MAITÉ CAMPILLO. La nave de los perros

“Crónica” de un tribunal del país de las maravillas

Jueza: ¡Como se llama!

Alicia: Alicia Campo de Luna

Jueza: Es que con ese nombre, ¿y qué piensan sus padres?

Alicia: Nada, ya murieron.

Jueza: ¡Mejor!, mira que traer hijas así al mundo.

Alicia: Yo solo soy una mujer…

Jueza: (Interrumpiéndola) Pero como puede ir por la calle con ese escote, esa falda, esos ojos, labios… no ve que va provocando, ¿y quiere que la respeten?

Alicia: Que me respeten. Con esta pinta como usted dice o con otra, que me respeten; que me respeten como mujer, como ser humano, que me respeten.

Jueza: ¿Pero, tu cerraste bien las piernas, la parte de los órganos femeninos?

Alicia ¿Con que iba a cerrar mis órganos?

Jueza: ¡Lástima de hoguera, saquen a esta mujer de la sala!!!

Alicia: (Voz interior hablándola que repite casi imperceptible mirando sin mirar a la “Sra. Jueza”) ¿Por qué el azul que se define como del cielo a la luz del día, es azul puro y limpio, para todos?

PALABRAS ANÓNIMAS DE UNA MUJER ANÓNIMA… “Te violan entre cinco (no soy siquiera capaz de imaginarlo) y aún tienes que explicar por qué no gritaste, no pegaste patadas o codazos, no te “resististe”. Después de violarte, te dejan tirada en un portal, desnuda, te roban el móvil para que no puedas pedir auxilio y aún tienes que “probar” que ese horror no han sido “relaciones sexuales consentidas” (como si el sexo libre y gozado tuviera algo que ver con el miedo, la humillación, el dolor, la desorientación, las lágrimas, la impotencia, la rabia). Tu denuncia y tu palabra no valen nada. Menos que nada. Tampoco los vídeos que te muestran intimidada y anulada, apretando los ojos para no ver lo te está sucediendo. Y los medios dando voz a los violadores, a sus abogados, a sus familiares, a sus amigos. Decenas de personas hablando sin parar por encima de tu silencio, y toda una sociedad juzgándote, cuestionándote, volviéndote a violar una y mil veces. Qué asco más profundo siento estos días. Qué rabia más antigua. Una rabia heredada, una rabia que viene del principio del mundo y que parece que vamos a tener que cargar las mujeres hasta siempre. Basta. Basta de una maldita vez. Dejad de matarnos y violarnos literal y simbólicamente a todas las jodidas horas. Basta de vuestra violencia sin límites, de vuestra impunidad, de vuestra explotación, de nuestra opresión, de vuestro imperio”

Estas palabras tratan sobre el “juicio” que se está celebrando en Iruña (Pamplona), caso de la joven madrileña violada durante las fiestas cada vez menos populares de San Fermín. Violada, ultrajada, supongo que amenazada, robada, y dejada desnuda en el sucio piso de un portal de un edificio por cinco bestias (física y mentalmente), que se autodefinen como “la manada”. Como si de hienas se tratase atacan en manada, en ello está su fuerza, y cada uno se lleva su bocado, su botín: misma enseñanza que a los marines OTAN al ocupar territorios y fomentar guerra contra la población disparan la bestia interna, el instinto poseso, la avaricia, el crimen, el odio… ¿Por qué el azul claro y limpio aclamado del cielo se transforma en negro muerte al caer el día? Lo que sigue ahora es parte de otro artículo publicado el 10 de marzo del 1916: ¿Cerró bien las piernas? ¿Cerró toda la parte de los órganos femeninos?

“Quisiera escribir algo con sentido pero no puedo, y es que este acontecimiento no lo tiene. Soy yo. “La ragazza della Fortezza da Basso” Soy yo. “La chica de la violación” Existo. A pesar de que haya vivido años bajo el shock, se me haya dado un atracón de psicofármacos, haya vivido con ataques de pánico y pesadillas recurrentes, haya tentado el suicidio más de una vez, haya tenido que reconstruir paso a paso, pieza a pieza, mi vida destruida, manchada por la violencia. La violencia de aquella noche, la violencia de miles de interrogatorios de la policía, la violencia de 19 horas de proceso judicial que ha servido para diseccionar mi vida, desde el tipo de ropa interior que llevo hasta porqué me considero bisexual. ¿Cómo queréis que me sienta ahora?. No consigo describirlo ni yo.

