“Si te gustan tanto los refugiados, mételos en tu casa”

Autor: Borroka garaia da!

Ese fue el supuesto grito de guerra reaccionario que desde medios de comunicación e instancias de poder se lanzaba disimulada o indisimuladamente a la sociedad principalmente griega y europea en búsqueda de sus bajos instintos. Principalmente griega porque Grecia ya desde el 2015 se convirtió en el principal camino a Europa para las personas de Asia y África que huyen de la guerra y la pobreza.

Supuestamente grito de guerra reaccionario y vieja máxima xenófoba, ya que el “si te gustan tanto los refugiados, mételos en tu casa”– fue, de hecho, el grito solidario puesto en práctica en miles de hogares griegos que se abrieron de par en par para acoger refugiados, especialmente a los más vulnerables . Y todo ello cuando precisamente esos miles de hogares que se abrieron pertenecían a una clase trabajadora griega empobrecida y terriblemente castigada. Millones de raciones de comida. Millones fueron las que la clase trabajadora griega sin ningún tipo de ayuda más allá la del movimiento popular pudo aunar para intentar paliar el maltrato al que el gobierno griego y la UE sometió en los campos de concentración a refugiados.

Fue una gran victoria moral para el movimiento popular y obrero griego la cálida respuesta que recibieron los refugiados por parte de la sociedad griega. Sobre todo teniendo en cuenta que esa sociedad llevaba años combatiendo el asedio de la Unión Europea y sus políticas criminales y al mismo tiempo el racismo, la xenofobia y el fascismo a todos los niveles: en los barrios, en las calles y en el discurso público.

Desde el mismo principio, los recursos e infraestructura del movimiento popular, aunque limitados, fueron movilizados para proporcionar apoyo y alivio al máximo número de los más de un millón de refugiados que habían cruzado el país. La red de las clínicas solidarias –estructuras de voluntarios de base que fueron creadas hace algunos años para ofrecer asistencia sanitaria primaria a los trabajadores griegos y migrantes sin cobertura sanitaria– tomó parte activa en el cuidado de los refugiados y en la denuncia de los riesgos sanitarios en el trato gubernamental hacia ellos. Los centros sociales (gaztetxes griegos, para que nos entendamos) –notablemente Micrópolis y el Steki Metanaston en Tesalónica, Nosotros y Votanikos Kipos en Atenas, y una multitud de otros– crearon puntos de contacto para refugiados y pusieron sus infraestructuras existentes, como cocinas colectivas, tiendas de comida y guarderías, a su servicio. La fábrica ocupada autogestionada de Vio.Me en Tesalónica dispuso un almacén para la recolección, el almacenaje y el transporte de artículos básicos como ropa, artículos sanitarios y comida para bebés que fue recogida por colectivos solidarios de toda Grecia y Europa.

Y lo más decisivo: colectivos militantes y grupos de refugiados ocuparon una multitud de edificios vacíos a lo largo de toda Grecia, para usarse como alojamientos para refugiados autogestionados – algunos notables como Notara y City Plaza en Atenas, así como Orfanotrofeio y Hurriya en Salónica. Otros centros de larga existencia abrieron sus puertas a familias refugiadas, incluyendo Nikis.(..)

Para el gobierno griego la terrible situación de los refugiados es primeramente una cuestión de orden público y, por consiguiente, un campo para la intervención de las fuerzas armadas y la policía. El cuidado de los refugiados y de sus necesidades básicas “se deja” en manos de cientos de ONG activas en el área –muchas de ellas bien establecidas, otras fundadas de un día para otro– que se aprovechan del flujo de fondos locales y europeos hacia proyectos de asistencia. A pesar del respeto que merecen los esfuerzos desinteresados y extenuantes de los trabajadores de estas organizaciones, que tienen que lidiar con situaciones arduas, a menudo en unas condiciones de trabajo precario y salarios bajos, el monopolio de la ayuda por parte de las ONG significa la privatización de la “solidaridad”; su sumisión a objetivos cuantitativos, leyes de eficiencia y ajuste de presupuesto, de alguna manera significa la creación de nuevos mercados lucrativos a partir de la miseria humana y el respeto a supuestas legalidades que la crean.

Esa es la diferencia entre la caridad profesional y la solidaridad. Una solidaridad no basada en la lástima sino en la empatía y que indudablemente no piensa que las oleadas de refugiados son elementos climáticos y desastres naturales inevitables sino que responden a una raíz y que cabe atajar con ella para resolverlo: OTAN, Guerras imperialistas en Oriente Medio, desarrollo del capitalismo, intervencionismo de la Unión Europea, multinacionales, políticas inhumanas de inmigración de los gobiernos europeos que se traducen en rutas marítimas catastróficas con inmensa pérdida de vidas o pasto de traficantes de personas.

Hay que decir que ese gobierno griego mentado hasta ahora se llama Syriza y hay que recalcar que también todo lo mentado hasta ahora en relación a la solidaridad griega y al despliegue de su movimiento popular está siendo objetivo policial para ese gobierno. Han sido detenidas ya cientos de personas de la red de apoyo a refugiados y centros sociales han sido desalojados o destrozados quedando enterradas toneladas de ropa, productos alimenticios y medicinas recolectadas por las estructuras de solidaridad de base. En diversas operaciones policiales gran parte de la infraestructura construida pacientemente a lo largo de muchos meses por los movimientos en solidaridad con los refugiados fue demolido mediante desalojos. Sin embargo la solidaridad es difícil de desalojar y el tejido se reconstruye.

Ayer en Donostia se produjo otro desalojo a ostias. Otro más. Que se añade a la larga lista de ataques, que no por casualidad se están incrementando en las últimas fechas en Euskal Herria. Ha coincidido esté desalojo en el tiempo con que dos personas de Euskal Herria han sido arrestadas en Grecia en una acción desobediente y de denuncia política frente a los gobiernos europeos, intentando “meter en casa” a refugiados. Y en esta nuestra casa y al hilo del desalojo en Donostia he vuelto a recordar con rabia cuanta gente cabe en nuestro país y cuanta sobra. Precisamente la que sobra es esa que desaloja y al mismo tiempo, y no por casualidad, es la misma que calla o blanquea guerras imperialistas en Oriente Medio, la que desarrolla el capitalismo, y la que necesita de la Unión Europea. E igualmente gasta esa hipocresía y cinismo que gastan los políticos profesionales que desalojan en Grecia.

Alojar un mundo nuevo y desalojar al viejo, también en Euskal Herria seguirá siendo tarea pendiente para el 2017.

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