ARNALDO MUSA. Guerra Fría cada vez más caliente

Se habla de la continuación de la Guerra Fría, escenario surgido luego de la Segunda Guerra Mundial entre las principales potencias nucleares, Estados Unidos y la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), cuyo heredero es hoy la Federación Rusa.

Y es que EE.UU., atacando convenios y organizaciones internacionales e imponiendo sanciones a diestra y siniestra, mantuvo e intensificó una política de chantaje nuclear.

Pero no impidió que naciones aliadas y otras no tanto accedieran al poder nuclear, siendo Rusia la principal exponente en contenido y calidad, con la cual se vio obligado a tramitar convenios que iban a impedir supuestamente la carrera armamentística, especialmente en la rama atómica, la más peligrosa.

De una manera u otra, tratado tras tratado de EE.UU., con Rusia fueron siendo incumplidos por los halcones que controlan el Pentágono, sedientos de probar tales armas, además de las químicas, en naciones que no le    podrían dar debida respuesta y ubicadas a miles de kilómetros de distancia, tal como siempre ha preferido el establishment estadounidense.

Así, han fracasado las más recientes conferencias sobre la eliminación de armas nucleares, lo cual constituye una prioridad, pues ningún otro elemento tiene el potencial para causar tal destrucción sin sentido.

El asunto es que el único convenio que quizás valía la pena, el Tratado de No Proliferación Nuclear, no tiene avance alguno y se corre el riesgo perpetuo de detonantes y catástrofes naturales.

Esto se debe a que los cinco estados con armas nucleares contemplados en el Tratado tratan a éste como un documento que les da permiso para modernizar sus arsenales a perpetuidad, mientras otros gobiernos actúan camp si el convenio no tuviere nada que ver con ellos.

A las primeras cinco potencias nucleares, China, Estados Unidos, Rusia, Francia y Gran Bretaña, con el correr de los años se les ha agregado la República Popular Democrática de Corea, la India, Paquistán e Israel, las cuales no han firmado el acuerdo.

Lo cierto es que, a pesar de la inoperancia, el Tratado de No Proliferación Nuclear, de aplicación universal, está claramente en el orden del día como mejor forma de acelerar el desarme nuclear regional e internacional, reforzar el régimen de no proliferación y ejercer presión a todos los gobiernos con armas nucleares.

Cierto que entre 1990 y el 2010 se tomaron medidas en este sentido, mediante las cuales se redujeron considerablemente los arsenales nucleares, se clausuraron instalaciones de almacenamiento de estas armas y se dieron pasos para adoptar políticas al respecto más transparentes.

Pero este proceso se ha estancado en los últimos años, con un Estrados Unidos más belicoso que nunca, y ahora, en vez de avanzar, existen pruebas de que el proceso se está revirtiendo.

El Pentágono está modernizando este tipo de armas, por lo cual esta recibiendo una respuesta similar de Rusia y China, que se sienten amenazadas, mientras el Norte de Corea se mantiene con su arma atómica como garantía de no ser atacada por Estados Unidos.

Ello ha llevado a un estado de frustración, por la falta de acuerdos para evitar la proliferación nuclear y que esta Guerra Fría, que continúa, se vuelva aún más caliente.

 

(CubaSÍ)

 

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