La manifestación degeneró en violencia cuando algunos grupos de la multitud lanzaron botellas y encendieron bengalas, generando una densa humareda. Algunos individuos realizaron saludos nazis y pidieron «justicia» por los 68 muertos en el accidente.
Siempre protegiendo a los fascistas, la policía les ha «acariciado» en vez de cargar con contundencia contra ellos, como habitualmente hace con los antifascistas.
