ÓSCAR G. DÍAZ. “Reinosa 1987: 30 años de orgullo para la clase obrera”

 

Tras 30 años aún siguen impactando las imágenes del telediario que llegaban desde la localidad cántabra de Reinosa. Acostumbrados a ver en directo y por televisión a la policía dando palos a diestro en cada huelga, en cada manifestación, tuvimos una sensación de alivio, de orgullo al ver por una vez a “los nuestros” saliendo victoriosos de una batalla. Esta vez era la Guardia Civil la que estaba acorralada bajo una lluvia de piedras, la que era desarmada y acompañada por una cadena de trabajadores hasta los autobuses que les sacarían del pueblo.

Las generaciones de trabajadores más jóvenes deben conocer este capítulo de la lucha obrera reciente pues aunque a algunos 30 años les parezca una eternidad, deben saber que en el año 1987 ya estaba “asentada la democracia” como les gustaba decir a los componentes del régimen, máxime tras haber “superado” el intento de golpe de estado cuatro años antes y recién incorporados a la Comunidad Económica Europea. Hablar de este episodio pudiera dar lugar a la creencia errónea de que ocurrió en la dictadura pero la realidad es que aconteció 12 años después de haber muerto el dictador sanguinario Franco.

El contexto en que se produce tiene mucho que ver con la historia pasada y la futura, la pasada porque aunque el dictador llevara 12 años muerto, continuaban en los ministerios, jefaturas de policía, ejército, judicatura y consejos de administración de bancos y empresas muchos de los que ya ocupaban entonces dichos puestos. Futura porque el desencadenante de la lucha de aquella primavera tuvo que ver con la entrada de España en la CEE (hoy UE) y con la situación en que la clase trabajadora y los sectores populares nos encontramos hoy por los mandatos de la misma estructura económico-política del capitalismo europeo. La “puesta al día” con Europa que proclamaba el presidente Felipe González pasaba por una reconversión industrial que no fue tal sino que supuso el desmantelamiento de toda la industria naval, siderúrgica y textil a la que seguirían después la minería, la agricultura, ganadería y pesca; sectores reservados fundamentalmente a Alemania y Francia dejando para un país periférico como el nuestro el turismo y los servicios, edulcorado en un primer momento con las subvenciones europeas que fueron “pan para hoy y hambre para mañana”.

Uno de los planes de esta reconversión pasaba por aplicar un ERE en la empresa “Forjas y Aceros de Reinosa”, conocida como “la Naval” y que dejaría en la calle a cerca de 500 trabajadores directos, si bien suponía el comienzo de la muerte de la comarca de Campoo ya que el comercio, hostelería y otras empresas secundarías dependían de la existencia de las grandes fábricas industriales.

Así el 7 de marzo se hace público el anuncio del despido de estos trabajadores.

El 8 de marzo Enrique Antolín, presidente de la empresa renuncia al cargo para pasar a ser consejero de obras públicas del gobierno Vasco, lo que es interpretado como un ascenso por los servicios prestados para el desmantelamiento de “La Naval”.

El 11 de marzo los trabajadores reunidos en asamblea, al conocer que Antolín se encontraba en las oficinas recogiendo sus enseres, deciden retenerlo. Mientras a la puerta de la empresa se van concentrando familiares de los trabajadores y vecinos de Reinosa, se suman también en solidaridad, los trabajadores de otras dos empresas de la comarca: Farga y Cenemesa. Llegan dotaciones de la Guardia Civil con más de 300 efectivos aunque no intervienen mientras se desarrollan las conversaciones.

El 12 de marzo una dotación especial entra en la fábrica a sacar a Antolín y el resto de efectivos, cargan contra la multitud en las calles, se desata una batalla campal, el pueblo entero se echa a la calle, los estudiantes, desde las ventanas. Se suceden los

enfrentamientos hasta el punto de reducir a las fuerzas de ocupación como las denominaban los reinosanos, éstas entregan las armas y tras un pañuelo blanco son escoltadas por dos cordones de trabajadores hasta los autobuses que les sacarían del pueblo.

