El reino de España y la dictadura alauita tienen una larga y consolidad amistad, Desde los besos y abrazos de Juan Carlos I con Mohamed, la cesión del territorio saharaui, la amistad heredada de Hasan y Felipe VI junto a las cientos de empresas de capital español que buscan en Marruecos salarios bajos, protección fiscal, proximidad geográfica y mano dura contra los/las trabajadores, forman un entente a prueba de Ceutas y Melillas. En esta última etapa, por ejemplo, el gobierno progre de Sánchez no ha dudado en terminar de abandonar al pueblo saharaui y sus justas reivindicaciones independentistas, para apoyar las resoluciones en favor del colonialismo marroquí.
Lo ocurrido en Ceuta no ha cambiado la hoja de ruta del Gobierno español con Marruecos. Pese a la certeza de que la propia dictadura marroquí está detrás de la llegada de personas a Ceuta, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ni se plantea un giro en su relación con Rabat ni un endurecimiento del discurso, ni nada de nada. Por el contrario, culpabiliza de los sucedido a los whatsapps y a la «descoordinación» (sic). Jamás ha asomado una palabra en favor de los presos políticos saharauis ni contra la represión, La amistad es la amistad y no será el hambre y la necesidad de miles de personas huyendo quien la resquebraje.
