Nunca he escrito sobre esto, pero viendo cómo se están poniendo las cosas, creo que ya toca.
Para quien no lo sepa, hace 14 años fui detenido, acusado de portar explosivos. Pasé cinco años en prisión, la mitad en régimen FIES.
¿Qué papel jugaron ciertos medios de comunicación?
Yo, como casi cualquiera, había crecido pensando que los monstruos, como todo lo que salía en los medios, era algo que al fin y al cabo existía. En la tele, en el parque, en la peluquería o en la barra del bar, todos siempre hemos oído hablar de ellos. Y, en todos los casos, todos hemos coincidido siempre en que hay que tenerles miedo. Históricamente la mayoría de monstruos son fruto de la imaginación, o de la propaganda, que acaso son lo mismo. Y es que, sin ciertos monstruos no habría motivos para temer, ya sea ser devorados por ellos o convertirte en uno de ellos. El Zombie, el vampiro, el licantropo y el antisistema de la kale borroka. Todos igual de temibles, todos perfectamente capaces de matarte o, peor aún, convertirte en uno de ellos.
Resulta que a veces estos monstruos son chavales de Palomeras de 21 años que por muy macarras y gamberros que sean, su imagen e historia no concuerdan con la idea de monstruo que tenemos todos en mente. Y es ahí cuando entra en juego la propaganda; cuando la manipulación, la mentira, la hipérbole y el rumor sustituyen a la sinceridad y la honestidad.
La burguesía, como toda clase social históricamente vencedora necesita de un proyecto civilizador que legitime su imposición del poder, su uso de la fuerza para perpetuarse y reproducirse socialmente. Y, ese proyecto, como todo proyecto civilizador, necesita de monstruos, mitos y leyendas que despierten el recelo y el pavor de las masas ante cualquier alternativa a su mundo.
Así, de la noche a la mañana, me convertí en un monstruo. Inventaron historias aterradoras sobre mi; me vilipendiaron, me pusieron en la picota para que el pueblo temeroso de Dios lanzara la fruta podrida contra mi figura y, no contentos con ello, hicieron lo propio con cuantos se me acercaron o tuvieron el coraje y la osadía de permanecer en mi trinchera.
Lloré, de rabia y de dolor, juré vengarme de todos ellos, noches y noches sin dormir, días y días de patio caminando de muro a muro rumiando y pensando en todos ellos, en sus nombres, sus caras. El que me detuvo y mintió en la declaración. Los que manipularon las pruebas. La que me sentenció. Los que trataron de arrastrarme una y otra vez por el fango…
Yo mismo me dejé caer y lo he seguido haciendo. Yo mismo he vagado por el mundo sin rumbo desde entonces a salto de mata, roto y perdido entre la idea humanista de una bondad inconmensurable y un cinismo que todo lo pudre, desde el alma a las flores que me rodean.
Pero pasa que somos comunistas. Pasa que, por mucho que nos lleven, o bajemos por voluntad propia, a los infiernos, por mucho que la vida parezca decirnos al oído con sorna que todo está perdido y aceptemos nuestro destino de proletario embrutecido, la ciencia que permuta las palabras y los hechos y por la que tanta pasión y esfuerzo hemos entregado en conversaciones y lecturas vuelve para recordarnos que hay fuera hay todo un universo esperando a ser conquistado. Y que, además, ya hemos sangrado y sudado demasiado como para dejar esta obra a la mitad. De eso sí que sabemos los obreros, de la obstinación ante lo que ya está empezado. Si los burgueses supieran…
La cuestión es que, y es por lo que me decidí a escribir algo tan personal, quien acepta y asume el órdago de la revolución tiene que estar dispuesto a que le intenten convertir en monstruo. Pero, sobre todo, el resto debemos estar prevenidos de tal cosa. Todo militante revolucionario, sin excepción, se ha visto expuesto en mayor o menor medida a esta prueba, la de resistir el intento de escarnio y humillación pública. Sólo dos cosas nos blindan ante ello: la fortaleza interior, una fortaleza que no siempre estará pero que tenemos que ser capaces de encontrar, ya sea en las ideas, en los recuerdos o en las ilusiones, pero que está en nuestro propio interior. Y, para mi la más importante y de la que depende la primera, el cariño, la ternura, el respeto, la amistad, el amor y todas esas cosas buenas que somos capaces de darnos entre humanos cuando ponemos el bien común estrictamente desinteresado por delante de cualquier cosa.
Nos van a intentar joder la vida, mintiendo y manipulando, harán todo lo que haga falta sin ningún tipo de compasión ni miramiento, así que estad preparadas y prevenidas. Llegará nuestro día, tarde o temprano. El socialismo será nuestra venganza.
