Autodeterminación y rebelión

Desde tiempos ancestrales las comunidades se fueron conformando por la necesidad de apoyo mutuo de cara a la supervivencia y por la propia idiosincrasia del ser humano como ser social. Ninguna persona podría vivir solo como individuo aislado, por no poder no podría ni adquirir un lenguaje. Por lo que en realidad todo lo que hemos llegado a ser, ha sido siempre en relación a algo colectivo.

El desarrollo de estas diversas comunidades abrieron paso a la biodiversidad humana con sus diversas culturas, cosmovisiones, lenguajes, formas de ver la vida y estar en el mundo. Todas estas cosas nunca fueron estáticas sino que evolucionarían (y lo siguen haciendo) abriendo muchas disparidades tanto a nivel colectivo como individual. Las naciones por tanto serían esa forma en apariencia contradictoria en la que una comunidad humana concreta alcanza la percepción de su propia colectividad. Es decir, la reflexión en el ser humano como parte de un colectivo dentro de una biodiversidad más amplia que es el género humano en su totalidad, que pese a ser único no es monolítico.

Hace bastantes miles de años se produjo un estallido violento. Un fenómeno que a través de la conformación de la jerarquía y su ejercicio del poder introdujo el esclavismo, el patriarcado y la división social. Los diversos pueblos y comunidades del mundo fueron puestos bajo el mandato de castas y clanes. Tiempo después ocurriría lo mismo con el feudalismo donde reyes y nobleza se proclamaban por encima de los pueblos como únicos valedores y portadores de la soberanía. Así llegamos a la etapa histórica actual donde el régimen feudal es depuesto por la clase burguesa que empezaría a conformar estados, es decir, monopolios de la violencia a su servicio en un territorio determinado. Ni que decir tiene que a lo largo de este proceso de siglos las diversas comunidades, las naciones, han sido divididas, algunas eliminadas por completo, otras colonizadas, minorizadas, y un buen número de ellas han sufrido el no reconocimiento o lo que se suele llamar opresión nacional. Todo esto ha ocurrido determinado por la lucha de clases en pugna por modos de producción y por su control propietario privado.

Por ejemplo, para la conformación del estado español fue necesario un precedente de conquista imperial por ciertos reinos peninsulares y unas guerras posteriores para imponer un mercado y la hegemonía burguesa. El nacionalismo de estado que se conformaría tras esas guerras en ausencia de una comunidad nacional y como forma precisamente para estructurar una identidad nacional impuso el artificio de “lo español”, en un territorio donde no existía ninguna comunidad nacional española sino diversas comunidades nacionales. Por lo tanto de ahí en adelante el proyecto nacional español sería el proyecto de la burguesía que necesitaba uniformizar o asimilar las naciones en su seno por las necesidades de su mercado. Lo que derivaría en el españolismo, que no significa ninguna otra cosa que la salvaguarda del interés burgués mediante el monopolio de la violencia en un territorio determinado y por encima de cualquier voluntad de las naciones a las que confronta y de la clase trabajadora. La “unidad de españa” es solo el disfraz identitario de su verdadera esencia, que no es ninguna otra cosa que la supremacía de los ricos a través de su estado.

Para la izquierda internacional, históricamente el derecho de autodeterminación de todos los pueblos ha sido un axioma fundamental. De hecho, fue la izquierda revolucionaria, y concretamente el marxismo el que tuvo más efusión en ello, el que teorizó inicialmente su significado y contenido. Llegando hasta el día de hoy donde es aceptado universalmente como derecho fundamental de los pueblos. Una nación no se debe a nadie que no sea así misma y a su ahora, por mucho que el pasado haya sido de opresión nacional, ni es deudora de pactos que pudieran haber hecho sus clases dirigentes.

Algunos creen que ni siquiera la ilustración ha pasado, el derecho natural que reclamaba la ilustración en los prolegómenos de la revolución francesa, a saber, que aunque las leyes no lo recojan, las personas y colectivos tienen derechos pre-existentes y superiores a lo que la ley disponga. Y es que efectivamente el derecho de autodeterminación está por encima de toda ley porque precisamente es la situación pre-configurativa de la ley, y si precisamente se reivindica la autodeterminación es debido a que la ley de cierto estado se opone con violencia a tal derecho. Luego ningún estado puede ser juez y parte. El único juez es el referéndum de autodeterminación.

Si una nación que aspira a su soberanía y ante ello encuentra la oposición del estado o estados que la someten y no encuentra una vía de ruptura está sentenciado. Si espera a que los estados cambien de opinión, está sentenciado. Si cree que no enfrentándose a los estados desaparecerán las imposiciones por generación espontánea, está sentenciado. Si cree que organismos internacionales del capital les sacará las tostadas, puede esperar sentado si esa autodeterminación no favorece el ordenamiento que ha dispuesto el propio capital.

En estos momentos desgraciadamente Euskal Herria no está en condiciones ni ha estado recientemente de dar la única ayuda que pueda significar algo realmente en el proceso de autodeterminación catalán, es decir, crear una crisis desestabilizadora. Al contrario, hoy se frotan las manos los estados español y francés por el ejemplo de estabilización reformista y ayuda a la gobernabilidad estatal. El estado español porque así puede señalizar y aislar a la clase trabajadora catalana, y el estado francés porque ante la inestabilidad de los chalecos amarillos, pueden hacer hasta sus G7 en la “retaguardia” sin apenas costes.

Pero nada es firme. El proceso de autodeterminación supone autoorganización hasta la ruptura de las masas progresivamente libres de interferencias de viejas instituciones y de cúpulas de partidos céntricamente institucionalistas, normalmente presos de sus propias contradicciones. Y supone autoorganización social para iniciar la construcción del nuevo espacio. La lucha por el estado socialista vasco no está perdida, aunque sí desorganizada, enfilarla creará las condiciones para que Euskal Herria vuelva a ser lo que significó, pero esta vez con las lecciones aprendidas para culminar la matxinada.

 

(Borroka garaia da!)

 

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