AJO GÓMEZ. La nueva gran argucia (una tras otra)

Estamos asistiendo (con demasiada paciencia de algunos y algunas) a la enésima estrategia de desviación del punto de atención del verdadero marco de lucha de la clase trabajadora orquestada por los mismos agentes a sueldo al servicio de la oligarquía y su sistema. Estrategia asumida, aceptada y -muchísimo más esta vez- laureada por los que se dicen representantes del activismo social y político en favor de los derechos y garantías sociales de los pueblos… Y, como toda gran campaña para refrenar la ya desbordante y justa ira de la población machacada, ha necesitado y encontrado una figura que concite una extendida incondicionalidad que suponga la indefensión de quienes no la acepten. Et voilà, aquí está Greta y “su movimiento”.

Greta es una chica que está siendo felizmente manipulada por el sistema (que no es un “ente virtual”,  que tiene sicarios que se ocupan de estas y muchas y desgraciadamente peores “campañas”)  para procurar que Ana Botín y otros personajes que están esquilmando, desangrando, masacrando a la clase trabajadora «increíblemente» hagan declaraciones y se pongan «del lado del pueblo» en lo que ahora es «lo único que realmente importa» que, desde luego, no es salvar a las miles de familias desahuciadas, cientos de miles de trabajadores despedidos o hiperprecarizados, pensionistas a los que no les va a llegar ni para mantenerse a sí mismos, cuando actualmente están sustentando aún a hijos/as y sus familias… A los y las «botines», regentes y propietarios de Iberdrolas, Repsoles, Zaras, Endesas, bancos… en definitiva, a los que tienen que seguir sobreexplotando y expoliando les ha venido Greta que ni llovida de sus carísimas agencias especialistas en mediático-manipulación de masas.

Por supuesto, la esquilmación y el arrasamiento del planeta continuarán, pero «gracias a Greta» (evidentemente, no es la chica, sino lo que hay detrás) y sus acuerdos, esta esquilmación contará con unas «nuevas técnicas», explicadas con un nuevo «discurso» y medidas con nuevos «índices».

Y, mientras tanto, se nos habrá perdido otra vez el norte de por dónde tirar para acabar con tanto sufrimiento de los pueblos a manos de un sistema criminal regido por unos cuantos y cuantas oligarcas. ¡No! ¡Mucho mejor! Habrán conseguido un hito mayúsculo: no solo desviar, descentrar, confundir, engañar… lo que están consiguiendo es que un buen montón de esa gente que dice estar “al frente de la protesta social” se haya enzarzado en debates y polémicas absurdas sobre si Greta debería estar o no en la escuela, sobre la supuesta necesidad de colocar la emergencia climática como punto principal de cualquier manifiesto, movilización, reivindicación, etc.

Iqbal Masih tampoco iba a la escuela cuando comenzó a acudir a las instituciones de derechos internacionales a denunciar la esclavitud en Pakistán (después de escapar de la fábrica de su “amo” y ser ayudado por un líder sindical y activista social de su país). La diferencia es que Iqbal no “dejó de ir a la escuela” sino que dejó de embutirse en un cubículo de escasos centímetros cuadrados donde durante hasta 16 horas diarias confeccionaba alfombras. Alcanzó popularidad y la promesa de “acuerdos internacionales” que nunca se cumplieron en los países donde sigue esclavizándose a niños y niñas. Debido a esa “popularidad” y a su valiente intento de llamar la atención de las “buenas y progresistas personas del primer mundo”, a Iqbal Masih lo asesinaron cuando tenía 13 años. Nunca estuvo rodeado de medidas de seguridad. En Pakistán y en buena parte del mundo la esclavitud infantil, la hambruna y los asesinatos a los que denuncian las injusticias y atropellos hacia la población indefensa están normalizados.

Cuando me hablen de “Greta”, responderé “Iqbal Masih”. Y se (me) acabó el debate.

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