La memoria es una mala bestia. En el curso de los años se olvidan quizás las frases, el orden del antes y el después, pero el cuerpo lo sabe todo. Las sensaciones, el dolor físico, el dolor de barriga, las ganas de vomitar… no se olvidan. Y después, cuántos esfuerzos he hecho para volver a tener mi vida normal, volver a estudiar, graduarme, buscar un trabajo, vivir relaciones, salir, sentirme bien con mi propio cuerpo, en mi propia ciudad… y tantas veces he sido cuestionada por la justicia por tener una “recuperación”. Por parecer ir adelante y no sentirme derrotada, acabada. “La víctima debe ser creíble” ¿Quizá si aquel día hubiera tragado más pastillas y hubiera muerto habría sido más creíble? ¿Quizá entonces no les habrían absuelto?

Ser víctima de violencia y denunciarla es un arma de doble filo: serás creída siempre y cuando te muestres destruida, sin esperanza, y te encierres en casa tirando la llave por la ventana, como una moderna Rapunzel. Pero si intentas salir, retomar poco a poco tu vida, se te dirá “ah, no ves que no te ha pasado nada… si hubieras sido realmente víctima no lo harías”. Así puede pasar entonces que en el tribunal en el momento del juicio alguien saque una fotografía sacada de las redes sociales en la cual, después de tres años de lo sucedido, estás con unos amigos, sonríes y no tienes la típica cara larga, prueba clarividente de que no ha sido un delito tan grave. Obviamente. Siete años después todavía tengo ataques de pánico, tengo flashbacks y pesadillas, y lucho diariamente contra la depresión y la baja autoestima. Ya no consigo vivir en mi ciudad, obsesionada con los malos recuerdos y el miedo de lo que la gente piensa de mí. Antes la Fortezza da Basso era un lugar lleno de recuerdos positivos, la Mostra dell’Artigianato, el Social Forum Europeo, los numerosos festivales y ferias. Ahora es un lugar que intento evitar, un agujero negro en el mapa de la ciudad de Florencia”.

NOTA

Una mañana el puerto de Santiago de Cuba se llenó de ladridos. Encadenados unos a otros, rabiando y amenazando tras del bozal, tratando de morder a sus guardianes y de morderse unos a otros, lanzándose hacia las gentes asomadas a las rejas, mordiendo y volviendo a morder sin poder morder, centenares de perros eran metidos a latigazos, en las bodegas de un velero. Y llegaban otros perros, y otros más, conducidos por mayorales de fincas, guajiros y monteros de altas botas. Ti Noel, que acababa de comprar un pargo por encargo del amo, se acercó a la rara embarcación, en la que seguía entrando mastines por docenas, contados, al paso, por un oficial francés que movía rápidamente las bolas de un ábaco.

¿A dónde los llevan?, gritó Ti Noel, a un marinero mulato que estaba desdoblando una red para cerrar una escotilla.

¡A comer negros!, carcajeó el otro, por encima de los ladridos.

(El reino de este mundo, d`Alejo Carpentier)

PD.

¿Por qué el rojo de la sangre vertida de los pueblos por la tiranía forma parte del color de la bandera siglos maldecida, difamada, perseguida, escupida, pisada, encarcelada, mutilada? Vencen los que luchan y resisten. Que la mujer ocupe su lugar en la historia, para erradicar el odio fomentado desde las religiones, enseñanza de Estado y explotación de la bestia humana a forma de sistema social; instinto que devora, muele, vomita degradando todo a su alrededor, posee por la fuerza y destruye. Solo una sociedad sin clases se apresta a tu libertad integrándote a la vida. Solo ante la libertad las clases sociales del despotismo lograrán ser abolidas. Solo ante la vida la muerte espera el curso de la naturaleza; disposición, coraje, firmeza… y la bestia de la explotación, marginación social, destrucción de la economía social tambaleará. Una sociedad que lucha es una sociedad viva, solo en ella se encuentra el vuelo de la libertad!

Maité Campillo (actriz y directora de teatro)

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