MAITÉ CAMPILLO. “¡Soy yo desconcertantemente desnuda… Soy yo!”

Soy yo desconcertantemente desnuda, rebelde contra todo lo establecido, grande entre lo pequeño, pequeña ante el infinito… Soy yo.

¿De qué mundo remoto nos llega esta voz extraña cargada de siglos y juventud? Tiene la clara diafanidad del canto en las altas cimas, y no sabemos si es cerca o lejos de nosotros cuando suena en el maravilloso silencio. Y extraña como la voz es esta frágil y blonda druidesa que apenas posa sobre la tierra y tiene al andar el ritmo del vuelo. Baja de la montaña sagrada, es toda hecha de nieve y de sol de la cumbre. Arrastra el prestigio esotérico de algún antiguo culto al viento y al mar, a la tierra y al fuego. Tiene esta voz una gracia alejandrina, en ella se junta como en el antro de un viejo alquimista, los verdes venenos de sierpes y plantas, las piedras cristalinas donde están grabados los signos salomónicos, y las esferas de bronce que marcan el camino de los astros paralelo al camino de las vidas. Maravillosa voz alejandrina que renueva el temblor de las visiones apocalípticas, y la mística calentura del fakir que deslíe su conciencia en el Gran Todo (Ramón Mª del Valle-Inclán).

Estrellas con luz propia

Soy Teresa Wilms Montt…y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada ins-tante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo:

Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.

Cuando me dejaron sola, di compañía.

Cuando quisieron matarme, di vida.

Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.

Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.

Cuando trataron de callarme, grité.

Cuando me golpearon, contesté.

Fui crucificada, muerta y sepultada por mi familia y la sociedad.

Nací cien años antes que tú y sin embargo te veo igual a mí.

Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas.

Hago mías las palabras de la sensible bella escritora chilena de principios de siglo veinte, su espíritu libertario, su entrega a la vida, al mundo de las letras, poeta entre otras artes nacida en la última década del siglo XIX. De familia aristocrática forzada en apariencia ética de “futuro”, educada para ser “correcta”, educación caduca, mortecina, asfixiante. Crece entre un montón de hermanas donde predomina la seda y encaje, institutrices, clases particulares y fiestas estériles que sólo las élites de la época podían lucrarse de tal empeño como empacho de lujo lujurioso, de ostentar desvergonzadamente ante la relegada clase proletaria ¡Pero hete ahí!, que la niña Teresa les sale rana de provecho a la áspera madre de clase pretenciosa. Propia de inquietudes pues Teresa, por éstas cosas raras de la vida una cada mil años. Así es como va forjando su pequeño mundo dentro de las cuatro paredes, entorno al gran salón ante la degradada sociedad que imparte “justicia” entre fiestas y demás pretensiones en lo político, como en lo económico, por donde surge el cacique, terrateniente, banqueros, obispos, militares, feudales de familias forradas de sables y botones además de medallas a millones entre parásitos a la sopa boba.

Queda prendida pues hipotecando su juventud (la que llegaría a ser precursora de la liberación de la mujer dentro del contesto feminista internacional) de un “príncipe” ocho años mayor “contemplador de la vida”. Se recrea en valentía el galán lanzando sus garras a la conquista. Y la fantasía de la adolescente inquieta encerrada entre salones cae como débil mariposa, pese a que ya tiempo se habían apoderado de las ventanas de su alcoba los sueños, sobre los confines de la tierra todo un mar de derroche en fantasía e ilusiones ansiosos de vida, amor y creatividad juntas. A falta de experiencia y roce con la verdadera sociedad de a pié la adolescente Teresa tristemente se equivoca. No era un príncipe de los cuentos basados en hacer brotar fantasías de colores más allá de la cruda por patente realidad. Era un parásito más de su clase, un energúmeno incompetente, además de sobrino del presidente de la nación. Pero el empeño se impone cuando alrededor de uno los dientes de la sierra oculta, van desgranando inquietudes, ajenas a la jaula de oro.

