Por tercer día continúan los enfrentamientos entre la policía y los trabajadores de las fábricas textiles de Bangladés —el segundo mayor exportador mundial de ropa después de China y un importante proveedor de marcas globales como H&M, Zara, Walmart y Primark—, que exigen un aumento salarial, informa Reuters este 2 de noviembre.
Las protestas comenzaron el pasado sábado en Ashulia, un importante centro de producción textil en las afueras de Daca, donde decenas de fábricas suspendieron operaciones. El domingo, miles de trabajadores bloquearon carreteras en Daca y Gazipur, en las afueras de la capital, alteraron el transporte en zonas industriales clave y obligaron al cierre de 529 fábricas.
En medio de los disturbios del domingo, la policía utilizó gas lacrimógeno y cañones de agua contra los manifestantes, mientras que las autoridades decidieron crear una junta salarial. Aunque las fábricas reabrieron el lunes y el Gobierno llamó a los empleados a volver al trabajo, se registraron nuevas protestas y choques con la policía en Daca, Ashulia, Gazipur y otros centros industriales del país.
En Daca los agentes usaron gas lacrimógeno para dispersar a trabajadores que intentaban bloquear carreteras tras lanzar ladrillos y piedras, mientras que en Ashulia se emplearon además cañones de agua y en Gazipur se desplegó personal de la Guardia Fronteriza de Bangladés.
Las manifestaciones han generado preocupación por una interrupción generalizada en una industria que emplea a unos 4 millones de trabajadores, aporta más del 80 % de los ingresos por exportaciones de Bangladés y genera alrededor del 10 % de la producción económica del país.
Después de pagar el alquiler, queda muy poco para la comida, la educación de nuestros hijos y otros gastos esenciales
En total, los disturbios dejaron sin trabajo a 987.190 empleados en los principales centros industriales del país, según la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Prendas de Bangladés (BGMEA, por sus siglas en inglés). Los trabajadores exigen un salario mínimo mensual de 30.000 takas (245 dólares), frente a las 12.500 takas (100 dólares) actuales.
«El costo de vida ha aumentado mucho más allá de nuestros ingresos», afirmó un manifestante. «Después de pagar el alquiler, queda muy poco para la comida, la educación de nuestros hijos y otros gastos esenciales. A muchos les resulta casi imposible mantener a sus familias», agregó.
«No es viable»
Mientras, los fabricantes sostienen que el sector afronta crecientes desafíos, entre ellos el aumento de los costos de producción, cortes periódicos de gas y electricidad, e incertidumbre en los mercados energéticos vinculada a las tensiones en Oriente Medio.
«No es viable. No existe ninguna base lógica ni matemática para una demanda así», afirmó Salim Rahman, primer vicepresidente de la asociación de fabricantes, en referencia a la exigencia de un salario mínimo de 30.000 takas. Añadió que un aumento salarial tan brusco impondría una presión adicional sobre fabricantes que ya operan con márgenes ajustados y afrontan una intensa competencia de otros países productores de ropa.
Por su parte, Babul Akhter, secretario general de la Federación de Trabajadores de la Industria y la Confección de Bangladés y representante de los trabajadores en la junta salarial, señaló que el país tiene «algunos de los salarios textiles más bajos del mundo«.
«Si los dueños de las fábricas no pueden pagar adecuadamente a los trabajadores, deberían negociar mejores precios con los compradores internacionales. No pueden construir un negocio sobre las espaldas de trabajadores mal pagados», instó.
Selim Raihan, profesor de economía de la Universidad de Daca, sostiene que «un ajuste salarial gradual, una mejora de la productividad y precios más justos por parte de los compradores internacionales son esenciales para equilibrar el bienestar de los trabajadores con la sostenibilidad industrial».
Por otro lado, el presidente de la BGMEA, Mahmud Hasan Khan, alertó que, si los trabajadores vuelven a las manifestaciones, no percibirán salario. «Si estallan protestas más tarde en el día y nos vemos obligados a cerrar las fábricas, no tendremos otra opción que invocar la disposición de ‘no hay trabajo, no hay pago‘», dijo.
Tras reunirse con líderes de la industria textil, el ministro del Interior, Salahuddin Ahmed, advirtió de una respuesta firme contra quienes organizan la violencia. «Quienes actúen contra los intereses de los trabajadores bajo el disfraz de protestas laborales e intenten desestabilizar el país serán tratados con firmeza», afir
