BERNAT DEDÉU. Los malotes de la CUP visitan el Congreso

En el extraordinario reciente vídeo de campaña de la CUP vemos a los cabezas de lista del próximo 10-N (Mireia Vehí, Eulàlia Reguant, Albert Botran y Aleix Auber) protagonizar una pintoresca visita a los recovecos del Congreso que acaba con una ocupación simbólica de su archiconocido hemiciclo. El cortometraje casero aparece en Twitter con el siguiente texto: «Hola (emoticono de unos dedos en señal victoriosa). Ya estamos haciendo cosas que no podemos hacer (emoticono de una cara con gafas de sol y repetición del gesto triunfador)», todo ello aliñado con el hashtag #LaRojaIngovernable. Los primeros minutos del paseo parecen una copia posmoderna de La Ciudad no es para mí: deambulando por el lugar como turistas de payés, los cuperos se admiran ante un ATM de CaixaBank  (“Goita, el règim!”), contemplan empavorecidos unas fotos de los monarcas españoles (“Té un rotllo com que ells són tan grans i nosaltres tan petits, no? Et dona el rotllo del poder. Una pregunta: a nosaltres el Rei ens farà allò de venir-nos a veure?”, dice Vehí) y acaban leyendo con sorna algunos artículos de una Carta Magna gigante: “Només en compleixen un ―diu Auber―; la indisoluble unidad de la nación española”.

Pero lo mejor de la gesta llega con la entrada prohibida y clandestina al hemiciclo, donde los cuperos filman imágenes con el teléfono móvil, como si la incursión en la selva de butacas tuviera que registrarse a la manera de Lars von Trier cuando era joven y tenía poca pasta. “Bueno, pues hem entrat, això no es pot fer; ja comencem a fer coses que no es poden fer”, dice la cabeza de lista cupera. “Atabalar la dreta i estressar l’esquerra. Hem vingut a fer això ingovernable fins que no ens garantiu els drets”, sentencia Reguant entusiasmada, disparando el leitmotiv que resumiría la lucha cupera de los próximos cuatro años en la capital del reino. La orgía revolucionaria de los traviesos acaba con la osadía de colgar un cartel electoral del partido en la tribuna de oradores. Como os podéis imaginar, tras ver esta obra magna del cine político contemporáneo y su guión contestatarios de caca-pedo-culo-pis, los aparatos del Estado deben tener los cojones y ovarios por corbata. Porque si el espíritu malote del partido independentista más radical, queridos lectores, consiste en dicha meadita del primer Rufián (no el de ahora, que es todo un hombre de estado), España ya puede respirar más que tranquila.

El infantilismo con el que la CUP se dirige a sus futuros electores es de gran lógica. Primero, y más superficialmente, porque cuando uno adapta el discurso de “romper el régimen del 78” tan típicamente podemita y conscientemente irreal se debe tratar al prójimo como si fuera un retrasado mental que se contenta con una resobadísima zanahoria política. Pero, a un nivel más profundo, los cuperos han admitido (consciente o inconscientemente) que la única forma de dialogar con un pueblo acostumbrado a que le traten como a un bebé es mediante un lenguaje absurdamente chiquillesco. Productos audiovisuales como el que comento resultan óptimos para que los papis convergentes y republicanos indignados con el Govern que envía a los Mossos para cascar a sus hijitos digan eso de Ai, mira que no m’agradaven gaire aquests nois desendreçats de la CUP, però, no sé, ara els votaré perquè em semblen molt graciosos. La CUP acierta, insisto, porque mal que me duela, hoy sólo es posible dirigirse al pueblo de Catalunya con esa voz aflautada mediante la cual muchos adultos hablan con los niños como si fueran asnos. Donde antes teníamos la mirada felina de Anna Gabriel, ahora tenemos Barrio Sésamo.

Hace días, mis lectores (y algunos padres de la patria) me acusaron de frivolidad tras leer un artículo donde declaraba que iría a votar en blanco a los próximos comicios. Pues bien, a día que pasa creo haber elegido mejor. Prefiero mil veces negar el voto a la oligarquía indepe que no abonar un lenguaje político que provoca auténtica vergüenza ajena, así como votar a unas formaciones que han sido partícipes de la represión violenta contra el pueblo a quien deberían proteger. ¿Frivolidad? Mirad este vídeo con las chiquilladas de los malotes haciendo el ganso con su póster en el Congreso, y todo ello pagado con un sueldo del reino de España, y después volvemos a hablar de quién coño es el frívolo.

 

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