ARGENTINA va de Macri en peor

El mes de julio ha marcado, como es habitual, bajísimas temperaturas en el termómetro de las noches en Buenos Aires, una realidad que contrasta con el aumento de las presiones políticas sobre el gobernante de la Casa Rosada, el conservador Mauricio Macri, quien ha echado atrás sus promesas de campaña, aquellas que se basaban en «gobernar para todos» e «insertar a Argentina en el mundo».

A pocos metros de la Casa Rosada, un mendigo le ofrece declaraciones al portal de noticias RT, en un reportaje acerca de las noches frías bonaerenses, donde se escucha no ya alguna promesa electoral perdida, sino la frase: «la desigualdad mata». Quienes hablan son en ocasiones licenciados en materias como sicología, o técnicos que pretendieron una mejor vida en la capital de un país repleto de recursos que no logra despegarse de un injusto reparto de esas riquezas y de la postura subordinada a la división mundial del trabajo impuesta desde tiempos fundacionales. Esos «sin casa» deben usar solo una noche los refugios del Estado, donde por demás no hay suficientes recursos y atenciones, por lo tanto, deambulan por los puentes y los parques, a la espera de un dadivoso plato de comida y cobijados en cajas de cartón.

Los «sin casa» piensan como sujetos de clase media, pero su nivel de precarización los condena a pedir limosnas, y aumentan a medida que la apertura sin barreras al capital externo y la desregulación de los precios encarecen la vida y vaporizan el valor de los salarios. Muchos de ellos tuvieron un empleo, pero los capitales golondrinas, que emigraron en busca de mejores ganancias, los dejaron a su suerte y sin opciones.

MACRI EL RESTAURADOR

El triunfo del conservadurismo en Argentina en 2015 inauguró un ciclo de retorno de la derecha a los predios gubernamentales, que se caracterizó más por el desmonte de la década anterior que por un proyecto concreto de presidencia. Había que «acabar con el clientelismo populista» que, en los discursos de la derecha dura, era el responsable de los males que aún subsistían en la Argentina. Una fake new que el progresismo no supo desmontar, ya que diez años no eran suficientes para arreglar el malogrado diseño de una nación concebida en la dependencia, que sufrió los desmanes de la dictadura de 1976 y la aplicación de brutales recetas de endeudamiento en tiempos del menemismo.

Lo que el kirchnerismo avanzó en lograr un proyecto endógeno, basado en la fortaleza del mercado interno, el desendeudamiento, las alianzas estratégicas y la creación de mayores oportunidades de equidad, el macrismo lo echó atrás en el primer año de gobierno, mediante el uso de decretos, por encima de la voluntad y el consenso del congreso y de los debates con la oposición. Según la percepción de los asesores de Macri, la eliminación de la asistencia social y la apertura desregulada del mercado interno a la competencia extranjera, así como una inyección de dinero mediante las deudas con los fondos internacionales, traerían una macroeconomía fuerte, capaz de, con el tiempo, generar derramas de riquezas que beneficiaran «a todos». Pero esta teoría clásica y liberal no ha querido admitir la realidad de la dependencia, que desfavorece a los pobres de siempre y los endeuda, en defensa de los ricos.

Macri restauró, así, lo que 20 años atrás había demostrado su inviabilidad para Argentina, y que llevó al país a una deuda casi absoluta y, por ende, a votar por la alternativa de izquierdas que intentó sacar la nación del atolladero y que tuvo logros reconocidos incluso por el propio Macri en varias declaraciones. Una de las matrices más usadas en la campaña electoral de 2015 fueron las fake news dirigidas a manipular la memoria histórica de los jóvenes que no vivieron el casi colapso del país a manos de Ménem; esto demuestra que la derecha conoce la historia y la distorsiona a su favor, mediante las herramientas de la propaganda.

MÁS DEUDAS

El débito de Argentina, en menos tiempo, supera cuatro veces el sufrido bajo las dictaduras y el menemismo, lo cual alarma sobre todo a las generaciones que vienen y que heredan un país peor. Según cifras del Banco Central Argentino, al concluir el primer año de mandato de Macri, el PIB ya había caído en un 3,4 %, mientras que la construcción de viviendas decrecía al 10 %, lo cual generó lo que hoy se conoce como los «sin casa» en un país con un alto número de viviendas habitables, pero ociosas, debido al caro costo de su renta o compra definitiva.

Como consecuencia de la apertura a la alta competitividad del mercado externo, existe hoy un aumento de las importaciones y la caída de las exportaciones, con el impacto negativo en la mayoría de las manufacturas nacionales y en el emprendimiento de las Pymes (pequeñas y medianas empresas). No obstante, la política oficial ha continuado, a partir de que sí benefició a los grandes capitales argentinos tradicionales, sobre todo el sector oleaginoso y cerealero, con mercados estables en el exterior y capacidades de comercio más allá de la media de las empresas argentinas.

Ante las demandas de la oposición por el aumento del desempleo y el subempleo, el oficialismo respondió que «se trata de trabajos obsoletos y que hay que generar otros nuevos y mejores».

ARGENTINA VUELVE AL MUNDO… DE LA DEPENDENCIA

Con una economía en recesión, hasta hay quien sostiene en los corrillos del gobierno la inviabilidad de continuar con el neoliberalismo clásico, pero los compromisos con el gran capital interno y externo no solo financian la campaña electoral, sino que condicionan la toma de decisiones.

Para frenar la impopularidad entre el pueblo, la menguante clase media y el empresariado, Macri y Bolsonaro lograron trazar las líneas generales de lo que será un Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur (Mercado Común del Sur) y la Unión Europea. A esta iniciativa, que estuvo frenada por décadas, se sumó la estridencia oficialista sobre su posible éxito, de cara a lograr el efecto derrama (la concentración de riquezas que, al desbordarse, alcanza a las clases medias y bajas).

Pero lo que todos saben es que el grueso de la economía argentina no puede competir, dada la desaparición de aranceles, con los productos europeos y a la vez con Brasil, país que actúa desde su posición por separado y no como bloque. Macri logró, en su tónica de volver al mundo, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por valor de 5 400 millones de dólares, y otro de 57 000 millones de dólares a pagar en plazo de tres años, a cambio de la garantía de parte de Argentina de revisar sus planes económicos, lo cual se traduce en constantes recortes sociales. El país del sur se convirtió así en el principal deudor del organismo financiero, con el 61 % de los créditos brindados por dicha entidad.

Se sabe que la capitulación de los países del sur frente a Europa responde a la intención de buscar en occidente el respaldo suficiente para unos gobiernos que pierden legitimidad con rapidez y entrarían en una dinámica de crisis. A la vez, la Unión Europea usa el acuerdo para torcer a su favor una región que es la principal zona de disputa entre dicho bloque, China y Estados Unidos. Se trata del retorno del mundo al viejo papel de países centrales (Occidente) y subordinados (el resto).

Aunque el opositor Alberto Fernández, del partido Frente de Todos, ha impugnado la legitimidad del acuerdo con la Unión Europea, ya que no se consultó con las bases argentinas, lo cierto es que la década de gobierno kirchnerista no pudo desmontar del todo el andamiaje neoliberal de los años 90, por cuestiones de gobernanza estratégica, lo cual explica que no se haya reestructurado la economía. De triunfar la alternativa en las próximas elecciones, sería muy poco probable echar abajo un tratado desigual de tal magnitud, que englobará los intereses multinacionales.

(Mauricio Escuela / Diario Granma)
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