España sigue presumiendo de crecimiento: en términos interanuales, el crecimiento español del 2,6% en el segundo trimestre duplica el de la zona euro y se aleja del de sus grandes socios. Según los datos oficiales, la eurozona avanzó un 1,2% y la UE un 1,4%, frente al 1,0% de Alemania, el 1,0% de Italia, el 1,3% de Países Bajos y el 0,5% de Francia.
Esas cifras apenas se reflejan en los bolsillos de los trabajadores. Los salarios, mientras tanto, siguen rezagados. La subida media en convenio fue del 3,05% hasta septiembre. El indicador adelantado del IPC del 29 de septiembre sitúa la inflación en el 4,9%, seis décimas más que en agosto. La brecha es de unos 1,85 puntos de poder adquisitivo perdido, y mayor aún en los convenios de empresa, que suben un 2,60%. La protección frente a la inflación es escasa: solo el 29,8% de los convenios registrados incluye cláusula de revisión salarial. El resto queda a merced de los precios.
El Gobierno achacó -casi en exclusiva- en su cuadro macroeconómico el impacto de la guerra en Oriente Próximo sobre los precios.
La vivienda agrava el desajuste. El Índice de Precios de Vivienda del INE, publicado el 7 de septiembre, subió un 12,2% interanual en el segundo trimestre y un 3,4% sobre el trimestre anterior. La de segunda mano se encareció un 12,9%, y los precios aumentaron en todas las comunidades autónomas. La vivienda se encarece cuatro veces más que el salario pactado, y es el gasto que más pesa en un hogar trabajador.
El empleo supone la mejor noticia del trimestre para el Gobierno. Los datos del 2 de octubre muestran que la Seguridad Social ganó 92.327 afiliados en septiembre, el mayor aumento registrado en ese mes, mientras el paro registrado subió en 23.587 personas. Hay más trabajadores, pero con salarios que compran menos.
La economía española crece, pero ese crecimiento está llegando más a las cifras macroeconómicas que a los hogares.