Y se casa a los 17 años con el que muy voluntariamente llegará a mostrar su propio concepto del arte “pura generosidad humana” de la clase a la que pertenece además

de la naturaleza propia como ser depravado. Teresa vuela inconsciente creyendo ser feliz y amar al “hombre de su vida”. Las ventanas de la alcoba de cuando vivía con sus padres quedan atrás. Se siente henchida en Santiago de Chile contagiada por el ambiente, y se vuelca de lleno en la vida cultural de la ciudad. Cada vez más ella, cada vez menos las sombras de la mezquindad de procedencia, rebelde contra todo lo establecido, crece y sube nota en amor al nuevo circulo social intelectual culto entre poetas, grande entre lo pequeño, pequeña ante el infinito… Pero los celos se manifiestan entre ellos, ante la propia impotencia parásita de contenido ya sin pudor ante la joven “amada”, que unido al alcoholismo logran terribles consecuencias: para mayor desgracia (para ella) tendrán dos hijas: Elisa, llamada “Chita”, y Sylvia Luz. Ahí es que empezó alumbrar la llama viva del amor de Teresa, su tormento y… su grandeza. El energúmeno Gustavo Balmaceda Valdés, alias el torturador de alas, entre borrachera continua y prostíbulo, putito villano vil por excelencia. En definitiva un bravucón machista sin plumas jugando a lo gallo le hizo además de la vida imposible las mentadas hijas, que fueron el gran amor… y perdición de Teresa: rebelde a los valores de la gran burguesía, a su decadencia y sumisión.

“Regaló la noche al pantano una estrella.

Centro de la esfera fangosa irradiaba el astro en la podredumbre verde,

palacio de reptiles.

Y en coro alrededor, lotus de veneno surgían sapos inquietando el sosiego de los valles con el croar siniestro.

Despertó el águila, y abandonando la roca, voló hacia el plano.

El punto fulgurante marcó su orgullo.

Creyó rasgar el azul para rozar un astro y precipitóse al pantano putrefacto.

Llevóse la estrella la rapiña a lo hondo, estampada en las soberbias alas.

Estallaron resoplando cual instrumento, destrozados, los reptiles y los sapos”

Celos e incapacidad de corta personalidad arremeten, contra la inquieta Teresa, a pasos vertiginosos frente a las inquietudes intelectuales de la joven-madre, decidida a adentrarse en un mundo (por entonces) reservado exclusivamente a hombres. Perforaron el concepto tradicional de matrimonio, el gallo desplumado de sabia marca el inicio de un destino errante y trágico para la escritora chilena. Entre 1911 y 1914 el matrimonio se traslada a Valdivia e Iquique. Fueron períodos de abismante soledad pero de una gran riqueza en el plano creativo para Teresa. Se volcó a la escritura y sostuvo una estrecha amistad con influyentes artistas e intelectuales de la talla del poeta Víctor Domingo Silva. Durante su permanencia en Iquique dio a conocer sus escritos por primera vez en forma pública bajo el seudónimo de “Tebac”, y adhirió a los ideales feministas y anarquistas, inspirada por el discurso de la feminista Belén de Zárraga (del E. español) y el histórico comunista líder chileno Luis Emilio Recabarren. Consciente del “peligro” que corre su esposa, Gustavo Balmaceda Valdés, le impone su regreso a Santiago donde queda al cuidado de su familia paterna, para meses después ser recluida en el Convento de la Preciosa

Sangre. En 1916 tras un intento de suicidio producto del encierro forzoso logra escapar hacia Buenos Aires.

