Hay una diferencia y no menor entre avanzar y no retroceder. El avance es la contradicción del retroceso, no su oposición. Y esto es así fundamentalmente porque se entiende que las fuerzas que debilitan un efecto alimentan el contrario. Para que se avance en cualquier sentido se debe producir un debilitamiento de la resistencia en su contrario, por tanto un retroceso. Si el conocimiento avanza, la ignorancia retrocede y la propia inercia del avance, debilita por lógica todavía más la fuerza del retroceso.
Así, en todos los fenómenos, si hablamos de la resistencia revolucionaria y de las fuerzas de la reacción o del imperialismo, tanto más se fortalece la dominación imperialista, se debilita aún más y retroceden las fuerzas revolucionarias de la resistencia y el propio fenómeno se alimenta a sí mismo ampliando la correlación por inercia.
Si nuestras posiciones se extinguen, el sistema capitalista imperial, no solo se ve fortalecido, sino que usará su ventaja para propiciar escenarios más ventajosos que seguirán ampliando la derrota sufrida por el campo revolucionario.
La dialéctica y su dinámica del movimiento, demuestran que ningún fenómeno es estático y que hasta los repliegues tácticos generan un terreno abonado a la derrota y extraordinariamente a la reagrupación de las fuerzas.
Cuando el enemigo nos está venciendo y nos retiramos con urgencia e improvisación, no es prudente pensar que un movimiento de retirada asegura la recomposición de las fuerzas, pues de entrada, el hecho más simple es el de reconocer que nuestras condiciones son más precarias que antes de la retirada y por descontado muy inferiores que al inicio de la «refriega».
Para remontar una situación de extrema adversidad, se requiere un despliegue tan descomunal de ingenio y recursos, que la experiencia nos dicta ya de entradas, que aunque posible, el repliegue de un débil aumentará muchísimo más la debilidad, mientras al fuerte solo le resta hacerse más fuerte aprovechando la debilidad del débil y engrosar músculo para el fortalecimiento.
Armar discursos basados en supuestos símbolos y lenguaje figurativo obviando la triste realidad materializada y concretada a través de acciones concretas, es una demostración de la endémica suficiencia de los «replegados».
Los procesos revolucionarios, pueden pasar por momentos de acciones audaces reservadas para preservar la revolución ante un escenario de extrema debilidad, pero todos sabemos que eso solo puede rescindirse a coyunturas muy específicas y a maniobras limitadas o acostadas en un breve espacio de tiempo.
Ningún proceso revolucionario que se convierta en un rosario en tácticas y estrategias secretas, negociaciones y conspiraciones e intrigas de palacio puede sobrevivir como revolución y menos aún como proyecto socialista. A lo largo de la historia, todos los procesos revolucionarios qué han desembocado en estos estadios de acotamiento de la participación democrática en la toma de decisiones, han terminado por ser derrotados. La revolución socialista, solo puede ser el poder en manos de los pueblos y el ejercicio radical de la democracia popular.
Todos los enjuagues de establecer transiciones, negociaciones y acuerdos por las cúpulas, son siempre imposiciones de la burguesía, para terminar definitivamente con la confianza del pueblo en la articulación revolucionaria popular.
En Venezuela, no existe hoy ni la realidad, ni la posibilidad de fijar una estrategia de repliegue mientras se prepara una respuesta en un equilibrio magistralmente calculado.
Es una ingenuidad pensar que todas las posibilidades de defensa y de victoria qué existen hoy bajo la bota gringa con las limitaciones que eso supone, son superiores a las que existían cuando el territorio venezolano gozaba de autonomía y soberanía plena.
Es por descontado una absoluta estupidez, pensar que los gringos entregarán lo que se han robado y la cabeza de plata que se acaban de tomar por las buenas y que además se someterán por ilustre inteligencia de quienes no han sido capaces ni de armar mentiras coherentes.
Cada uno se engaña como le da la gana, pero de lo que hay es que ser consciente es que unos se engañan porque el miedo y la derrota los tienen a los pies de los caballos, pero los que han inventado esta mentira, lo hacen únicamente para salvar sus intereses individuales, hay que ser muy cándido para seguir confiando en una estratega qué se entrega a la frivolidad de la alta costura mientras se sigue valiendo del discurso y la simbología revolucionaria.
(La Hojilla)
