El hasta hace unos días ministro del Poder Popular para la Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, publicó hace unas horas en su cuenta de Facebook este texto. Se trata de la decisión que se tomó de no recurrir a la defensa tras el ataque imperialista de los Estados Unidos el pasado 3 de enero.
Ante las palabras de Padrino, cabe preguntarse: ¿Para que quiere Venezuela un ejército (con lo que cuesta mantenerlo) si llegado el caso de agresión externa se queda en los cuarteles?
Este es el texto de Padrino López:
Valdría la pena preguntarse: ¿Qué habría sido del país, si nos hubiéramos precipitado al tenebroso pantano de una guerra fratricida entre hermanos? Cuán fragmentado estaría el sistema democrático si se hubiese impuesto la perversa vorágine de los golpes y contragolpes; tan auspiciados por sectores extremistas, con la inevitable consecuencia de la anarquía, el caos, la desolación y la anomia. La FANB fue convidada incontables veces al aventurismo y la barbarie por estas facciones. El Estado, se defendió con determinación y la FANB se colocó en primera línea, cual muro de contención, tarea que le hizo víctima de ofensas, odio e infamias.
Esos males, en este proceso de reconciliación que impulsa la República, deben quedar imposibilitados para siempre. Y con ese espíritu, reconozco que en mis años al frente del Ministerio de la Defensa, hubo decisiones difíciles de tomar con las inevitables consecuencias, por lo cual también fui objeto de condenas o desdén por algunos sectores de la vida política nacional, incluyendo imputaciones extraterritoriales. Sin embargo, debo decir que tales decisiones siempre se inclinaron por la paz y la vida de los venezolanos y venezolanas, incluyendo la de nuestros soldados y soldadas, portadores de la virtud armada.
Como confeso soldado de la paz, hoy invoco este sublime concepto de Antonio José de Sucre, a seguir ejerciéndolo, a seguir bregando cada día para lograr más temprano que tarde, la Patria que soñamos: una Patria donde la estéril polarización política quede atrás, una Patria cuya estabilidad del sistema político genere la confianza tan necesaria para la prosperidad económica; y una Patria, que, con dignidad, sin bajar la cerviz, no vuelva a vivir jamás los horrores de una guerra. Evitar una guerra, fue mi gran objetivo y ello lo celebro, porque, tal como lo dijo el general romano Escipión El Africano, ante la demanda de mayor beligerancia: “en mí, mi madre trajo al mundo a un general, no a un guerrero”.
Dios salve a esta Patria de una guerra y nos lleve al puerto eterno de la paz, el cual, como lo dijo El Libertador, “será mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”.
