Resolución del PCE sobre la guerra en Siria

Hablar de la Guerra de Siria, de la catástrofe y la matanza que sufre su pueblo, no debe llevarnos a olvidar que la guerra es global en Oriente Medio, y no puede separarse de la situación en Iraq, que viene sufriendo también la guerra desde la invasión norteamericana en 2003, y donde ahora mismo se libra una intensa batalla en la disputa por Mosul, la segunda ciudad en importancia del país y actualmente en manos de las bandas fanáticas de los wahabís del DAESH.

Tampoco puede desligarse de las llamadas, por occidente, “primaveras árabes”, un conjunto de movilizaciones populares que sacudió gran parte del mundo árabe a partir de diciembre de 2010.

La protesta popular y la lucha sindical consiguieron derrocar a Zine el-Abbidine Ben Ali en Túnez y a Hosni Mubarak en Egipto, dos tiranos serviles con Estados Unidos y las monarquías feudales del Golfo Pérsico.

Al calor de estas victorias de los pueblos tunecino y egipcio, en Bahreim se realizaron protestas contra el Rey Hamad al Khalifa, que fueron reprimidas a sangre y fuego con ayuda militar de Arabia Saudí y del resto de las petromonarquías reaccionarias del Consejo de Cooperación del Golfo, un instrumento en manos de Riad. Similar suerte corrieron las protestas contra los regímenes de Jordania y Marruecos, aunque, a pesar de la dura represión, las movilizaciones populares consiguieron arrancar tímidas reformas a sus monarcas.

Sin embargo, las protestas populares realizadas contra gobiernos de países considerados como enemigos de EEUU y sus aliados de la OTAN, han corrido distinta suerte.

En febrero de 2011, en Libia, se llevaron a cabo numerosas manifestaciones contra el Coronel Gadafi por todo el país. Estas manifestaciones fueron respondidas por otras a favor del líder libio, y a ello siguió un alzamiento militar en algunas provincias y el anuncio de la formación de un gobierno paralelo en Bengasi, con el apoyo de los gobiernos occidentales, que infiltraron comandos de operaciones especiales para realizar atentados terroristas y cometer asesinatos, y que consiguieron después que una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU decretase un espacio de exclusión aérea, resolución que fue utilizada, de forma abusiva e ilegal, por la OTAN para intervenir a favor de las bandas armadas, bombardeando por mar y aire las fuerzas gubernamentales, y facilitando así la victoria de las milicias prooccidentales y fanáticos wahabís, sobre las del Coronel Gadafi que, en octubre fue capturado, torturado y asesinado. La Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton proclamó entre carcajadas su victoria sobre Gadafi: “llegamos, vimos y él murió”. Hoy, el pueblo libio padece una dramática realidad, definida por las bandas armadas, la extorsión, los secuestros, asesinatos, el hambre y la miseria, mientras Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, Gran Bretaña y Francia, ignoran su responsabilidad y buscan que el mundo olvide sus crímenes.

El pueblo de Siria, llevaba varios años sufriendo un incremento de la pobreza debido a la aplicación de las medidas impuestas por el FMI y el BM al gobierno sirio para la concesión de créditos que le permitieran combatir la crisis económica generada por las consecuencias de la desaparición de la URSS, aliado estratégico de Siria, así como las grandes sequías que arruinaron la agricultura del país. Esa pobreza generó mucha emigración rural a las grandes ciudades, y la aparición de bolsas de miseria alrededor de ellas. En marzo de 2011 se iniciaron unas protestas exigiendo reformas políticas y económicas. Esas movilizaciones populares, absolutamente legítimas, (que fueron acompañadas por manifestaciones favorables al gobierno), y la represión a las mismas por parte del gobierno sirio, que fueron condenadas por algunos de sus aliados como el partido Comunista de Siria (unificado), fueron instrumentalizadas por Estados Unidos y sus aliados en la zona, que empezaron a infiltrar grupos armados de fanáticos religiosos, financiaron el terrorismo wahabí e impusieron una guerra que ha devastado el país y ha sembrado la muerte por doquier. Eso, que siempre ha sido una evidencia, queda confirmado con la filtración de los correos electrónicos de la Secretaria de Estado Norteamericana, Hillary Clinton, donde declaraba: “Promovimos la guerra de Siria para beneficiar a Israel”.

La OTAN, las monarquías dictatoriales del Golfo Pérsico, y Turquía como ariete de éstas, pretenden, utilizando la crisis interna, derrocar al gobierno legítimo de Siria, enviando armas y apoyo logístico, y financiando a las bandas de milicias fanáticas de distintas tendencias wahabitas. El imperialismo norteamericano, ha trabajado con las monarquías reaccionarias árabes, así como con Turquía e Israel, para que el resultado del conflicto fuera la conversión de Siria en otro estado fallido fácilmente manipulable, en el marco de sus objetivos de control militar y estratégico de Oriente Medio y de configuración de un nuevo mapa regional. El movimiento de protesta popular de 2011 dio pasó así, a una guerra cuya finalidad a ojos del Pentágono, es convertir a Siria en una dictadura fanático-religiosa versión al-Qaeda y otros grupos similares, o bien en parte de un nuevo ente supranacional como el defendido por DAESH, sin descartar su partición.