Los días posteriores se organiza el pueblo en la asamblea ciudadana que recoge los testimonios de los desmanes sufridos por la población durante la represión de la Guardia Civil, la asamblea de mujeres, la de estudiantes, se suceden las huelgas en Reinosa, la comarca y la provincia, las concentraciones, los cortes de vías férreas y carreteras y todo ello bajo la ocupación del pueblo por alrededor de 1000 guardias civiles con tanquetas y ávidos de venganza. Los medios de comunicación controlados por el gobierno del PSOE lanzan una brutal campaña de criminalización de los trabajadores y el pueblo de Reinosa, llegando al absurdo pero recurrido argumento de su relación con ETA.

El 16 de abril, Antonio Pallarés, delegado del gobierno en Cantabria prohíbe una concentración en Reinosa y pone así en bandeja los deseos de revancha de la Guardia Civil que carga con brutalidad contra la población, disparando a las ventanas de las viviendas, invadiendo el campo de fútbol mientras se disputaba un partido, entrando al ambulatorio para impedir la atención a los heridos, incendiando la funeraria e incluso rodeando y lanzando pelotas a la iglesia mientras se celebraba la misa de jueves santo. La nota más trágica fue la brutalidad empleada contra el trabajador de “la Naval” Gonzalo Ruiz que fallecería el 6 de mayo como consecuencia de las heridas causadas por un pelotazo en la carga y la asfixia con botes de humo lanzados en el interior del garaje en el que se refugió huyendo de las palizas.

El 7 de mayo hay paros en toda la región y un multitudinario entierro despide al asesinado durante los enfrentamientos.

El 3 de julio una manifestación en Madrid y la entrega de un dossier al defensor del pueblo con los testimonios de la represión sufrida pone fin al conflicto tras la aplicación del expediente de regulación. [*]

La brutalidad empleada fue sin duda una decisión política para disciplinar a un movimiento obrero que no se resignaba a perder su empleo y por ende su vida, su tierra, su gente. El gobierno de Felipe González estaba resuelto a llevar los planes de desmantelamiento del sector público e industrial bajo las órdenes del imperialismo euro-alemán, tal y como han continuado haciendo el resto de los sucesivos gobiernos

hasta llevarnos a la situación actual en que el sistema ha entrado en crisis con el coste del desempleo, los desahucios, las privatizaciones, el empobrecimiento de la clase trabajadora y los sectores populares y sin perspectiva de futuro.

Luis Roldán, director de la Guardia Civil y responsable de aquella represión fue condenado a 31 años por malversación de fondos públicos, cohecho, fraude fiscal y estafa. No cumplió ni un tercio de la condena y no apareció el dinero robado a las arcas públicas. Por supuesto no fue condenado por el asesinato de Gonzalo Ruiz.

José Barrionuevo era el ministro de Interior del gobierno del PSOE después de haber sido jefe del gabinete del vicesecretario general del Movimiento durante el franquismo. Más adelante fue condenado a 10 años de prisión de los que cumplió sólo 3 meses como culpable de los delitos cometidos por los GAL en la guerra sucia contra ETA. Quedó también impune por el acto de terrorismo de estado cometido contra la población reinosana y por el crimen de Gonzalo Ruiz.

Una lección histórica que evidenció el carácter del “nuevo” régimen de la democracia, continuista de la dictadura en su fondo, en sus formas y en sus actores; que refrendó la brutalidad con que históricamente se han empleado los servidores del poder económico capitalista bajo distintas formas políticas y de estado.

Una lección histórica que a pesar del sentimiento de derrota que ocasionó el desenlace del conflicto, hizo sentir el poder del pueblo organizado, la fuerza de la clase obrera en lucha, la certeza de que la dignidad de los trabajadores y la solidaridad del pueblo pueden frenar planes que sin duda hubieran traído peores consecuencias para la vida de todas estas personas que convirtieron su lucha en un capítulo imprescindible en el libro de la historia de la clase trabajadora en su camino hacia la empancipación.

[*] Para más información es recomendable ver: “Reinosa 1987, la cólera de un pueblo” https://www.youtube.com/watch?v=35HBhAC3ttk

 

Óscar G. Díaz ( militante de Red Roja)

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