AGUSTÍN GUILLAMÓN. Chalecos amarillos y lucha de clases

 

El proletariado no es una cosa, ni una identidad, ni una cultura, ni un colectivo estadístico que tiene unos intereses de clase propios que defender. El proletariado se constituye en clase mediante un proceso de desarrollo y formación que sólo se da en la lucha de clases. El proletariado, reducido en el capitalismo avanzado al estatus de productor y consumidor deviene una categoría social pasiva, sin conciencia propia; es una clase para el capital, sometida a la ideología capitalista. No es nada, ni aspira a nada, ni puede nada. Sólo en la intensificación y agudización de la lucha de clases surge como clase y adquiere conciencia de la explotación y dominio que sufre en el capitalismo y, en el proceso mismo de esa guerra de clases se manifiesta como clase autónoma y se constituye como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo, como comunidad de lucha. Enfrentamiento total y a muerte, sin posibilidades ni aspiraciones reformistas o de gestión de un sistema hoy ya obsoleto y caduco

Esta noción de clase como “algo que sucede”, que brota y florece del suelo de los explotados y oprimidos, es clave. La clase no se refiere a algo que las personas son, sino a algo que hacen. Y une vez que entendemos que la clase es fruto de la acción, entonces podemos comprender que cualquier intento de construir una noción existencialista o cultural e ideológica de clase, es falsa y está condenada al fracaso.

La clase no es un concepto estático, sólido o permanente; sino dinámico, fluido y dialéctico. La clase sólo se manifiesta y se reconoce a sí misma en los breves periodos en los que la lucha de clases alcanza su punto culminante.

El proletariado se define como la clase social que carece de todo tipo de propiedad y que para sobrevivir necesita vender su fuerza de trabajo por un salario. Forman parte del proletariado, sean o no conscientes de ello, los asalariados, los parados, los precarios, los jubilados y los familiares que dependen de ellos. En Francia forman parte del proletariado los casi tres millones de parados y los veintiséis millones de asalariados o autónomos que temen engrosar las filas del paro, amén de una cifra indefinida de marginados, que no aparecen en las estadísticas porque han sido excluidos del sistema.

La democracia parlamentaria europea se ha transformado rápidamente, desde el inicio de la depresión (2007), en una partitocracia “nacionalmente inútil”, autoritaria y mafiosa, dominada por esa clase dirigente capitalista apátrida, que está al servicio de las finanzas internacionales y las multinacionales. Se produce una profunda y extensa proletarización de las clases medias, una masificación del proletariado y la erupción violenta e intermitente de irrecuperables colectivos, suburbios y comunidades marginadas, antisistema (no tanto por convicción, como por exclusión). Los Estados nacionales se convierten en instrumentos obsoletos (pero aún necesarios, en cuanto garantes del orden público y defensa armada de la explotación) de esa clase capitalista dirigente, de ámbito e intereses mundiales. Su forma de gobierno es el totalitarismo democrático: una democracia reducida a la mínima expresión de votar cada equis años, para elegir entre representantes malos o peores del capital, sin capacidad alguna de intervención o decisión en la vida social o política.

Los suburbios se convierten en guetos de excluidos del sistema, que el Estado intenta aislar entre sí, entregando su dominio a las bandas, la droga, las mafias, las escuelas, los trabajadores sociales, oenegés, etetés, prisiones y policía, para que conjuntamente impongan el control y/o sacrificio económico, político, social, moral, volitivo, y si hace falta también físico, de “todos los que sobran”, con el objetivo preciso y concreto de desactivar su potencial revolucionario, intentando convertir esos barrios periféricos en colmenas de muertos vivientes, a los que las instituciones estatales les han declarado una guerra total de exterminio y aniquilación.

La lucha de clases no es sólo la única posibilidad de resistencia y supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital, sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución revolucionaria definitiva a la decadencia del sistema capitalista, hoy inútil y criminal, que además se cree impune y eterno. Lucha de clases o explotación sin límites; poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y marginación.

No son sólo chalecos amarillos, Monsieur Macron, es la guerra de clases, estúpidoEs el viejo topo que aparece y desaparece de escena, cavando sin cesar su túnel bajo un mundo caduco y obsoleto.

 

alasbarricadas

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Un comentario

  1. Es curioso ver como la derecha clásicamente liberal ahora se vuelve tan Gaullista, en contra del libre mercado, UE e inician una pseudo lucha obrera, la misma que lleva la izquierda. Una revuelta »revolucionaira» bajo consignas como »lucha contra los intereses mundiales, capitalismo, UE, globalismo, bla bla…» Ahora para la derecha conspiranoica que recientemente ha secuestrado el discurso de los »Gilets Jaunes», de repente es una lucha contra la inmigración, globalismo, fronteras abiertas, »Nuevo orden mundial», marxismo cultural, ideología de género y otras tonterías imaginarias las cuales los reaccionarios y las derechas (ya sabéis de quien hablo) tanto temen.
    Surrealista todo esto
    Donde hay dinero, la derecha se mete. En todo, hasta en una revuelta social
    Lo que en Francia comenzó siendo una simple revuelta social a favor de reformas laborales, ahora se ha convertido en una basura apoyada por la extrema derecha y otros personajes siniestros que controlan el mundo, y no es el tan odiado y »malvado» Soros, sino Trump, Putin y Salvini.
    No es ninguna lucha social u obrera
    Es todo un complot de la puta derecha a la que tanto criticáis. Hasta los identitarios y aliados de Bolsonaro en Hispanoamérica apoyan masivamente a los chalecos amarillos
    Porque ya sabéis que para estos anti socialistas y gente de »bien y orden», si la clase obrera francesa blanca y patriota quema las calles, golpean policías y cortan carreteras, eso está bien porque son unas pobrecitas víctimas que quieren luchar por lo suyo, por su gente y por su economía
    Ahora bien, el discurso y la percepción mediática cambiaría muchísimo para RT, Sputnik, Infowars y otros muchos medios fascistas conspiranoicos si los que quemasen las calles en París fuesen inmigrantes »ilegales» del 3er mundo que protestan contra la violencia policial como pasó con aquel pobre inmigrante africano llamado Theo que fue agredido por un policía. Entonces, manifestarse contra eso sería incitación a la violencia.
    Por el bien de Europa y de el mundo entero, no deis tanto apoyo a estos pequeños napoleones con chalecos reflectantes. Con todo esto dicho, ya sabéis la basura que les apoyan, y las intenciones

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