Marruecos: Las manifestaciones contra la dictadura amiga de los Borbones continúan

El juicio abierto este martes contra 32 manifestantes rifeños en Alhucemas, en el norte de Marruecos, se ha convertido en una tribuna para defender las protestas que invaden la ciudad desde hace medio año y para denunciar la tortura a la que supuestamente fueron sometidos los procesados. El juicio se abrió en una ciudad que amaneció con un gran despliegue policial, visible sobre todo en la céntrica Plaza de los Mártires (denominación popular de la principal plaza), donde se alinean decenas de vehículos policiales que hacen continuas rondas por la ciudad. Una veintena de abogados, la gran mayoría de Alhucemas, se ofrecieron para defender de forma altruista a los detenidos, mientras en el interior y las afueras del Tribunal era evidente la presencia de un centenar de agentes de seguridad, de uniforme o de paisano. Todos los letrados que tomaron la palabra solicitaron al Tribunal de Primera Instancia de Alhucemas, donde se desarrolla el juicio, que persiga a todos los detenidos en libertad condicional, privilegio del que gozan solo siete de los procesados. Los 32, todos ellos jóvenes varones, están perseguidos por delitos como ultraje a las fuerzas públicas, violencia hacia ellos con consecuencia de heridas premeditadas, desobediencia armada o destrucción de vehículos públicos, según un comunicado publicado este lunes por el Procurador del Rey (fiscal). Los abogados pidieron también que se realice una prueba médica a todos los detenidos para comprobar si fueron torturados por la policía después de que varios de ellos comparecieran ante la corte con heridas y moratones. El letrado Mohamed Zian señaló a Efe que el proceso podría ser anulado si las pruebas médicas demuestran que fueron torturados. Para los abogados de la defensa los procesados son “pobres víctimas” que se vieron obligados a protestar para luchar contra aquellos responsables que instrumentalizan el Estado y “saquean las riquezas” del país. Otro abogado atribuyó la responsabilidad de los disturbios del pasado viernes a los servicios de seguridad porque lanzaron una redada de detenciones contra los dirigentes de las protestas, aunque estos habían mantenido el carácter pacífico de sus manifestaciones durante siete meses. El hermano de un detenido, que pidió el anonimato, dijo a Efe que su pariente y la mayoría de los arrestados fueron detenidos por la policía en redadas indiscriminadas en las calles de la ciudad y no tienen relación con los disturbios. En cuanto al líder de las protestas, Naser Zafzafi, detenido en la madrugada del lunes, está incomunicado en la sede de la Policía Judicial de Casablanca, acompañado por una veintena de compañeros que forman la cúpula del llamado Movimiento Popular. Las circunstancias de la detención de Zafzafi no se han hecho públicas, pero la aparición de unas fotografías en las que se ve al propio detenido y a otros compañeros encapuchados, esposados y saliendo de un helicóptero para entrar en un furgón policial, y que supuestamente han sido filtradas por la policía, han suscitado numerosas críticas.

Rabat está dispuesto a acabar con la revuelta popular que desde hace siete meses se esparce por la región del Rif, en el noreste de Marruecos. Pero ni el despliegue de tropas militares y antidisturbios han parado las protestas en la ciudad de Alhucemas y casi no hay noche que jóvenes y adultos, hombres y mujeres salgan a las calles para denunciar el olvido gubernamental en que vive esta parte del país. La detención lunes de Nasser Zefzadi, un parado que se ha convertido en uno de los líderes del movimiento popular Harik, lejos de asustar una ciudadanía harta de que le pisen los derechos cultural, sociales y económicos, ha servido para espolear las protestas. Se calcula que desde finales de octubre de 2016 se han convocado más de 500 manifestaciones, la inmensa mayoría pacíficas. Sin embargo, activistas locales explican en las redes la dura represión de los agentes, que golpean con porras a los manifestantes. Decenas de furgonetas de la policía y del cuerpo parapolicial de intervención rápida están a punto para la respuesta, informa la agencia Efe, que señala que las únicas vías de acceso a la ciudad están controladas por la gendarmería.

Salvando todas las distancias, el origen de la revuelta recuerda la de la Primavera Árabe de Túnez, en 2011. La muerte, el 31 de noviembre en Alhucemas, de Mouhcine Fikri, un vendedor de pescado, aplastado en el interior de un camión de basura cuando intentó recuperar la mercancía que la policía le había confiscado fue el punto de partida de un movimiento popular que ha continuado vivo todos estos meses. A las protestas en las calles secundadas diariamente por miles de ciudadanos se han sumado los paros de comercios y de trabajadores de sectores vitales para la economía de la ciudad rifeña. En definitiva, un auténtico desafío para el régimen de Rabat, nada acostumbrado a la disidencia pública y popular. Además, en paralelo a las protestas del Rif se producen manifestaciones puntuales en solidaridad en otras ciudades del país, como Casablanca, Tánger e incluso la capital, Rabat.

Agencias/20minutos/ara

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