Era talentosa además de bella, culta, y se rebela contra el orden establecido, razón por la cual la familia la condenó al claustro donde inició algunas páginas de su “Diario”. Se separan, y tras un sucio y amañado juicio despiadado en el cual la maltratada es condenada y recluida en el citado convento, el marido amparado por la “ley” le quita el derecho a las hijas. En 1916 se autoexilia en Argentina acompañada por el poeta Vicente Huidobro, que la rescata del convento inquisidor. En su destierro escribió varios libros. Un nuevo traslado la ubica en Madrid y finalmente París, donde muere producto de una dosis de veronal a los 28 años. De su vida se conocen trazos aislados y anécdotas variadas. En Madrid vivió en los maravillosos (prácticamente desaparecidos) cafés-tertulia fomentadores del diálogo y la comunicación conversando con Valle-Inclán, recitando versos de Tagore y otros históricos poetas. Joaquín Edwards Bello la evoca envuelta en una capa negra con grandes flecos y sombrero <<Dio a conocer ese genio alerta, ágil y audaz de las artistas chilenas>> Participó en recitales en El Ateneo de Madrid, alternó con Azorín y Pío Baroja y también fue inmortalizada por los pintores Anselmo Miguel Nieto y Julio Romero de Torres.

“Llega todas las noches a mi alcoba.

Sin tener ojos me mira, sin tener boca me habla,

y su mirada y su voz son tan hondas como el silencio de los sepultados.

Está muy lejos, y está conmigo, piensa en mi cerebro y llora en mis lágrimas.

Cuando procedo mal, Anuarí castiga mis huesos, atravesándolos del hielo de una carcajada sin dientes.

Vestido de la chía llegó anoche por el espejo.

Sus manos cruzadas sobre el pecho salían en pétalos de azucena por la negra manga.

El abismo de sus ojos tragóse todas las sombras y en mi cerebro se hizo la luz.

Habló su boca sin palabras como los viejos órganos de las catedrales y dijo: Duerme, duerme, el sueño es la aurora del día eterno (Versos dedicados a ‘Anuarí’ jóven argentino enamorado y suicidado)”

NOTA

María Teresa de las Mercedes Wilms Montt (su madre de ascendencia catalana por ambos apellidos y padre de ascendencia catalana-neerlandesa), nace un 8 de septiembre de 1893 en Viña del Mar de Chile, en el seno de una familia adinerada con fuertes vínculos político-económicos en el País. Segunda de siete hermanas hijas de Federico Guillermo Wilms Montt y Brieba y de Luz Victoria Montt y Montt. Dotada de sobrada inteligencia y grandes dotes para aprender idiomas el francés llegó a dominarle hasta escribir sus diarios con total naturalidad, Inglés, Italiano, portugués

y dicen que algo Alemán. Pero Teresa se muestra rebelde en un entorno familiar educada para agradar (que muy poco acomodaban su espíritu despierto, libre y creativo) y por lógica conseguir un buen partido como marido del agrado de los padres. Las contradicciones iban aflorando en ella mientras aprende como el resto de hermanas idiomas y otras enseñanzas, lujos y banquetes, exhibiendo tempranamente su carisma y talento al piano, canto y, especialmente, las letras. Un Tribunal Familiar recluye a Teresa el 18 de octubre de 1915, en un convento, donde hará su primer intento de suicidio el 29 de marzo de 1916. La degradación enfermiza del marido y las persistentes inquietudes intelectuales de Teresa marcan el inicio de su destino errante y trágico.

