Hoy fui a visitar el paredón de fusilamiento de las Trece Rosas, ellas no tienen tumba ni jardín,
aunque yo me imagino jardinera de los rosales de su nombre. Esperaba encontrar una pintada
fascista profanando su recuerdo, pero ya la habían borrado cuando llegué: ¿quién la borró tan
deprisa? ¿Fue por amor a las Trece Rosas o por evitar la realización de acciones de protesta en el
cementerio? ¿Fue la dirección del cementerio o la izquierda deseosa de rehuir el conflicto?
Borrar las pintadas pudo constituir tanto honrar la memoria de las fusiladas por el franquismo como
borrar las huellas de la barbarie de ese mismo franquismo fascista envalentonado en una sociedad
democrática cobarde. Mientras las borraban, se escuchaba la voz de los mismos que condenan a una
mujer, a la señora Sara Santaolalla, a un paredón de fusilamiento de la misma forma que hace
apenas medio siglo condenaran a toda mujer en oposición a sus ideas, a sus imposiciones religiosas,
a su moralidad machista y opresora a ser asesinada a tiros por roja y por puta, porque todas las rojas
son unas putas y todas las putas unas putas rojas merecedoras de tortura, de escarnio y muerte, pero
eso sí, lo son por generadoras de odio y, por lo tanto, se las ajusticia en condiciones de igualdad, se
amenaza en volver a las formas del franquismo porque nada tienen que ver con las de un régimen
dictatorial y antidemocrático como el iraní.
Se escuchaba su voz porque no hay valor suficiente para callarlos. La democracia significa
conseguir un mundo gobernado en su totalidad por la derecha liberal fascista, significa la sumisión
de los intereses del resto de las clases sociales a los de una sola por identificación con la clase
opresora, la forma más rastrera que existe de someterse al otro. Todo lo demás es terrorismo para
ellos y, si les aterroriza, será un honor ser la causante de sus terrores.
Mientras la verborrea fascista nos escupe, me preparo para otro día de terrorismo doméstico
contestando a sus domesticados guardianes sacudiéndome el frío, condena de los pobres,
sacudiéndome el miedo a mi casera, suplicio de los desposeídos, sentencias rubricadas en compras
de armas y combustibles fósiles por los gobernantes que aman a Trump como amaron someter a
países y continentes a los EEUU en un acto de sublimación al más fuerte siempre que no pecara de
comunista, no fuera a quedarse alguna ventana abierta a través de la cual pudiera colarse el viento
del socialismo.
Mientras los pueblos libres resisten, Europa se somete voluntariamente a todo tipo de vejaciones
creando un hito en la Historia. Tienen mucho en común Europa y Corina Machado: la falta de
dignidad de la derecha. Mientras, la socialdemocracia intenta hacernos creer que todavía la
conserva.
El PCE vendió Revolución y República a la bandera fascista en un borrón y cuenta nueva con el
sello de las democracias occidentales, las cuales, no olvidemos, prefirieron reconocer en la ONU al
Dictador a defender al Gobierno legítimo republicano. Hoy, el Partido Comunista de España tirita
de miedo al comprobar la ausencia de votantes a coaliciones que no saben bajo qué nombre
esconder tanto la ausencia de ideología como la falta de vergüenza por haber creído que la traición
del 78 no iba a tener importancia, ni lo de OTAN de entrada no, ni las privatizaciones al 60-40, ni
los embargos de armas a Israel luego mentira, ni los presupuestos de defensa, eufemismo de tributo
al Imperio, mientras Manu Pineda escribe en Le Monde Diplomatique de diciembre de 2025
tildándonos de dogmáticos a esa masa de votantes inamovibles en la decisión de no devolverles el
voto por mucho que nos atemoricen con la subida del fascismo. ¿Cómo va a confiar alguien en que
votar a una pandilla de cobardes y timoratos asentados en los bajos del Capital con partidos inflados
de liberados son la única alternativa de lucha posible contra el fascismo? Hace falta valor, Manu
Pineda, y vosotros hace mucho lo perdisteis. Ni Marx ni Lenin os votarían aunque os pusierais rojos
de rabia llamándoles anarquistas y les acusarais de romper la unidad de la izquierda. Ya no sabéis
cómo ni dónde repetir la palabra unidad hasta el hartazgo.
Mientras la socialdemocracia patalea ante el agotamiento de sus trampantojos, sigue siendo, como
siempre, por fortuna, ha sido, imposible a largo plazo la unión de la pequeña burguesía con la clase
obrera, la creación de una clase media como sustituto complaciente de la liberación de la esclavitud
del ser humano por el ser humano. La convivencia entre propietarios y quienes no poseen nada.
No voy a defender la propiedad privada de nadie, pienso, mientras pienso al mismo tiempo en el
discurso oficial sobre la maldad del régimen iraní, de las víctimas del Islam del que solo EEUU
puede salvarnos. ¿Qué importa, entonces, si invade Cuba, México, Colombia, Venezuela, si
convierte el resto del mundo en su colonia y condena a muerte a los pobres de la Tierra si ser un
pobre de la Tierra es ser un rojo, una puta roja merecedora de ser amenazada con morir fusilada en
un paredón? Los pobres buenos están contentos con haber nacido, no se quejan, dan las gracias, son
desempleados felices, miserables positivos felices de que el amo les libre del Islam, denle
Groenlandia, désenlo todo para que nos libre del Islam y de quienes se opongan a sus deseos, como
esos pobres malos quienes con su maldad hundirán las empresas y nos mezclarán con los moros y
los chinos.
Mientras reniego de los pobres buenos contentos de haber nacido me he quemado dos dedos en el
horno, corro a echarme agua fría, me asusta por un momento ver la piel quemada y, sin poderlo
evitar, pienso en los niños palestinos con toda la piel de su pequeño cuerpo abrasada, pienso en ellos
mientras todo el poder del dinero con todos sus medios intenta, sin conseguirlo, hacerme dejar de
pensar en Palestina.

