KOLITZA. Análisis de las elecciones autonómicas de la Monarquía Española

 

Ayer en las elecciones autonómicas de la Monarquía Española el régimen de poder de las clases acomodadas sufrió una derrota sin precedentes. Si tan demócratas fueran estos partidos usurpadores del poder social, dimitirían de inmediato, y su brazo armado se desarmaría, pues ‘representan’, entre todos y en el caso de las tres provincias sur-occidentales de Hego Euskal Herria, a escasamente la mitad de la población, o a un cuarto si contamos a los menores de 18.

Y todo pese al ciclópeo aparato mediático con el que bombardean su narrativa de orden y felicidad, y con el que ocultan tanto la miseria social creciente, como la corrupción del dinero que está a la base de todos los partidos y el Estado.

La proletarización masiva y la polarización de clases que se viene desarrollando las últimas 2 décadas ha incrementado la base potencial del Partido del Proletariado, y buena muestra de ello es la elevadísima abstención que ha deslegitimado de golpe a todo el régimen, supuestamente democrático, sustentado ahora mismo en una minoría, ya vista de verde, morada o verde descafeinada.

Si cualquiera de esos partidos fuese realmente demócrata, reconocerían la corrupción que supone el hacer uso legislativo y ejecutivo de instituciones usurpadoras del poder social, que de facto siempre y, a partir de hoy, de ayer, no representan sino a una minoría de la población.

Una minoría que en la democracia burguesa la componen la clase media y la oligarquía industrial y financiera, frente a un proletariado sin partido electoral, cada vez más masivo, que no vota, que no tiene opción a cuota de poder porque su función es producir el poder para otros.

Mientras los distintos partidos con representación electoral significativa son portadores de distintos interese de clase y distintos puntos de vista, pero todos ellos de clases acomodadas y compartiendo de fondo la cosmovisión burguesa del estado y la economía, el confinamiento y la pobreza han hecho mella en el proletariado.

La desafección hacia la política de este proletariado es en realidad desafección hacia la política de partidos de la burguesía y las instituciones burguesas, siendo el único modelo institucional que conocen las generaciones vivas.

La auténtica base social para los fundamentos de una Democracia Proletaria en Euskal Herria, el partido de la abstención, nuestro partido, ha vencido en el día de hoy, al retirar masivamente todo apoyo simbólico al régimen de partidos capitalista de la monarquía española.

El partido de la abstención, que ha arrasado en las elecciones autonómicas con un 47,14 por ciento, es el gran agujero negro de la pantalla democrática, que figura la desilusión del proletariado ante la sociedad capitalista que le prometía todo y no le ha dado sino mierda seca.

¿Con qué legitimidad va a emitir el Gobierno Vasco decreto alguno después de ser derrotado no este aquél partido, sino la propia institución del gobierno vasco y del parlamento autonómico vascoespañol ante su propio plebiscito, incluso con todas las cartas marcadas?

¿Con qué legitimidad van a patrullar sus agentes armados amenazando y coercionando por medio de la fuerza a la población proletaria, cuando no representan sino a una minoría social? La respuesta es muy sencilla: con la legitimidad de la fuerza, porque todos estos partidos, que son los órganos del cuerpo político-institucional del Capital, fundamentan su poder en la fuerza despótica de la economía, la desposesión del proletariado y la explotación.

Porque aquí ni hay ni ha habido democracia alguna, sino reparto de poder entre las clases acomodadas, basado en la apropiación del trabajo ajeno, de un reparto brutalmente desigual de la asignación de recursos, y de la apropiación por parte de una minoría de calles, montes, edificaciones, tecnología, patentes científicas, recursos naturales y capacidad de trabajo social. Un pacto social en el que el proletariado estaba fuera de la ecuación.

El problema es que ahora, ante el nuevo pacto social del ciclo político abierto en Hego Euskal Herria, el partido interclasista de la izquierda abertzale ha vomitado al proletariado y se ha incorporado al reparto de cuotas de poder, lo que unido al aumento absoluto del proletariado vasco en general, ha producido: Por un lado, la integración de la clase media formalmente soberanista, como partido, en el engranaje institucional capitalista español: y por otro, la creación de una gran masa proletaria de rechazo a las instituciones y a todos los partidos, a la que se incorporan las facciones juveniles más combativas de la extinta izquierda abertzale ahora con clara conciencia comunista. Un proletariado mayoritario que tiene el potencial de convertirse en una fuerza de ruptura poderosísima si la mecha juvenil comunista, forjada al calor de la crisis anterior como en un invernadero con cuerpo organizativo en GKS, ia o ITAIA, prende el fuego estratégico de las masas, expandiendo entre ellas la voluntad histórica de trabajar decididamente por la única alternativa posible a la miseria material, a la sumisión política y a la degradación moral: substituir no a este o aquél partido de políticos profesionales, periodistas y bienpagados, sino al estado burgués entero y sus instituciones ilegitimas mediante la organización socialista revolucionaria y la toma de control del territorio, de la tecnología y de los recursos por parte de la clase productora, que somos los trabajadores y las trabajadoras, desde los estudiantes hasta las cocineras.

La única alternativa real es la substitución de la democracia de los banqueros, los periodistas, los policías y los políticos profesionales por la democracia de los desempleados, los trabajadores, las madres, los estudiantes, los inmigrantes.

Un Estado Socialista que posibilite el acceso universal a la tecnología, a los recursos, a la alimentación, a la vivienda, a una socialización de calidad y sin agresiones, a servicios sanitarios y formativos de calidad, y a la toma de decisiones, mediante Consejos Proletarios.

Ni el PNV tiene moral para gobernar, ni EH Bildu para hacer de oposición, ni el parlamento vasco para legislar: La oposición es nuestro Partido, aplastantemente mayoritario, el partido proletario de la abstención, portador de la semilla de rechazo al despotismo del Capital.

 

(Kolitza)

 

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