qué se prefiere (se dirigía a una colega de su cuerda): ¿subir el salario mínimo o bajar la cifra del paro? Daba a entender (aparte de suponer que la subida del SM obligaría al empresario a echar trabajadores) que ambas cosas, sendas medidas, eran imposibles al mismo tiempo: o una o la otra.¿Y por qué? Pues no le preguntaron eso, pero hubiera respondido (sin despeinarse, aunque era calvo), si le hubieran preguntado, que por causa (=culpa) de una contradicción. No añadió «…del capitalismo» porque ni le preguntaron ni le pagan para que lo diga. Y, caso de decirlo, se hubiera hecho con cara de cemento o un estoico «esto es lo que hay».

En otras palabras, la ley de la selva bajo el capitalismo. Sólo que quitándose la máscara y chantajeando -esta es la palabra- ya directamente al personal con «si prefieres esto (SMI), atente a lo otro (incremento del paro y, encima, por culpa tuya)». El capitalismo no tiene nada que ver: ¡es la economía, estúpido!

Good morning, sunshine.

 

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