El foco del momento político está tan pero tan derechizado, que, cualquiera que respetando las reglas del capitalismo (faltaría más), pero diciendo que lo hará desde una perspectiva «progresista», es expuesto a la sociedad como un «peligroso» izquierdista. Las carcajadas de los dueños del poder retumban en todas las Bolsas y sus mansiones de lujo. El menosmalismo (es mejor este alcalde que un trumpista, dicen), hace el resto para que el sistema sea inamovible.
Poco después de entrado el año nuevo, Mamdani juró en el cargo ante la fiscal general de la ciudad, Letitia James, en una ceremonia privada en una inutilizada estación de metro estilo «beaux arts», para resaltar la importancia del transporte público y su intención de convertirlo en «la envidia del mundo». Antes, dijo que gobernará con criterios socialistas democráticos. Trump lo calificó de «comunista radical», pero Donald, es sabido, no es un referente para hacerle mucho caso.
