ENRIQUE UBIETA GÓMEZ. A Marx nadie nunca podrá enterrarlo

Hay un dibujo que imita una foto, aparece Karl Marx en pitusa, pulóver rojo y chaqueta de cuero. Bajo el brazo lleva un tomo de su obra cumbre: El Capital. El Genio de Tréveris nos mira mientras camina, impaciente. El cartel porta una leyenda, escrita en inglés y en ruso: «Yo regresé». En otro cartel, el mismo Marx, ahora de cuerpo entero, aparece junto a una pareja de estudiantes universitarios; el profesor y sus alumnos casi visten igual. Es una propaganda reciente de los comunistas rusos. Han hecho también una de Lenin. Sentado, sostiene sobre sus rodillas una moderna laptop y escribe enfebrecido uno de sus artículos revolucionarios. Los dibujos conectan, sin duda, con los jóvenes. Son puertas que invitan a ser traspuestas.

Un 14 de marzo, hace hoy 137 años, dejó de existir físicamente el más grande pensador social de la historia. Su huella en la cultura moderna es tan profunda, que no es necesario conocer a fondo su obra para respirar sus aires; la Humanidad, lo sepa o no, ha asimilado muchos de sus descubrimientos, al igual que, sin haber leído o estudiado a Copérnico o a Darwin, «sabe» que la Tierra es redonda y comprende que la evolución es un factor clave en la naturaleza. La intelección de su obra es, sin embargo, ardua: exige dedicación, estudio. Marx se propuso entender el capitalismo, y descubrió sus leyes fundamentales, vigentes a pesar de sus cambios; también el camino para superarlo. Desde la teoría, fue un hombre de acción. Pero no se nos da en cápsulas simplificadoras, ni en manuales.

Su obra exige lectores activos, creadores. Exige revoluciones autóctonas, capaces de readecuar los caminos, una y otra vez, como pedía Martí, para esquivar los asedios y las trampas del Capital, sus tentáculos militares, financieros y mediáticos, y conquistar espacios de libertad, anticoloniales primero, y antineocoloniales después. Fidel lo explicaba así: «La teoría de Marx nunca fue un esquema: fue una concepción, fue un método, fue una interpretación, fue una ciencia. Y la ciencia se aplica a cada caso concreto. Y no hay dos casos concretos exactamente iguales». La Revolución cubana contó con el genio de Fidel, y una tradición bien acendrada, cuyas raíces parten del pensamiento independentista y antimperialista de José Martí y Antonio Maceo, y se extienden a través de una larga lista de combatientes en el siglo xx: Carlos Baliño, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Jesús Menéndez, Frank País, Ernesto Che Guevara…

No es marxista quien conozca al dedillo la obra de Marx y no pelea por la justicia social; si asume racionalmente sus postulados, pero no vibra ante la injusticia cometida contra otros seres humanos, en cualquier rincón del planeta.

La ética y la ciencia, son los presupuestos de base. Por eso en 2001 Fidel reafirmaba: «No renunciaremos nunca a los principios que adquirimos en la lucha por traer toda la justicia a nuestra patria poniéndole fin a la explotación del hombre por el hombre, inspirados en la historia de la humanidad y en los más preclaros teóricos y promotores de un sistema socialista de producción y distribución de las riquezas, el único capaz de crear una sociedad verdaderamente justa y humana: Marx, Engels y más tarde Lenin». Hace hoy 137 años, Karl Marx nos abandonó físicamente. Pero nadie nunca podrá enterrarlo.

 

(Enrique Ubieta Gómez / Diario Granma)

 

Texto y poema relacionado:

 

Karl Marx aún sigue vivo y presente 135 años después de su muerte

 

KARL MARX

 

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