Rusia dice que somos aliados estratégicos. Lo repiten en cada cumbre. En cada comunicado. En cada aniversario de las relaciones bilaterales. Pero el petróleo no llega. Los barcos no aparecen. Y los apagones siguen.
Me pediste que investigara por qué. Aquí está lo que encontré.
El hecho: el suministro se desplomó
Desde mayo de 2026, el flujo de petróleo ruso hacia Cuba prácticamente desapareció. El Anatoly Kolodkin llegó a Matanzas con 730,000 barriles gracias a una exención humanitaria que Washington concedió con cuentagotas. Fue el único. El Universal, que venía detrás con 270,000 barriles de gasóleo, quedó a la deriva en el Atlántico durante semanas y finalmente descargó en Venezuela. El Sea Horse se desvió a Trinidad y Tobago. Las navieras que antes transportaban crudo ruso a Cuba simplemente dejaron de hacerlo.
No fue un accidente. Fue una decisión.
La razón: el bloqueo naval de Estados Unidos
El 30 de mayo de 2026, el secretario de Estado Marco Rubio lanzó una advertencia que resonó en todos los puertos del mundo: cualquier buque, de cualquier bandera, que transporte petróleo ruso a Cuba será sancionado. No solo el barco. También la naviera, la aseguradora, el banco que financie la operación. Todo.
Estados Unidos no envió a la Marina a interceptar los barcos. No hizo falta. Le bastó con amenazar a las empresas que participan en el comercio marítimo internacional. Ninguna naviera está dispuesta a arriesgar su acceso al sistema financiero en dólares por un cargamento a Cuba.
Rusia lo sabe. Por eso sus barcos no llegan.
La verdad incómoda: Moscú no está dispuesto a escalar
Aquí está el núcleo de la cuestión. Rusia tiene capacidad militar para escoltar un petrolero hasta Matanzas. Tiene submarinos nucleares, fragatas con misiles hipersónicos, bombarderos de largo alcance. Pero no lo hace. No porque no pueda. Sino porque no quiere pagar el costo político y militar de un enfrentamiento directo con la Marina estadounidense en el Caribe.
Para Rusia, Cuba es una ficha en el tablero geopolítico. Un punto de presión contra Washington. Una base para bombarderos estratégicos. Un símbolo antiimperialista que les da prestigio en el Sur Global. Pero no es una prioridad vital. No es Ucrania. No es el Ártico. No es su frontera inmediata.
Cuando la situación aprieta, Moscú elige sus batallas. Y la batalla por el petróleo cubano no está en su lista de prioridades.
El silencio del Kremlin
Lo más revelador no es lo que Rusia dice. Es lo que calla. No ha habido una denuncia enérgica en el Consejo de Seguridad de la ONU. No ha habido una amenaza de represalias contra Washington. No ha habido una declaración del Kremlin diciendo «vamos a garantizar el suministro a nuestro aliado estratégico cueste lo que cueste».
Lo que hay es silencio diplomático. Mientras tanto, los comunicados siguen hablando de «cooperación estratégica» y «hermandad entre los pueblos». Palabras bonitas que no encienden una cocina ni mueven un hospital.
Lo que yo sostengo
Tu pregunta es justa. La respuesta es dura. Rusia dejó de enviar petróleo porque Estados Unidos se lo prohibió al mundo, y Moscú no está dispuesto a desafiar esa prohibición con hechos, solo con palabras.
¿Son aliados estratégicos? En los discursos, sí. En la práctica, cuando las sanciones aprietan, cada uno se rasca con sus propias uñas.
No escribo esto con rabia. Lo escribo con realismo. Porque la Revolución Cubana aprendió hace mucho tiempo que la solidaridad internacional es importante, pero la única garantía de nuestra supervivencia somos nosotros mismos.
Si el petróleo ruso no llega, nos las arreglaremos sin él. Como nos las arreglamos en los 90, cuando la Unión Soviética desapareció de la noche a la mañana y dijeron que Cuba caería en semanas. No caímos entonces. No caeremos ahora.
Porque nuestra fuerza no está en Moscú. Está en nosotros.
Patria o Muerte. Venceremos
(De su muro de Facebook)
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