Un privilegio es algo otorgado sin merecerlo, algo que no se obtiene, sino que se recibe de forma injusta, cuando a los demás les es negado, robado o deben conseguirlo a través de su esfuerzo.
Un derecho es algo intrínseco a la existencia de un ser vivo, de un ser humano, o algo que se ha ganado a través de una acción concreta en el marco del intercambio social.
Vamos a analizar un caso concreto para ver si se trata de privilegio o de derecho.
Hay quien afirma que soy una blanca europea privilegiada en relación con cualquier persona no blanca luego, ser blanca es un privilegio.
Ser blanca es una condición genética de mi piel. No se me ha otorgado una paga de nacimiento, una serie de recursos regalados por mi condición de blanca, una exención del deber de trabajar para ganar mi sustento, la servidumbre ajena para limpiar mi porquería o atender a mi persona. A las infantas, por ley sí, a mí no, a la nobleza, por ley, sí, a mí no. Ninguna ley me otorga un privilegio y, si yo intento comportarme como si lo tuviera, me encontraré con ser tratada de sinvergüenza e, incluso, podré ir a la cárcel. No soy una privilegiada, no gozo de ningún privilegio, sobre nada, ni sobre nadie.
Se me rebate: por ser blanca y europea soy tratada de diferente forma que una persona negra y no europea.
Respondo: por ser blanca y europea tengo una nacionalidad y unos derechos reconocidos que me dan oportunidades. Si fuera apátrida no los tendría, si fuera emigrante en otro continente o en otro país no los tendría. Se estaría vulnerando, entonces, mi derecho a la igualdad de oportunidades al no poder acceder a ellas. No se me reconocería ningún privilegio por ser blanca.
Se me rebate: las blancas europeas no nos vemos en la necesidad de emigrar. Tenemos el apoyo de nuestras familias. No nos miran mal.
Respondo: las mujeres europeas no pertenecemos todas a la misma clase social, envejecemos, nos convertimos en reservorio condenado a los mismos trabajos de cuidados de ***** que en cualquier parte, la más de las veces no tenemos familias de las que no hayamos tenido que salir corriendo dado el elevado grado de machismo heredado de la reciente historia nacional católica de Europa Occidental. Nos estigmatizan por desempleadas o por no cumplir con la humillación que se espera de quien es pobre. El problema no está en la raza ni en el género, está en la pobreza, está en la condición social.
A partir de aquí soy rebatida con un cómputo que podría terminar así: una mujer no europea, negra, zurda, gorda, sin conocimientos de inglés, lesbiana, huérfana, discapacitada, madre soltera, de clase baja, está mucho más oprimida que cualquier hombre y cualquier mujer .
Y yo respondo que la opresión no puede contabilizarse por la suma de características susceptibles de llevar a una persona a ser rechazada u oprimida en una sociedad determinada. La vida de una persona no está diseñada, sino atravesada por un sin número de azares imposibles de contabilizar y presentar como modelo de realidad. La opresión se ejerce a través de las políticas económicas y sociales.
Una suma de características históricas e individuales presentadas como causantes de una realidad machista y racista atravesada por pobreza en crecimiento es desviar la atención, es culpabilizar y responsabilizar al individuo como poder absoluto en el funcionamiento de una sociedad compuesta por individuos aislados, no por una sociedad de derecho organizada a través de leyes.
Reconocimiento de derechos humanos, recordemos que se formulan en tres generaciones de distinta naturaleza según se han reconocido, a su vez, en el tiempo, e igualdad de oportunidades van de la mano. No existe ningún tipo de igualdad sin igualdad de oportunidades. Da igual como te miren, da igual lo que te llamen cuatro fachas o cuatro feligreses de la religión que sea, lo importante es luchar por el reconocimiento de esos derechos. Lo importante es saber que lo que la blanca europea ejerce es un derecho, no un privilegio, y que a ti, ser humano, se te ha de reconocer el mismo derecho por humana obligación. Si la blanca europea admite hacer uso de un privilegio, le está concediendo a la burguesía no ser merecedora de él, gozar de un usufructo por capricho y no de un derecho conquistado a fuerza de luchar contra ella.
Insistir en llamar privilegio a lo que no lo es, es funcionar de acuerdo con la mentalidad liberal, esa que sustrae el pensamiento del análisis racional a cambio de manipular los siempre vulnerables sentimientos humanos generando enfrentamiento entre individuos que nunca se llegan a reconocer personas, incapaces, por lo tanto, de identificar la responsabilidad social. No se consigue de ese modo un reconocimiento de los derechos de la persona damnificada, más bien se le concede una gratificación, se le anima a reprochar, a vivir su pequeña venganza frente a la otra. Frente al otro.
Los actos de racismo y de machismo no son filosóficos, son concretos e identificables, más relacionados con el abuso que con el privilegio. Más relacionados con el tipo de mezquindades utilizadas por una sociedad en un momento dado para favorecer los intereses de sus clases dominantes. No en vano el racismo y el machismo han sido y son apoyados por todas las religiones.
Por otro lado, pertenecer a una raza o a un género no implican, por sí, un comportamiento solidario hacia los otros o una toma de conciencia de clase. Afirmar lo contrario sería caer en el mito del buen salvaje o de la naturaleza alejada del mal de las mujeres.
La culpa lleva a la paralización. Si yo me siento privilegiada me siento culpable y no reacciono a ciertas injusticias, situación aprovechable por un patrón o por un propietario especulador, o por cualquier caradura. Una sociedad de individuos siempre humillados los unos frente a los otros o los otros frente a los unos, perderá pronto la conciencia de ser sociedad, de pertenecer a un Estado. Confundir humildad con humillación generando culpas que se transmiten por el tiempo como por un cable mágico es algo muy útil para justificar abusos.
La acumulación de capital no se creó desde la nada, se creó en parte generando grupos de pobreza a través de la colonización, en parte aprovechando los ya existentes. Todas las sociedades han odiado de una u otra forma a los pobres generados por ellas mismas, la nuestra con especial virulencia.
Nuestro sistema capitalista, de economía liberal, de sociedad burguesa, de gobierno democrático, ataca a los pobres. Debemos los pobres del mundo atacarle a ella, sin complejos añadidos, sin perdernos en falacias, bien despiertas a aprovechar todo contexto revolucionario asomando por un horizonte cada día más cercano.
