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ISABEL VILEYA. Numancia

Para liberar un territorio del asedio no hay otra vía que la insurrección de muchos territorios, la acción conjunta de muchos oprimidos contra un gran opresor en muchos focos.

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ISABEL VILEYA. Numancia

Hablo con compañeros en Cuba y me cuentan de la situación que vive hoy «el único territorio libre de América» y dan ganas de llorar. La situación del bloqueo se está haciendo insostenible a niveles psicológicos más allá de los efectos materiales consabidos.

Es desesperante para los que contemplamos desde fuera esta terrible atrocidad, tanto como lo es contemplar el Genocidio de Palestina o de Irán o de cualquier presa del odio imperialista. Y no hago más que acordarme de Numancia y la pregunta que un día un compañero de curso gritó en medio de la explicación en la clase de historia: “¿Y porque nadie hizo nada?”

Numancia fue una ciudad celtíbera que mantuvo un conflicto bélico con el Imperio Romano en el Siglo II A.C. Durante más de 20 años, la pequeña ciudad fortificada en el hoy conocido como Cerro de la Muela en Soria, resistió y repelió todos los ataques de cuanta legión romana trató de conquistarla.

En el año 133 A.C., el senado romano, envió al general Publio Cornelio Escipión Emiliano (vencedor de Cartago), quien rodeó la ciudad con un cerco de 9 kilómetros para impedir la entrada de alimentos. Tras 15 meses de asedio, diezmados por el hambre y la peste, los numantinos prefirieron incendiar su ciudad y suicidarse colectivamente antes que rendirse y ser convertidos en esclavos.

El Imperio Romano todavía no había entrado en su declive, le faltaba bastante para ello. Aunque los clásicos contemporáneos de la filosofía han sido interpretados y no conocemos con exactitud toda la transcendentalidad de la época, sabemos que en la conquista de Numancia, el Imperio conocido más importante de la época, era un imperio voraz.

Chernichevski, el padre del populismo ruso, estudió en profundidad el imperio romano y a sus filósofos. Para el líder del movimiento Naródnik (populista), el imperialismo romano no era sólo un relato de conquistas militares, sino el paradigma histórico de un sistema basado en la explotación, el centralismo y la desigualdad. Desde su perspectiva materialista, el afán expansionista de Roma ahondó la brecha entre una élite poderosa y las masas oprimidas (campesinos y esclavos), sentando las bases para su propia autodestrucción.

De esto se infiere que, aunque el «viejo imperialismo» y el imperialismo moderno tienen diferencias grotescas, sobre todo sustentadas en los diferentes sistemas de producción y en el avance tecnológico, científico, filosófico y social, ambas formas de dominación tienen la particularidad de ser la dominación de una potencia militarmente superior sobre la base económica, política y cultural de territorios con un desarrollo humano inferior y, con humano, queremos precisar al desarrollo de los medios de producción, no a las habilidades o valores sociales.

El lmperio Romano, tenía un sistema de producción muy distinto al capitalismo, pero también tenía un sistema social basado en clases y era por descontado un sistema depredador basado en la expansión «ilimitada» de sus fronteras y su comercio, por tanto necesitado de conquistas.

Numancia no representaba, por le que se ha podido conocer, una amenaza contra ese imperio. No era ni estratégica, ni económica, ni políticamente un peligro para el imperio. Como Cuba hoy, no era ni representaba para su enemigo, más que una victoria moral. Y aunque no tenemos ninguna intención de culpar a ninguna víctima de ningún sistema de opresión de la opresión sufrida, si es increíblemente doloroso ver como un imperio o imperialismo puede infligir un daño tan lactante, sólo porque no puede soportar su existencia.

Para los EEUU, ni en el mejor de sus sueños húmedos, Cuba se convertiría en el paraíso de fabricar dólares que algunos proclaman. Un territorio qué podría y debería ser libre, soberano y autónomo y ofrecer una modesta pero digna vida a sus ciudadanos, para el imperialismo, no sería más que un gran casino flotante con mujeres prostituidas, droga y vicios.

Y sólo por la incapacidad que tiene el imperialismo de aceptar ser desafiados moralmente, se puede permitir el terrorismo de torturar a todos y cada uno de los seres humanos que habitan esa isla con el peor de los tormentos y provocarle los peores padecimientos. Todo con la finalidad de achacar al socialismo un fracaso que no es fracaso.

El imperialismo ha encadenado a una pequeña isla del Caribe, para acusarla de no mover los brazos en el mar.

Ahora, como cuando bombardean Gaza, me acuerdo de aquella tarde en el colegio cuando la profesora Carmen explicaba el asedio a Numancia y un compañero interrumpió con aquella interpelación a toda la humanidad, “¿Por qué nadie hizo nada?”. Con esa frase, “nadie hizo nada”, claramente se refería a alguien de fuera de Numancia e invocaba, incluso, a la ética del invasor o la de los invasores pasivos qué eran todos los ciudadanos romanos sin ningún poder.

Porque todos sabemos lo que está mal y bien al margen de lo que nos dicen que es correcto o no. El instinto de preservación nos lleva a pensar que aniquilar pueblos está mal, pero después nos dicen que depende del grado de merecimiento de los aniquilados. En dos mil años de historia seguimos pensando que lo correcto no es sentir compasión instintiva por los masacrados, sino que hay que distinguir si se merecían las masacres por razones determinadas o no.

También han pasado dos mil años para que el mundo no sea una distribución social y política de clanes y pueblos inconexos y rivales entre sí basados en la economía natural con un desarrollo disparejo de la tecnología y la ciencia. Vivimos en lo que llaman la «aldea global», donde la economía mundial está conectada y la tecnología puede llegar al último rincón del planeta, si se tiene plata para pagarla.

No es posible que el pensamiento humano no haya llegado al desarrollo paralelo con los otros campos del conocimiento y la ciencia como para no repetir las masacres pasadas y hacerlo en absoluta pasividad.

Hemos avanzado lo suficiente como para que algunos ya deban saber que el no hacer nada conduce a dejar pasar la miseria humana y que el hacer algo, supone subir un escalón y abandonar la buena voluntad, los manifiestos y la solidaridad pasiva por la acción.

Para liberar un territorio del asedio no hay otra vía que la insurrección de muchos territorios, la acción conjunta de muchos oprimidos contra un gran opresor en muchos focos.

(La Hojilla)

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