Mensaje de Jaldía Abubakra desde la flotilla rumbo a Gaza

 

Después de la gran despedida de la flotilla en Barcelona subimos a los barcos Amal-Hope y Zaytuna-Oliva. Yo estaba llena de entusiasmo, alegría y esperanza.

Al poco tiempo se detectaron problemas técnicos en el Amal, el velero en el que yo navegaba, por lo que tuvo que regresar a puerto para una inspección. Me sentí decepcionada, pero tuve la suerte de que me cambiaran al Zaytuna-Oliva para continuar el viaje. Otra vez me sentí agradecida, afortunada y con la esperanza de que se pudiera arreglar el Amal-Hope para que el resto de compañeras pudieran seguirnos.

Durante el trayecto a Ajaccio nos hizo mala mar y casi todas empezamos a sentir mareo y náuseas, especialmente yo, quizás por ser la primera vez que viajo en barco. Pasé todo el trayecto vomitando hasta el punto de que la médico Fauziah tuvo que ponerme unas inyecciones. Lo más importante de todo fue la calidad humana y el compañerismo de todas las mujeres a bordo y la profesionalidad de nuestra excelente capitanaMadeleine (“Magdalena”, como le gusta que la llamemos las españolas).

Me gustaría destacar lo mejor de estos dos días de cada una de ellas: Wendy y Kit nos han cuidado como unas madres; Fauziah, la médica, que a pesar de estar mala ella también no cesó en ningún momento de cuidar de todas y atendernos repartiendo medicamentos o poniendo inyecciones; mi compi de camarote Rosana que cada vez que levantaba la cabeza me preguntaba “¿Jaldía estás bien? Bebé agua”; Yudit, una gran persona; Ann con su experiencia y su temple nos aconsejaba; la dulce Paulina; mi niña Lucía, nuestra periodista malagueña, un ejemplo de profesionalidad a pesar de su juventud, fue la única que no se mareó y estuvo transmitiendo todo, además de ayudar a cuidar al resto; y por último las marineras, jóvenes en edad pero grandes profesionales tanto ellas como la capitana Madeleine. Ellas nos han hecho sentir seguras a pesar de sentir las olas como piedras batiendo contra nuestro pequeño barco. Mi agradecimiento a todas ellas.

Finalizando el trayecto de Barcelona a Córcega, en Ajaccio nos esperaba una comitiva de bienvenida de muchas personas que nos han abierto sus casas y sus corazones. Tanto la gente de Córcega como las compañeras me han hecho sentir que hay esperanza y que seguimos siendo humanos. Tuve el honor de conocer a dos familias que me han acogido en sus casas: una libanesa de Marwan y Sylvie, a quienes doy las gracias; y la familia de Isabelle y Vincent y su hija Paolina, grandes militantes por los derechos humanos y por el apoyo a la causa palestina, además de conocer a una leyenda, Christiane Hessel.

Si el régimen sionista cuenta con la complicidad de muchos gobiernos, Palestina cuenta con la solidaridad de los pueblos. Algún día llegará nuestro día y en Palestina habrá paz con dignidad.

 

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