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M. CARACOL. Días en los que pasan años

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M. CARACOL. Días en los que pasan años

Durante mucho tiempo se pensó que el tiempo pasaba en vano y que no había aprendizajes políticos. Ahora, con el poderoso movimiento surgido en las calles tras el desahucio y la muerte de Maricarmen (sinécdoque de la situación en la que se encuentra la clase obrera en general), se está demostrando que eso no era cierto. Tanto relato posmoderno disfrazado de gramsciano y, al final, lo que había que hacer era crear un sindicato y luchar en la calle. Tanto teoría supuestamente milagrosa sobre la “centralidad del tablero”, el “significante vacío” o el “sentido común” y, al final, resulta que de lo que había que afrontar era de lucha de clases de toda la vida. Y afrontarla tal y como esta se presenta en cada momento: hoy día, asumiendo la lucha contra la especulación con la vivienda y organizando huelgas y movilizaciones de la clase obrera.

 

No había manera de convencer a la izquierda institucionalizada. Nos acusaban hasta de ahogarnos en nuestras “estrellas rojas”. Nos dijeron durante años que todo eso estaba anticuado, que la gente “no lo entendía”, por lo que había que hablarle solo de feminismo, ecología o, si acaso, del “Estado del bienestar”. De lo contrario, perderíamos la “ventana de oportunidad” y la “batalla cultural” necesaria para luchar contra “la casta” o “la trama”. Años de tonterías, años de perder el tiempo, cuando al final lo que había que hacer era identificar correctamente la contradicción principal de cada momento y hablarle claro a nuestro pueblo.

 

Hay días en los que pasan años (Lenin); también en la maduración política y conceptual de la gente. Ya nadie quiere hablar de las tonterías académicas ni de las batallas culturales de Podemos, sino de la lucha de clases real. Pero, igualmente, no debemos dejarnos obnubilar nuevamente por el primer término de moda que se le ocurra decir a alguien. No hay una “clase inquilina” contra una “clase rentista” (Iglesias, cómo no, está siendo otra vez el primero en confundir y dividir a la gente con estas bobadas). Hay una clase obrera y otros sectores populares (inquilinos, hipotecados y propietarios de una o pocas viviendas) contra una oligarquía que acapara las viviendas a gran escala y las compra al contado, sin necesidad siquiera de asumir una hipoteca. Y no son solo los fondos de inversión: el mayor casero de España es CaixaBank, con más de 20.000 viviendas alquiladas. Ese mismo banco acumula casi 125.000 millones en su cartera de préstamos hipotecarios (el 25% del total del crédito a hogares para la adquisición de vivienda). El BBVA tiene pendiente de cobro 71.000 millones en hipotecas y el Santander, 60.000 millones. Sabadell 40.000 millones, al igual que Bankinter, y Unicaja 30.000 millones. Entre estos últimos bancos citados, tienen también alquiladas más de 16.000 viviendas.

 

Los fondos y gestoras de inversión también forman parte del pastel: el fondo estadounidense Blackstone tiene más de 14.000 inmuebles en alquiler en España. CBRE Investment Management (estadounidense y de Países Bajos) tiene 9.000. Y Vivenio Residencial (de Países Bajos y Australia), 6.500 viviendas en alquiler. Hay muchos otros, la mayoría yanquis, aunque también alemanes y alguno francés. Pero no hay que engañarse: estos fondos buitres están también controlados por bancos como BNP Paribas, Deusche Bank y otros, o por sociedades de capital de pensiones y aseguradoras como APG, Aware Super o TIAA. La ridícula idea de que los “pequeños accionistas” controlan algo o tienen algún protagonismo en estas enormes compañías se choca contra el muro de la realidad. Más de la mitad de las acciones de Blackstone son propiedad de un solo banquero: un antiguo magnate del banco de inversión Lehman Brothers, Stephen Schwarzman. Otro gran ejecutivo financiero, Jonathan Gray, tiene un 10%. Y Vanguard y BlackRock (enormes gestoras de activos del capital financiero) poseen otra importante parte del pastel y del consejo de administración. ¿Realmente Juan Ramón Rallo pretende convencernos de que los trabajadores también son capitalistas porque algunos hayan comprado 3 o 4 acciones de Blackstone (una sociedad con 750 millones de acciones) con sus ahorros?

 

Que los árboles no nos impidan ver el bosque: el enemigo es el gran capital financiero, en sus distintas formas y con las diferentes máscaras que asuma en cada momento. Lo era hace un siglo y lo sigue siendo ahora, puesto que sigue vigente la dinámica de acumulación del capital descrita por Marx y Lenin. Olvidemos las trifulcas entre partidos, siglas, sindicatos y teorizaciones. Estemos en las plazas junto a la gente y defendamos que el enemigo no viene en patera, sino en limusina y comprando decenas de miles de pisos para especular. Que no se trata de dividir al joven del anciano, al que heredó un piso familiar del que no: se trata de ir todos juntos a la huelga general como clase obrera (nativa y extranjera). Que es necesaria la expropiación de las viviendas en manos de bancos y fondos buitres. Que la cuestión no es si se contruye o no vivienda, sino para quién se construye: ¿vivienda pública y accesible, o más vivienda para seguir engordando el inmenso saco acaparador de la oligarquía financiera? Que la cuestión no es un decreto-parche usado por Sánchez para lavarse la cara y que no soluciona nada, sino expropiar y abaratar la vivienda por ley. En suma: que no nos roben la vivienda… ni tampoco la lucha por ella.

 

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