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MARXLENIN VALDÉS. Hay una ciudad que continúa amaneciendo a pesar del crimen y el chantaje

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MARXLENIN VALDÉS. Hay una ciudad que continúa amaneciendo a pesar del crimen y el chantaje

Hay una ciudad que continúa amaneciendo a pesar del crimen y el chantaje. Es una ciudad hermosa.

No obstante, entre quienes la observan —cual fijos cronistas de la decadencia— verán quizás solo ruinas y desechos. No se los inventan, están ahí, conviviendo con nosotros. Sin embargo, miopes, no pueden ¿no quieren? distanciarse y percibir que la fatiga y el gris tienen cosidos un «made in USA» que lo envilece (casi) todo. Incluso a ellos mismos.

Menos mal que existen los otros, los que «ponen un poco de amor a las cosas que son feas». Los que miran —y ven— más allá de lo obvio, de lo fenoménico, de las ausencias. Los que siguen teniendo creatividad para mirar más allá de lo evidente. Los que al observar la imagen no se quedarán en los techos roídos y en las calles vacías, sino que se empecinan en seguir encontrando alternativas colectivas para devolver la ciudad a su mejor perfil.

Los que aprendieron la suficiente filosofía como para saber que «la crítica» no depende de la cantidad de oprobios que digas contra el gobierno, sino por la capacidad de analizar la totalidad (no una, ni dos, ni tres: el todo) de las circunstancias que condicionan lo que existe (gobierno incluido). Y saben el suficiente marxismo como para asumir que la contemplación pasiva no transforma al mundo y que por tanto nos debemos propuestas justas más que quejas.

Hoy amanecí junto al Malecón, al Morro, a la Bahía, al Capitolio, a las calles de Centro Habana, del lado del sol naciente.

Hoy amanecí a contraluz.

No podía definir colores, solo siluetas de edificios y sombras que incluso de gris son hermosas.

Despertar aquí cada día se convierte en una osadía.

Somos tercos, hace años que lo somos, pero no solo eso. Somos revolucionarios, hace siglos que lo somos. Es lo que nos traído hasta aquí.

Levanto la vista y tengo delante este pedazo de ciudad hermosa. Es fácil entender que nos la quieran arrebatar. Desde aquí arriba, a más de 60 metros de altura, el mar en calma hace lucir una quietud que no existe abajo. Eso ayuda a disimular las batallas y a olvidarlas por un instante: la de las familias contra la aplastante cotidianidad; la de «la vergüenza contra el dinero»; la de los cubanos contra los demonios criollos; la de la nación contra el imperialismo; la de la insularidad contra el bloqueo; la de la humanidad contra la desidia. Parecen muchas y desconectadas, pero son una sola: la del socialismo contra la barbarie.

A veces un ruido se escapa y sube hasta aquí. Me recuerda que no miro una foto fija sino a una ciudad despierta que se aferra a seguir viviendo y que, como hasta ahora, seguirá contando historias (no retazos).

A veces, cuando el sol rebota contra los parabrisas de los autos que vienen, siento como si la ciudad me guiñara sus ojos. No puedo dejar de mirarla y sonreír.

Tengo cita para verla anochecer y para mañana volver a amanecer juntas.

Ojalá podamos devolverte la frescura, la pulcritud y la alegría que te mereces.

¡Qué linda eres, ciudad maravilla! No habría manera de no defenderte y a lo que representas.

(De su muro de FacebooK)

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