En ese escenario, el Gobierno de al-Assad, de manera legítima, de acuerdo con el derecho internacional, y con la ratificación del Parlamento, pidió el apoyo de gobiernos y fuerzas aliadas para defender la integridad y soberanía del país y el estado laico sirio. Para ello fue decisivo el apoyo de Rusia y China en el consejo de Seguridad de la ONU, evitando que la OTAN empezara a bombardear a las fuerzas del gobierno sirio, tal como ocurrió en Libia. Posteriormente a ese apoyo diplomático de Moscú y Pekín, están participando en la guerra, las milicias del partido libanés Hezbollah, unidades del ejército de la República Islámica de Irán, y la fuerza aérea rusa, además de las milicias palestinas que están defendiendo junto con el gobierno de Damasco, sus campos de refugiados en Siria. La intervención de Rusia en el conflicto (en 2015 después de más de 4 años de guerra) ha supuesto además, que Turquía, miembro de la OTAN y uno de los principales instigadores del conflicto, que perseguía también derribar al gobierno de Damasco, haya cambiado sus objetivos para, de forma prioritaria, aplastar el movimiento revolucionario kurdo existente a los dos lados de la frontera turco-siria.

Cabe resaltar la lucha llevada a cabo por las milicias kurdas agrupadas en las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), y su organización de mujeres (YPJ), que han compaginado su lucha sobre el terreno contra el DAESH, mientras eran atacados por la aviación y artillería turca, y puesto en marcha, de forma simultánea, un proceso emancipador basado en la autonomía local, la igualdad de género y la colectivización de la economía.

Por todo ello, el Partido Comunista de España:

– Manifiesta su solidaridad con el pueblo de sirio, que es quien más sufre hoy la agresión de Estados Unidos y sus aliados del golfo Pérsico e Israel; y también con todos los pueblos de Oriente Medio, que tienen derecho a vivir en paz, a disponer de su soberanía y a controlar sus riquezas sin ser expoliados por el imperialismo. Al mismo tiempo el Partido Comunista de España apoya la lucha de los pueblo de Siria y de todo Oriente Medio por la igualdad, la justicia social, la democracia y la autodeterminación.

– Celebramos con esperanza el inicio de conversaciones de Paz entre el gobierno sirio y distintas facciones armadas sirias antigubernamentales, con la presencia gubernamental de Rusia, Turquía e Irán el pasado 23 de enero en Astana capital de Kazajistán. Lamentamos y consideramos un error (impuesto por el gobierno turco) la no participación en esas negociaciones de los representantes del Kurdistán de Siria.

– Condenamos la acción de gobiernos occidentales, encabezados por EE.UU., por las monarquías wahabíes del Golfo Pérsico y por Turquía, que facilitan armamento, financian y ayudan a infiltrarse en territorio sirio a los grupos terroristas wahabis, que se han convertido en la infantería necesaria de esa intervención imperialista contra el pueblo sirio y su legítimo gobierno. Por tanto, exigimos el cese de cualquier injerencia extranjera ilegítima, porque el futuro de Siria deben decidirlo las ciudadanas y ciudadanos sirios.

– Condena las constantes violaciones de la soberanía siria por parte del régimen israelí, que continua violando las resoluciones internacionales y sigue ocupando los Altos del Golán desde donde la entidad sionista apoya a las bandas fanáticas de wahabis, además de bombardear así con frecuencia las posiciones militares del ejército sirio.

– Pide a la UE que abandone su rol de escudero de EE.UU. que le convierte en un elemento de desestabilización en Oriente Medio, y pase a defender una política constructiva y respetuosa, que rechace la injerencia en la soberanía de terceros países y respete el derecho internacional. De igual forma, exigimos que deje de militarizar el mar Mediterráneo y renuncie a utilizar a Turquía como muro de contención, cancelando el ignominioso acuerdo UE-Turquía para detener a los refugiados, convenio conocido popularmente como el “acuerdo de la vergüenza”. Para ello deben crearse corredores humanitarios y seguros, facilitando la expedición de visados y aceptando las solicitudes de asilo en los países de origen de los refugiados que huyen de la guerra y de la miseria.

– Apoya el proceso de transformación social que se está desarrollando en el norte de Siria, impulsado por el Partido de la Unión Democrática (PYD), las YPG y las YPJ, así como la creación de una entidad autónoma en este territorio que, respetando la integridad del estado sirio, que sea una autonomía popular donde convivan kurdos, árabes, asirios, armenios…, y donde pueda seguir desarrollándose ese proceso.

– El PCE, se solidariza con la lucha de los comunistas sirios en defensa de un estado progresista y contra la reacción del fanatismo wahabi. Los comunistas sirios, saludaron la Revolución de 1963 dirigida por el Baas Árabe Socialista como positiva y desde 1970 participan en tareas de gobierno con este partido en la alianza llamada Frente Nacional Progresista. Aunque el Partido Comunista de Siria se ha dividido en tres agrupaciones: el PCS, el PCS (Unificado) y el Partido de la Voluntad Popular, los dos primeros participantes en la alianza del gobierno y el tercero en la oposición, los tres son unánimes en defender a la República Árabe, su gobierno, su presidente, su ejército y su pueblo de la agresión que sufren, y en consecuencia miles de comunistas han caído en esta lucha.

—Constata que la base para una paz justa y duradera se consigue a través del diálogo entre todos los contendientes, excluyendo a los elementos terroristas, y pide a la comunidad internacional que se reanuden y normalicen las relaciones con las instituciones legítimas de Siria, con el fin de acabar con la guerra y estabilizar la región. Además, rechaza las sanciones como forma de presión en las relaciones internacionales, y llama al levantamiento de todas las sanciones contra Siria, que tan duramente afectan a la población, y que contribuyen al éxodo sirio.

—Llama a las fuerzas populares de nuestro país a impulsar iniciativas en solidaridad con el pueblo sirio, iraquí, libio y palestino, que hacen frente a una trágica realidad que debe movilizar las conciencias de todos.

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