El papel de referente en la lucha contra el desarrollo del fascismo ejercido por Palestina desde mediados del siglo pasado se intensifica en proporción al avance del propio fascismo. Dentro de ese referente, en el momento actual, la lucha, inevitablemente armada, contra la expansión fascista es llevada a cabo por las facciones políticas Hamás y Hezbolá, en Palestina y Líbano respectivamente. Ambas cuentan con el apoyo prácticamente absoluto de la población, como corresponde tanto a la lógica de la situación como a la razón.
Mi mente, sin embargo, se ha quedado atascada en el Frente Popular para la Liberación Palestina, integrante de la OLP, integrante, a su vez, de la Autoridad Palestina donde operaba, entre otros partidos, Al Fatah, el cual se negó a reconocer el triunfo electoral de Hamás en enero de 2006. Sobra decir que una población acorralada y sumergida en la inestabilidad no está para elecciones, sino para librarse de sus atacantes, Israel y EEUU.
El FPLP era, ignoro si aún es, una organización marxista nacida como respuesta al imperialismo occidental a principios de los años setenta. Ghasan Kanafani, el mártir revolucionario cuya figura ha sido rescatada con éxito, era marxista. Al Fatah era socialista y, a la larga, como fue pasando en todas partes con el socialismo, se fue desnatando en un producto digerible por el Capital.
Esto es así porque al término de la Segunda Guerra Mundial el marxismo o formaciones políticas inspiradas en él contaron con el apoyo del pueblo en gran parte de los territorios previamente colonizados por Europa; la descolonización fue marxista. Kanafani fue uno más de los líderes comunistas asesinados antes de que más de la mitad del mundo eligiera como gobierno el comunismo, demostrando cómo podía llevarse a cabo, cómo la única forma de encontrar la igualdad entre los seres humanos no era, ni mucho menos, el libre mercado y las fechorías de un puñado de comerciantes enriquecidos. Hoy no les importa hacernos creer que la desigualdad es el estado natural del ser humano.
La socialdemocratización de la Autoridad Palestina no fue una coincidencia ni una conclusión a la que llegaron sus líderes tras un análisis de una realidad concreta, toda Europa fue transformando el comunismo de sus democracias en socialdemocracias cada vez más desteñidas hasta reducirse a una izquierda liberal, lo que quiera que sea eso. En EEUU el comunismo fue, incluso, prohibido, y, con el paso de los años, esa izquierda incomprensible ha ido renegando de él, siguiendo el dictado de los amos del dinero, a quienes deben de considerar los indiscutibles dueños de la felicidad.
En semejante contexto, ¿cómo puede mantenerse la lucha armada?, ¿qué características debe de tener esa lucha armada para permanecer?
Nací en un país arrasado por un genocidio de rojos que no murieron sin luchar. En la Guerra Civil de España se gestó y fue aniquilada una Revolución. Desconfiando de la transición democrática, ciertos grupos no depusieron las armas. No solo independentistas, también comunistas y anarquistas se negaron a renunciar a la Revolución a cambio de pactar con la burguesía liberal necesitada de una tregua pacífica en la que eliminar con inteligencia a todo adversario mientras se reforzaba a fuerza de vendernos tonterías convertidas en mentiras, mentiras fabricadas de tonterías. La lucha política armada no fue algo ajeno durante el último tercio del siglo XX en España, ni en Alemania, ni en Reino Unido con Irlanda del Norte intentando librarse de un opresor sanguinario, el mismo que ocupó Palestina y continuó ocupándola a través del nacionalismo judío. La dura represión carcelaria junto a la paulatina falta de contexto revolucionario en el desarrollo de las sociedades democráticas fue desarticulando las organizaciones en lucha. Quizá en un intento de suplir esa pulsión del ser humano de enfrentarse con todos sus medios contra un sistema que reconoce injusto, nos dejaron inventos como Chiapas y su sucesor en el tiempo, Rojava. En Chiapas hubo mucho relato bonito del Comandante Marcos con el escarabajo Durito, un romanticismo al gusto de una izquierda con cultura y bienestar. En Rojava parece que inventaron el feminismo en una guerra de guerrilla según los intereses de EEUU, absurdo pero vendible a una parte de la juventud occidental deseosa de pensar en comunismos primitivos como alternativas de futuro.
Ahora, cuando más necesitamos un Occidente con una lucha armada latente, clandestina, política y coherente, ya no la podemos encontrar. La lucha armada palestina, la lucha armada del Líbano necesitan apoyo; desde Occidente, ese apoyo no va a llegar de los Estados nación por mucho que nos gastemos las plantas de los pies en manifestaciones pidiendo a los mismos Gobiernos a los que día a día regalamos nuestros derechos un poco de piedad con el ser humano. No la tendrán. Cierto que en Oriente Medio los Estados de Irán y Yemen apoyan a sus hermanos en el combate contra el invasor y es posible que no necesiten de nadie más para vencer. De momento. A la larga, la Historia demuestra la vigencia sin tiempo de la necesidad de los otros.
Yo, como comunista, recalco la necesidad de la humanidad de combatir contra la explotación por la humanidad sin el lastre de religiones ni nacionalismos. Subsanar las desigualdades de la Historia, eliminar las de un sistema de producción, devolver a los pueblos su soberanía, son actos de justicia siempre necesitados de la lucha armada. La mejor forma de apoyarla es convertirse en ella.