Sus viajes

En junio de 1916, el poeta Huidobro (muy poco o nada logrado su perfil en la película sobre la vida de Teresa (incluida la de ella que como todo film comercial la envuelve fundamentalmente en sexo) la ayuda a escapar del convento y huyen a Buenos Aires, donde desarrolla nuevas amistades entre escritores y la revolucionaria “Pele’” de lo que pantalones (en aquella época) significan como moda para la mujer. Al año siguiente de su estancia publica dos libros “Inquietudes Sentimentales” y “Los Tres Cantos”. Cuentan algunos escritores que tras un desgraciado conflicto sentimental un “enamorado” en Buenos Aires, se suicida frente a ella, causándola un fuerte impacto. A finales de 1917 la Primera Guerra Mundial desangra media Europa. Tras la dolorosa experiencia vivida, Teresa decide emprender un cambio en su vida rumbo a Nueva York, para alistarse en la Cruz Roja internacional. Confundida por “alemana” <<… No me dejaron desembarcar y me encerraron con llave en el camarote, por graves sospechas de espionaje al servicio alemán (…) El día 4 (de enero de 1918), a causa de la primera letra de mi apellido, fui la última en desfilar ante la presencia de un empleado que acompañado de detectives y oficiales revisaba los pasaportes (en Ellis Island). Al leer mi nombre el representante de la autoridad yanqui me miró de la cabeza a los pies, y sin hacerme pregunta alguna, ordenó en voz alta a un subalterno que me acompañara en calidad de detenida>>

En Europa

Tras pasar un tiempo detenida por el gringo, a su liberación, Teresa viaja hacia el E. Español y se integra en la farándula madrileña entre artistas y escritores como Ramón del Valle-Inclán, quien prologará sus libros publicados con el seudónimo “Teresa de la Cruz”, las dos obras serán: En la Quietud del Mármol y Anuarí (homenaje al joven argentino suicidado). Tras errar por Córdoba, Sevilla, Granada, y sin dejar de lado su estrecho vinculo de escritores en Madrid. Teresa viaja de Londres a París, al enterarse (al parecer por el poeta Huidobro) que su suegro iba a trasladarse a la capital francesa. Cinco años después de verse separada de sus hijas (por imposición del marido) pudo volver a verlas… Pero el dolor de la partida a Chile de las hijas genera en ella una depresión fulminante, y tras una larga agonía por una sobredosis de veronal, muere el 24 de diciembre de 1921, a los 28 años <<Nada tengo, nada dejo, nada pido. Desnuda como nací me voy, tan ignorante de lo que en el mundo había. Sufrí y es el único bagaje que admite la barca que lleva al olvido… Tristes somos

aquellos que no hemos nacido de los dioses>>

Entre sus obras se encuentran “Páginas de mi diario” “Con las manos juntas” “Los tres cantos” “Del diario de Silvia” “Inquietudes Sentimentales” “Cuentos para hombres que son todavía niños” “En la quietud del mármol” “Libro del camino” “Anuarí” con prólogo de Ramón del Valle Inclán (1918) “En lo que no se ha dicho” y otras obras. De quien fuera en palabras de Martín Cerda, sin duda, la figura más trágica de la literatura chilena de este siglo. En algunos de sus fragmentos de su diario “Inquietudes sentimentales” “Los tres cantos”, y otras obras, deja huella de esa contradicción fundamental con las ideas de su época sobre el rol (público) de la mujer. La poeta fue marginada. Convertida como forma de tortura psicológica en símbolo sexual. Reprimida y obligada a suicidarse al mismo tiempo que su obra fue silenciada por la crítica… aunque críticos como Andrés Sabella, Mila Oyarzún, Luis Oyarzún, Martín Cerda, Jorge Edwards, Juan Ramón Jiménez, Cristina Peri Rossi y otros leyeron por supuesto algunos escritos de Teresa Wilms Montt. Para mayor venganza de lo inculto en el poder su obra fue prácticamente desconocida. Hasta las publicaciones realizadas por la escritora chilena Ruth González Vergara (1994)… Por igual de inquieta, creadora y visceral que la inolvidable Violeta Parra: Teresa también cantaba. Polifacéticas ambas de inquietudes a raudales con la misma fuerza para crear, luchar y amar, o bailar a lo Isadora Duncan. Artistas chilenas incomprendidas (tanto Teresa como Violeta) por las sociedades además de machistas, clasistas, engreídas en orgullo despótico. El amor las apartó de la sumisión a la “realidad”… y por amor murieron.

Película sobre la vida de T.W.M.

Maité Campillo (actriz y directora de teatro)

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