Parece un chiste, pero no lo es. Es una condición impuesta que exige silencio, produce miedo y expone la cobardía en aquellos que alguna vez levantaban voces de guerra y aparente camaradería. El objetivo es aplastar a quien confronta, pregunta, argumenta e incomoda.
Ese que apesta, no permite ser engranaje dócil de quienes utilizan como guarida sus intereses; menos y con más razón el apestoso apesta, si advierte que todo un pueblo y la nación serán los afectados.
Ese silencio impuesto que respaldan en manada aquellos que eran furibundos defensores del proceso -manada rigurosa de la obediencia ciega-, son hoy simples mirones de palo que replican excusas para no formar parte del apestoso, cambiarán de acera si ven al apestoso acercarse, ¡Y vaya que han cambiado de acera!, podrían contestar ¿quién es el que realmente apesta?
Muchos le han preguntado a este apestoso, “qué hacer” o “qué propones”. Y son tan simples y repetitivas esas preguntas que parecen guion de simplistas bots de internet, de mandatados listos y preparados descalificadores que le sirven a la corte, porque no hay mejor argumento reaccionario que manejar más miedo que el miedo. Es decir, métele candela al mensajero, mátalo, antes que se riegue la duda.
Pues bien, el culillo es libre. Quien sea mandatado, o libre cobarde de acción y omisión, religioso partidista evasor de la realidad, ciego instructor esloganista de frases y etiquetas, tecleador repetitivo de “honores y glorias”, les respondo:
Vamos a prepararnos colectivamente pueblo y fuerza armada. La guerra es inevitable. La paz no es posible si no nos preparamos para defender la independencia que el Comandante Chávez nos dejó. Más temprano que tarde, los gringos tratarán de imponer su lógica de dominación. Nos amenazarán con bombardeos y habrán quienes, en defensa de sus intereses, negociarán armisticios humillantes o acuerdos que favorezcan al enemigo.
Nosotros elegimos construir una revolución Antiimperialista y Socialista. Nosotros juramos preservar el legado del Comandante Hugo Chávez. Repasemos la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, repasemos el Libro Rojo y los estatutos del Partido Socialista Unido de Venezuela. En ninguna de sus partes habla, porque así lo dicta cada frase impresa, que somos “una economía de libre mercado”. En ningún artículo o estatuto permite la neocolonización o protectorado de nuestra nación, y mucho menos la “administración” de nuestros recursos por parte de la OFAC.
¿Soy apestoso? ¡Sí! A mucha honra, porque nadie habla por mí, nadie está autorizado a deshonrar mi Revolución y nadie puede decidir por mí y por millones como yo que pudimos responderle el 3 de enero a la cobarde y criminal agresión yanqui que costó vidas de internacionalistas cubanos y nuestros hermanos venezolanos. Fueron ellos, yanquis de mierda, el imperialismo que dejamos de mencionar por diplomáticos recursos retóricos, los que nos agredieron y asesinaron, y una minoría no puede decidir por todo un Pueblo si nos arrodillamos y le agendamos con leyes la vía más fácil para jodernos.
La propuesta de este apestoso es simple: Vamos a prepararnos, vamos a resistir y vamos a enfrentar al enemigo. No tenemos nada que perder, porque mucho hemos perdido y ellos, los gringos, tienen mucho que perder. No podemos seguir haciendo concesiones que les facilite esa invasión silenciosa y licenciosa, disoluta, auspiciada por intereses subalternos que han borrado a Chávez del imaginario burgués que lo sustentan.
Que sigan tildándonos de apestosos, eso no importa. El Pueblo apestoso tiene memoria.
(La Hojilla)
