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LA JARDINERA DE LAS 13 ROSAS. ¿NO a la Guerra?

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LA JARDINERA DE LAS 13 ROSAS. ¿NO a la Guerra?

Rara vez la humanidad ha conseguido deshacerse de opresores de todo tipo en todas las escalas. Resistimos, pero no todos. Resistir no es únicamente lo contrario de claudicar o mantener una situación durante el mayor tiempo posible. Resistir no es una actitud pasiva, ni siquiera cotidiana. Es la voluntad tensada en un acto de inteligencia permanente frente a la agresión del poderoso. Es reconocer tu vida como una resistencia sin fin más allá de seguir viviendo. Quien sigue viviendo puede vivir sometido. Tu resistencia, en cambio, terminará con la muerte, cada día preludio del último día, nada te va a someter, lo más importante no es continuar viviendo, si lo fuera, los oprimidos continuarían sin fin oprimidos, los cambios de las eras decididos en un trueque entre poderosos, la Historia exenta de revoluciones y revueltas. No ha sido así. En este siempre efímero de nuestra existencia como especie los cambios profundos no se han logrado mediante la aceptación obligada de los intereses del poder en todas sus formas. El ser humano es algo más que el interés del poder, es algo más que el interés por el interés, por eso ama, por eso resiste. Resiste en su dignidad la de los otros.

Todos los sistemas basados en la explotación del hombre por el hombre han intentado doblegar ese algo más. No es necesario un patrón y un obrero, un rey y un súbdito, bastan dos hombres, o dos mujeres, o un hombre y una mujer, bastan, incluso, dos niños para explotar uno a otro, sin embargo, no necesariamente tienen por qué establecer una relación de explotación. Eso nos hace creer día a día el liberalismo: la naturaleza liberal del ser humano. Mentira.

No es ese algo más del ser humano un problema metafísico a discutir a los siglos. Es la capacidad de resistir fruto del ejemplo de quien ha muerto resistiendo. Al resistir amo, soy tu resistencia declarada contra el avance en nuestra mente, en nuestro cuerpo, en nuestra tierra, de los codiciosos, de los caprichosos, de los superiores en maldad.

Porque sé que Palestina resiste, yo resisto, porque sabes que Líbano resiste tú resistes, porque sabe que Cisjordania resiste él resiste, porque sabe que Irán resiste ella resiste, porque sabemos que Cuba resiste nosotros resistimos, porque sabéis que Yemen resiste vosotros resistís, porque saben de nuestra resistencia ellos no pueden resistir porque nunca aprendieron.

EEUU e Israel junto a sus lacayos van sobrados de debilidades, algo común a quien ejerce poder sobre otros: sentirse impune. Ver contestado y derrotado a un poder inmenso nos da fuerza a todos para resistir cada expresión de explotación, nos deja en posesión de una prueba presente del valor de la resistencia en tanto parte de la lucha. EEUU e Israel junto a sus lacayos han hecho el ridículo. Cuando desde Occidente gritamos no a la guerra estamos en parte dando por sentado nuestra superioridad militar sobre Oriente Medio. Si yo viviera en Oriente Medio dudo mucho estar gritando no a la guerra justo cuando empiezo a derrotar al enemigo. Tal vez no me parecería tan lógico pararme a pensar en la muerte de inocentes cuando constato a cada minuto la mayor valía de unos inocentes sobre la de otros.

Nuestro no a la guerra occidental no está exento de prepotencia y, esta vez, no va a estar exento de miedo. Quien más, quien menos tiene una base norteamericana cerca, ¿será motivo suficiente para preocuparse?, ¿decidirán ahora los capitalistas neoliberales llegado el momento de movilizar a sus poblaciones por la paz?

Quien se somete acepta gustoso eliminar su capacidad de análisis; quien resiste, no. Quien resiste sabe distinguir quién está abajo, no puede ni quiere subir arriba y es capaz de identificar quiénes son los poderosos y sus intereses. Nuestra resistencia es el eco honesto de quienes luchan contra el imperialismo. Puede ser más: el eco honesto de quienes luchan contra la especulación inmobiliaria, de quienes luchan contra la privatización de la sociedad para beneficio de mercaderes, de quienes luchan contra toda explotación del hombre por el hombre.

Es fácil decir no a la guerra cuando tienes tu vida y la de tu familia resuelta por más de tres generaciones pase lo que pase. Más difícil es oponerte a la pertenencia de tu país a alianzas militares. La guerra no se detiene porque la población del bando agresor se declare pacifista, ¿acaso tiene la población del bando agredido la posibilidad de declararse pacifista? Para el bando agredido declararse pacifista significa rendirse. Oriente Medio está en su pleno derecho de no rendirse. ¿Qué sentido habría tenido la resistencia de Palestina, la resistencia de tanta gente?

Resistir es no dejar avanzar al enemigo, es no ponerle fácil al otro hacer con nosotros cuanto quiera, no esperar pacientemente a ver si le amonestan y siente vergüenza de sí mismo.

No nos resistimos lo suficiente a ser integrados en la OTAN, ni nos resistimos a permanecer, ni nos resistimos a nuestros dirigentes liberales quienes nos negamos a superar circunstancias impuestas cuando pudimos; todavía podemos si reconocemos la vacuidad de nuestro paternalismo, nuestra propia conveniencia en detrimento de la necesidad de los otros.

Occidente no está ganando esta guerra. Los pobres siempre perdemos y esta vez, además, existe la posibilidad de vernos en el bando perdedor.

No desperdiciemos otra oportunidad más de plantar cara a los intereses de los poderosos regateándonos sus migajas mientras se ríen del mundo. Que se coman sus migajas de colores, que se coman sus bancos, sus compañías de seguros, su inteligencia artificial, sus compañías de viajes, sus ofertas, sus series, sus películas, sus festivales, sus inmobiliarias, sus clínicas, sus escuelas privadas, sus gimnasios.

Arrojemos sus valores a su cara y corramos a unirnos a La Resistencia en guerra.

 

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